El poder
Cuando somos niños necesitamos autodefinirnos, saber cada uno quien es. Comenzamos con la experiencia de la dominación y más tarde de posesión del mundo material. Es mío grita el niño de dos años lo cual significa decir “Yo soy”. Soy porque poseo, porque domino. Pero después vamos conociendo que ser es ser amado. En la medida en que crecemos el ambiente que nos acoge nos va dando seguridad y el criterio de conocimiento de nosotros mismos. Sabemos que inspiramos amor porque somos amados.
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Pero en algunas personas este proceso queda trunco: hay personas que necesitan toda la vida acumular riquezas, atraer miradas, hacer sentir el poder sobre los demás, pertenecer a un grupo importante una especie de elite que le haga recordar con frecuencia su valor ante los demás sospechando en el fondo de su ser que quizá no valen lo suficiente.Hay grupos enteros que necesitan constantemente afianzarse en su identidad en base al dominio de otros grupos y esto deviene en violencia; en la violencia del resentido que porque no aprendió a valorarse y a valorar su comunidad de pertenencia, de identidad elige la violencia para buscar culpables de su desgracia o que elige la depresión y la adicción para huir de los verdaderos desafíos.La lógica de la humanidad caída es ponerse una careta de honores, placeres sofisticados y oropeles deslumbrantes que atraigan miradas para dejar de buscar un Amor Absoluto.Esa careta esconde el rostro.Pedro había quedado fijado en esa careta y reafirmaba su poder en cuanto que se sentía perteneciente a un grupo triunfador. Pero seguía a un Profeta, Mesías que no prometía grandes victorias mundanas sino el gozo del humilde de saberse amado y del servicio a menudo "crucificante" ...pero fecundo. Pedro tenía una llave para abrir puertas y no para construir muros. Pedro se dejó llevar por la tentación del Maligno; el que invita a definirnos en términos de posesiones materiales y reconocimiento social; en términos de la idealización y de exposición de marketing (y del delirio de grandeza) y no de la realidad (a veces rutinaria y humillante).Jesús quiere liberar a Pedro y a los discípulos de todos los tiempos de construir la personalidad sobre esos dos pilares falsos: la riqueza y el honor.La aceptación de ese don, de esa liberación es difícil, es ardua: es la gran crisis.En el mundo de hoy muchas personas se aceptan a sí mismo en base a la exposición pensando que por mostrar su rostro en redes sociales han ya reafirmado su personalidad."El mundo no es hoy ningún teatro en el que se representen y lean acciones y sentimientos, sino un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. El teatro es un lugar de representación, mientras que el mercado es un lugar de exposición." (Byung-Chul Han). En un teatro existen roles, personalidades definidas, en el mercado existe individuos alienados por la mirada que invade y por y para la propaganda.Sólo las crisis nos enseñan a abandonar ese mercado idílico para entrar en la realidad de los que somos sustancialmente: hijos amados.Necesitamos espacios de silencio para descansar en ese amor absoluto único refugio seguro que garantiza nuestra auténtica libertad.Necesitamos volver a autodefinirnos como en el vientre materno: desde la perspectiva de un amor incondicional, desde la perspectiva de la fraternidad y no de la guerra paranoica que nos defina individualmente destruyendo al otro.
