Estar de fiesta…o no
Trabajar es noble pero siempre ser enviado a trabajar requiere abnegación y a menudo sufrimientos. Hay quienes no quieren trabajar y hay otros que se apoderan injustamente del fruto de su trabajo por encima de sus derechos. La semana pasada la parábola de los viñadores homicidas de Mt 21 nos hablaba de eso.
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Pero paradójicamente hay quienes tampoco quieren disfrutar de los goces genuinos de la vida...¡aunque nos parezca mentira! No querer trabajar a veces parece una picardía razonable pero no querer celebrar es una necedad incomprensible.Mt 22 cuenta la parábola del rey que organiza una fiesta para la boda de su hijo a la que no quieren ir los invitados (¡con lo esto significa!). Además dice el texto que los invitados maltrataron a los mensajeros encargados de convocar al acontecimiento. ¡Qué paradoja!Además cuenta la parábola que algunos entraron sin traje conveniente al protocolo, es decir con pocas ganas, desairando al rey y a su hijo enamorado.Parecen estas parábolas la descripción de lo que sucede en nuestro tiempo.Muchos de los que tienen hoy las necesidades básicas satisfechas son personas profundamente insatisfechas. Están divertidos pero no están contentos.Las personas divertidas tienen sus energías en divergencia. La TV, el estar conectado permanentemente, la falta de silencio interior, las vacaciones vacías, las adicciones, la seudo música ruidosa, el porno...dejan a las personas en divergencia, como en una explosión atómica donde todo vuela por el aire sin sentido.La persona contenta, en cambio, está contenida en la verdad, en el pleno sentido de la vida, en el amor incondicional, en la belleza.La comida chatarra deja a la persona saciada pero no nutrida. Las conversaciones chatarras dejan a las personas locuaces pero analfabetas para "leer" sus emociones, compartirlas y sanarlas cuando es preciso.Los amoríos fugaces ("los tristes amores mal nacidos" como dice Silvio Rodríguez) dejan a las personas encandiladas pero no iluminadas.Los éxitos profesionales que nacen sólo para el aplauso dejan a las personas con la sensación del éxito pero no de la fecundidad.La ética nos brinda la alegría del amor que discierne nos deja contentos, la falta de clemencia para con los culpables deja nuestro corazón con la tristeza del odio y el rencor.La sociedad de consumo nos impide ir a la boda del hijo del rey a la que estamos invitados.La parábola agrega que en los caminos, en "las periferias" había gente con ganas de celebrar de veras. Siempre en algún lugar del mundo hay verdadera fiesta y por tanto verdadera alegría. A menudo esto sucede entre los pobres, entre los que están al borde del camino y saben sonreír sanamente con la sinceridad que da el despojo.Al final el parágrafo dice que el rey expulsó a un hombre que no había ido con el traje adecuado: estaba en la fiesta pero no lo estaba del todo.Los sujetos de esta época tenemos esta característica: vivimos en medio de decisiones parciales, de adhesiones temporales que se caen cuando aprieta el costo de la fidelidad verdadera, la que nace del dolor de amar: único modo de conocer el gozo de amar. Y entonces se rompen viejas alianzas y fácilmente en el mundo contemporáneos cambiamos de partido, de religión, de pareja...Nos cuesta ponernos el traje de la fiesta; el de amar para siempre con fidelidad.Fracasó la diversión de la sociedad de consumo.Hemos nacido para la fiesta pero...¡cuánto nos cuesta aprender a festejar de veras!
