Una revisión desde la perspectiva económica
Doscientos años desde la declaración de la independencia argentina
En este artículo hacemos una breve revisión de la historia de Argentina, durante un período de más de doscientos años, desde la perspectiva de la evolución de su economía y de su contexto internacional. Es un breve resumen de una presentación que el autor hizo en un ciclo de conferencias organizadas por el Consulado de Argentina en Canarias –España- y el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de La Laguna. Si algún lector desea conocer las fuentes estadísticas en las que se basan nuestras afirmaciones o hacerme llegar algún comentario, puede escribirme a mi correo electrónico y se las haré llegar con gusto.
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PorCarlos Legna Verna [email protected] fines del siglo XVIII, tres imperios se disputaban el dominio mundial: dos en decadencia (España y Portugal); y uno en ascensión (Inglaterra). La lucha entre ellos se extendió al Rio de la Plata y a otras regiones de América Latina. En ese contexto internacional, lo que hoy es Argentina era un conjunto de regiones pobres y especializadas (Buenos Aires en ganadería, tasajo, sebo, comercio de esclavos; Mendoza vinos, etc.). La riqueza que interesaba a la metrópoli española estaba en la minería de Bolivia...lejos del Río de la Plata.El régimen de monopolio establecido por los reyes españoles ahogaba a sus colonias: sólo podían comerciar con España o con otras de sus colonias. Si necesitaban comprar productos industriales ingleses que España no producía debían de todas maneras hacerlo mediante España. Igualmente, si las colonias querían vender fuera de este reino debían pasar por él. Obviamente, este régimen empobrecía a las colonias. La injusticia se agravaba porque el comercio estaba en manos de unos pocos españoles; los criollos estaban al margen de él. El criollo Belgrano, secretario del Consulado, expresa claramente el descontento: " (...) nada sabían más que su comercio monopolista, a saber: comprar por cuatro para vender con toda seguridad a ocho." Belgrano se refería así a sus colegas del Consulado, Anchorena, Martínez de Hoz, Arana, Agüero, Ramos Mejía y Alzaga. Pero éstos no son los únicos obstáculos; además, el gobierno español quería destruir la incipiente industria. Una ordenanza real es clara: "Su Majestad no puede permitir que se multipliquen o aumenten ni aún que subsistan dichos establecimientos fabriles. (...) Así que quiere S. M. de V. E. se dedique con todo celo (...) a procurar la destrucción de ellos por los medios que estime más conveniente..."La represión y la censura, tan viejas como la humanidad -y lamentables- también fueron otra característica del final del virreinato. En 1799, un bando del virrey Avilés estableció graves castigos para todos aquellos que "...se procuraran lecturas prohibidas". Luego el virrey Cisneros ordenó una cruel represión en Charcas (donde estaba y está la universidad en la que estudiaron muchos de nuestros próceres) y creó un Juzgado de Vigilancia Política, para perseguir " a los que promuevan o sostengan las detestables máximas del partido francés".Evidentemente, España creó las condiciones para que los criollos se rebelasen; a las que se sumó su decadencia y su dependencia de Napoleón y la estrategia inglesa, que divulgó las ideas librecambistas entre los líderes locales y les facilitó su pertenencia a las "logias" centradas en Londres. La Revolución de Mayo cayó como fruto maduro; a la que luego, como corolario lógico, siguió la declaración de la Independencia.Obviamente, las primeras medidas del nuevo gobierno surgido en 1810 tenían el objetivo de establecer el librecambio, que favorecía particularmente a la economía del Río de la Plata. Fue un cambio substantivo, con consecuencias geopolíticas: el estrechamiento de los vínculos con Inglaterra. Matías Irigoyen viajó a Londres (llevado por la flota inglesa) para asegurar al gobierno de Su Majestad la buena voluntad de Argentina hacia ese país y demandarle armas. Es difícil hacer un ejercicio histórico contra-factual, y suponer qué habría ocurrido si los líderes de lo que luego sería Argentina hubiesen tomado otras decisiones estratégicas; y si ellas les eran posibles. No queremos caer en la crítica demagógica fácil. Por el contrario, queremos enfatizar dos lecciones de esta historia: el apoyo inglés a los revolucionarios latinoamericanos tenía un fuerte interés estratégico, de dominación; y este cambio de las relaciones internacionales de nuestro país (que conllevó una relación asimétrica de poder entre Argentina y Gran Bretaña) dejó su profunda huella en nuestra historia posterior.Desde la Revolución de Mayo hasta fines del siglo XIX Argentina estuvo inmersa en dos luchas: la externa, contra España y la interna. Saltemos este período para observar lo que ocurrió en otra etapa crucial, en las últimas décadas de aquél siglo: se consolidó el denominado "Modelo agro-exportador": se realizaron, en 1876, los primeros embarques de carne congelada hacia Europa y en 1877 los también primeras de cereales; la red ferroviaria aumentó 89 % en seis años; se realizó la Conquista del Desierto, con lo que la agricultura pampeana pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas a más de 25 millones; una evolución similar se observó con la producción de carne.El "modelo" tuvo un tremendo éxito económico: entre 1870 y 1914, su tasa media de crecimiento económico fue superior al 5 % por año y después de la guerra, entre 1919 y 1929, el PBI de la Argentina creció al 3.61 % anual, más que Canadá (2.65 %), Estados Unidos (2.16 %) y Australia (1.64 %), Con esta dinámica, en 1928 Argentina ocupaba el sexto lugar en el PBI mundial.El modelo implicó la construcción de un conglomerado integrado por la producción primaria, los frigoríficos y los ferrocarriles; estos dos últimos fueron construidos casi exclusivamente por extranjeros (la inversión externa fue muy alta en esos años y estuvo dirigida a estos sectores), los que además eran sus propietarios. Este conglomerado era parte de una división internacional del trabajo comandada por la potencia dominante en esos años: Argentina se especializaba en la producción de alimentos y Gran Bretaña en la de productos industriales. Y, obviamente, a Gran Bretaña no le interesaba que en Argentina se desarrollara la industria.El éxito se produjo por la coincidencia temporal de tres factores: un mercado ávido de alimentos; la disponibilidad de unas tierras que permitían producir grandes cantidades de esos alimentos a los precios más competitivos del mundo; y el desarrollo de nuevas tecnologías que permitieron transportar más rápidamente los bienes (el ferrocarril, desde la Pampa Húmeda hacia el puerto de Buenos Aires y los nuevos barcos, más rápidos, hacia Inglaterra) y las técnicas del frío (que permitían que en Londres se pudiese comer un buen bife argentino). Esto nos dice, al menos, lo siguiente: primero, las tecnologías cambian las ventajas competitivas de las regiones...y el que no se adapta muere, como diría Darwin; y, segundo, si alguno de los tres componentes del trípode se cae, se cae todo el trípode. Y uno se derrumbó con la crisis de los años treinta: Gran Bretaña decidió cambiar su estrategia de importación de alimentos y privilegiar las que provenían del Commonwealth; y marginar las que iban desde Argentina.LEA MÁS EN LA EDICIÓN IMPRESA EN PAPEL
