Exposición de Ricardo Mugnai
El día sábado 22 de agosto, en los salones del Club Social Gualeguay, y auspiciado por la Sub Comisión de Cultura de esa entidad, se abrió al público una de las exposiciones que más me han impactado, casi diría, en toda mi ya larga vida. No sólo por la perfección de los trabajos presentados, sino porque varios factores concurrieron para que la impresión fuera una fiesta visual y un lujo para el corazón.
Ricardo Mugnai reside en nuestro pueblo desde hace varios años; dentro del círculo donde nos movemos las personas que amamos el arte en todas sus manifestaciones, todos sabemos de su dedicación al arte, de su humildad intelectual, de su calidad humana. Ya en el hall de entrada, antes de haber posado nuestros ojos sobre los trabajos de Mugnai, nos gratificamos con el discurso espontáneo y agradecido de Norita Cosso, Directora de Teatro que, como tal, ha visto enriquecida la presentación de sus obras con la ayuda escenográfica del artista que pronto nos iba a deslumbrar con sus trabajos. A continuación, todavía en el hall de entrada, habló Ricardo, con su palabra cordial y sencilla, casi ajeno a la belleza que nos iba a presentar, sólo para agradecer a los que le habían tendido una mano para poder realizar la exposición; y tuvo un emocionado recuerdo para un ausente muy presente en nuestros corazones: Raulito Gastaldi. No es común que la gente de gran talento pueda resistir la tentación de adornar con palabras rutilantes su obra, para reforzar el efecto que la misma produce. Y esa actitud se valora. Cuando se abrieron las grandes puertas del salón Principal, más de treinta trabajos nos esperaban colgados para que pudiéramos admirarlos con el detenimiento que exige toda obra de arte. Delicados y minuciosos dibujos a lápiz, donde hasta el más lego en la materia podía advertir el exquisito manejo del grafito, que implica un gran conocimiento de la dureza o la ductilidad correspondiente y del dominio de la perspectiva desde todas sus fugas. Policromías de paleta abierta en la sección colores, donde es notoria la destreza del artista que maneja de manera magistral el pulso del dibujo. Minuciosos e intrincados diseños de calado, de una extraña perfección, donde el equilibrio y la desmesura conviven armónicamente, sin invasiones ni estridencias. Personalmente, me enamoré de los dibujos en grafito, donde es patente la belleza de lo fugitivo, del perpetuo movimiento, de lo que va deslizándose hasta casi desaparecer; pero que en su declinar adquiere una hermosura más frágil y por ello más conmovedora. Otros observadores, en cambio, preferían los más cercanos a lo abstracto, en esa trama de ramas y raíces que parecían modeladas por las lenguas del agua, con su paciente trabajo de centurias para conseguir esas esculturas misteriosas. La impresión que me produjo la exposición de Mugnai no es sólo mía; mientras recorría los trabajos, escuchaba comentarios, cambios de opinión, sorpresas, deslumbramientos. Dentro de la diversidad, había un consenso: Arte Mayor. Mientras tanto, el artista permanecía casi ajeno a las sensaciones que despertaba. Miraba el público, sonreía y callaba. Lo que me generó la seguridad de que allí no se estaba mostrando sólo Arte, sino también una humanidad ejemplarmente despojada. Bien por Ricardo Mugnai. Bien por la Sub Comisión de Cultura, que trabaja incansablemente para ofrecernos espectáculos de calidad. Nos retiramos muy felices. Tuky Carboni (Con el asesoramiento de Claudia Irene Carboni)
