Cultura Emprendedora
El negocio de las relaciones
Hace muchos años, en tiempos de escases, el negocio era fabricar un producto y ofrecerlo al mercado. El que pudiera reunir el capital para poner en funcionamiento una industria, fabricar algunos de los productos que resolvían las necesidades de los consumidores y ofrecerlo al mercado, ya tenía una empresa en marcha. Todas las energías se destinaban al desarrollo de productos. No se tenía en cuenta al mercado, dado que las necesidades insatisfechas eran tantas que solo había que elegir cual satisfacer, fabricar un producto que cumpla con esa función y las ventas estaban aseguradas. Un auto, una heladera, una estufa, una plancha, un lavarropas.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/117/0000117868.jpg)
Con el crecimiento de las industrias y el desarrollo del capitalismo, comenzaron a aparecer productos de similares características, para satisfacer mismas necesidades. El desafío pasaba entonces por diferenciarse de la competencia. El diseño de productos, las funcionalidades, la experiencia de usuario y la imagen de marca tomaron relevancia. Los departamentos de marketing empezaron a tomar mayor relevancia que el de los ingenieros de producto, había que convencer a los clientes de que nuestro producto era mejor que la competencia.Pero la mirada seguía puesta sobre el producto. Se pasaba mucho tiempo diseñando productos que atraigan la atención de los consumidores, en la década del 60 los autos, los muebles, los electrodomésticos hacían un culto al diseño.Hasta que el diseño paso a ser un comoditie. Había que dejar de lado la mirada sobre el producto y había que saltar del otro lado del mostrador, para ver que estaba pasando con el mercado. Entonces el marketing se reinvento, empezó a segmentarse el mercado en función a sexo, edades, hábitos de consumo, lugar, nivel adquisitivo, nicho. Las energías estaban puestas en el mercado y ya no tanto en el producto, más bien el producto era el resultado de haber estudiado al mercado, sus necesidades y ofrecerle un producto acorde. Era la era de la imagen de marca. Con un logo, con una frase, con una imagen, había que resumir todas las características del producto, y de la empresa que estaba detrás.Hoy puede decirse que estamos atravesando una tercera etapa: la era de las relaciones. Las empresas buscan relaciones más humanas, más sentimentales con los clientes. Se trata de vender una historia, el producto es lo de menos. Steve Jobs hace muchos años fue un precursor de esta estrategia cuando desarrollo un comercial en donde no aparecían los productos, solo imágenes de distintos personajes consagrados de la historia y al final solo aparecía el logo de Apple. El mensaje era que estos líderes y referentes mundiales, de existir en la actualidad seguramente erigirían sus productos. Hace poco un comercial del Ford Munstang contaba la historia de cuatro amigos que hacían un viaje por los EEUU en el '74 y que habían sellado con un tatuaje común ese viaje, solo al final del comercial aparece la última versión del auto insignia de la automotriz norteamericana. Las marcas apelan a la historia, a las emociones, a forjar una relación con los clientes. Starbucks con un gesto mínimo generó empatía en las personas, al momento de solicitar un café no te dan un número, te consultan el nombre de pila y luego te llaman por el mismo. Lo mismo hizo Coca Cola hace poco cuando saco ediciones limitadas de sus botellas con nombres en sus etiquetas. Lo que se busca es forjar una relación que exceda a la venta puntual de un producto, fidelizar al cliente haciéndole ver que su nombre, sus opiniones, sus historias son importantes. Que el que compra un producto lo hace porque existe una conexión con la marca, con la historia, con el propósito de la empresa. Por eso el boom de las empresas triple impacto. Aquellas empresas que solo busquen el lucro, serán parte del pasado. Aquellas empresas que no logren empatizar con sus clientes, pasaran a la historia.ImpulsarteCultura EmprendedoraGUALEGUAY
