Reconocimiento a la Tallerista
Dina Fiorotto de Rubio: “Toda tarea debe hacerse con gusto y con amor”
El pasado lunes la Sra. Dina Firotto de Rubio recibió un homenaje de parte del Municipio, en particular de la Secretaría de Desarrollo Humano, por su tarea de muchos años como tallerista, tanto en Caritas San Antonio, como en el Taller la Inmaculada. Se le hizo entrega en su casa de un hermoso ramo de flores y un diploma que expresa: “Reconocimiento a la trayectoria, a la humildad, y a la responsabilidad en su tarea de tantos años para con el Municipio y la comunidad toda”. Dina Fiorotto tiene 85 años y se desempeñó durante 38 años en los talleres enseñando tejido con verdadero amor y paciencia. Quisimos conocerla; es así que estuvimos en su casa donde compartió sus recuerdos.
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La Sra. Dina Fiorotto nos comenta: "-Me crié en el campo con mis padres, en la zona de Cuchilla. Cuando me casé nos vinimos a Gualeguay. Desde chica, cuando venía a Gualeguay con mis hermanas, buscaba revistas de tejidos en lo de Rubín. Él nos decía que se daba cuenta que éramos del campo por las revistas y libros de tejido que llevábamos; "las de acá leen otras cosas", comentaba.Más adelante nos dice: "-En el campo teníamos que hacer todas las tareas y una vez terminado, sí, a tejer. Me acuerdo que de vez en cuando íbamos a algún baile, al volver de madrugada pasábamos derechito para el tambo a ordeñar. Les cuento esto a mis nietas y me dicen que "soy antigua". Claro, eran otras épocas, otra forma de vida, otras costumbres, no vivíamos en el pueblo."Con respecto a las labores manuales que aprendió y aplicó, Dina nos detalla: "-Aprendí tejido crochet, con dos agujas y bordado a mano; todo lo hacía guiada por las indicaciones de las revistas, de los libros, porque más allá de las tareas de la casa no teníamos otra cosa para hacer. Cuando me casé, nos vinimos a vivir a Gualeguay y bordaba a mano babitas, baberos, todo para el ajuar de los recién nacidos, y las vendían a unas conocidas mías, de apellido Barrandeguy, que tenían una mercería. Enseguida me hacían otros pedidos y seguía con mi trabajo." Luego recuerda: "-Más adelante don Antonio Fortunato me pidió que fuera a enseñar a Cáritas San Antonio porque estaban necesitando maestras de tejido y ahí estuve hasta hace 2 años. Ahora ya tengo 85 años. Enseñaba dos días en Cáritas y dos días en el Taller La Inmaculada, dos horas cada día, siempre todo como voluntaria, sin cobrar nada. Más adelante en La Inmaculada nos pagaban un pequeño sueldo."Dina continúa con sus vivencias: "-En los dos lados tenía muchas alumnas, de todas las edades. Antes las más jovencitas eran más aplicadas y aprendieron muy bien, tanto es así que hay alumnas que están enseñando y andaba preguntando por otras más ya que se está necesitando talleristas. Varias tejen hermoso, hay que dedicarse si quieren ganarse unos pesos con esa tarea, y varias lo hacen. Ahora las más chicas van una o dos veces y dejan. A uno le tiene que gustar el tejido, el bordado, cualquier tarea que realice. A mí me pasa que en cuanto tengo un rato libre enseguida estoy buscando hacer un tejido, busco cualquier lana o hilo para entretenerme; después viene bien porque así tengo para hacer un regalito." Dina comenta con mucha gracias: "-Van mujeres ya mayores, muchas maestras jubiladas; son las que tiene más constancia y entusiasmo."Con respecto a otras labores en tejido nos dice: "-También tejía prendas con dos agujas, sacos, chalecos, camperitas para bebés. Con dos agujas tejía los que se llamaban pullover Bariloche con combinaciones de guardas, de varios colores, ¡quedaban hermosos! Esos tejidos ya casi no los buscan y tampoco tejo con dos agujas ahora porque me cansa la espalda. En cambio puedo pasar horas tejiendo al crochet que me entretiene. También hay negocios de venta de lanas me traen para hacer mantillas para bebés. Ya ositos no se usan más. También tejo boinas para los hombres, les gusta mucho y aún ahora."Le preguntamos si enseña en forma particular en su casa: "-Ahora tengo algunas alumnas que vienen a mi casa, personas grandes que quieren aprender, a tejer conmigo y algunas venden las prendas que hacen. Claro que lo que hacen ya no son los modelos de antes, pero les gusta, las entretiene y hasta les sirve económicamente.Por último, Dina Fiorotto de Rubio nos comenta con mucha alegría: "-El lunes pasado vinieron de la Municipalidad a entregarme un ramo de flores y a estar conmigo un rato, un homenaje por todos los años en que estuve como tallerista en la Municipalidad y se asombraban de cómo seguía tejiendo. Me tomaron de sorpresa y yo estaba vestida de entrecasa, con un batón. Fue muy lindo y emocionante, no lo esperaba, les estoy muy agradecida."En los detalles que da la Municipalidad acerca de este reconocimiento expresa: "Un sinnúmero de puntos creativos y originales adornan ventanas, camas, sillones... El "Tejido al Crochet" es una forma de expresión que tiene múltiples beneficios, hasta terapéuticos brindando mejores relaciones sociales..."Y así es, sobre la mesa de la casa de Dina hay una canasta llena de ovillos de distintos colores, lana, hilo, agujas y mucho amor por esta tarea que abrazó toda su vida, no sólo para ella, sino que supo entregarla a la comunidad.
