¡Feliz Navidad, plena de paz y amor!
Hoy celebramos la Nochebuena víspera del día de Navidad, celebración cristiana del nacimiento de Jesús. Las costumbres varían de unos a otros países, pero es común una reunión familiar para cenar e intercambiarse regalos. La verdadera celebración de la Navidad se realiza con el objetivo de conmemorar el nacimiento de Jesucristo en Belén, según los evangelios de San Mateo y San Lucas. Junto con Las Pascuas, es la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano. Por lo tanto el “dueño” de la Navidad es el Niño Jesús. Les deseamos para todos nuestros lectores, sus familiares y amigos una ¡Feliz Navidad!
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Jesús, el dulce, viene...Las noches huelen a romero...¡Oh, qué pureza tienela luna en el sendero!......................Fragmento de "Jesús, el dulce, viene..."Juan Ramón Jiménez"Dios te de la Luz en Navidad que es la Fe;el calor de la Navidad, que es el Amor;el resplandor de la Navidad, que es Pureza;la virtud de Navidad, que es la Justicia;la creencia en la Navidad, que es la Verdad;y todo de la Navidad, que es Cristo Jesús..."Silencio....El Niño de Paz viene a nacer,¿en qué mundo lo estamos recibiendo?Nosotros hemos hecho de este mundo, un mundo violento.Y hoy queremos confesar, delante del Señor,todo aquello en lo que hemos contribuido desde lo personal,como sociedad y como comunidad de fe, para que esto sea asíTengamos un momento de reflexión interior y preguntémonos¿Cuáles son las obstáculos que impiden la pazen nosotros?en nuestras familias?en nuestra comunidad?en el mundo?En medio de la ira, la violencia y el desencanto,de las guerras y la destrucción de la tierra:muéstranos, en esta oscuridad, Tu Luz. ---------------------------------------------------------------------------¿Quién inventó el Pesebre?Colaboración de la Liga de Madres de Familia El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, en la Navidad de 1223, en el pueblito de Greccio, en Italia. Francisco estaba débil y enfermo y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de Francisco era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio, y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén, y que él había conocido hacia poco en su viaje a Tierra Santa. Habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un "pesebre vivo", y juntos lo prepararon todo en secreto. Eligieron algunas personas para que representaran a María, José y a los pastores, y siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebe para que representara a Jesús! La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar como si hubiera una celebración especial. Entonces los habitantes vieron a Francisco que los llamaba desde la montaña para que subieran donde él estaba. Alumbrándose con antorchas todos se dirigieron a ese lugar y cuando llegaron cayeron de rodillas porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si se encontraran en Belén: María tenía a Jesús en sus brazos, José y los pastores y pastoras no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer. Luego se celebró la Santa Misa y Jesús se hizo presente en el pan y el vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo. Terminada la Eucaristía, Francisco les contó, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, "luz del mundo", lleno sus corazones de paz y amor. Tres años más tardes Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto. ------------------------------------------------------------------------------Recordando Navidades Vicente CúneoEn un ejercicio mental de la memoria, quienes tenemos muchas Navidades vividas (en mi caso siendo nieto y hoy con nietos a mi lado) inevitablemente tendemos a revivir las que nos han quedado como más intensas. Analizando lo acaecido a lo largo de tantos años, aunque no queramos, hacemos un balance e interiormente ponemos al tope de la preferencia aquellas Nochebuenas y aquellas Navidades que la niñez y la adolescencia guardaron para revivir en escena esos momentos. Y se agolpan imágenes y sonidos, sabores y aromas, retornan voces y melodías, quehaceres, trajines... y como en el teatro, corrido el telón de la realidad actual, deambulamos por el escenario de los momentos rememorados junto a personas y personajes que ya no están. Y en la nostalgia somos capaces de cruzar de nuevo por esas calles de Gualeguay que nos contenían y nos enternecemos, nos asombramos al vernos nuevamente diseñando con nuestras manos el humilde pesebre que colocaremos junto al arbolito. El niñito Dios ha de presidir el conjunto, en el centro dispuesto y colocado con unción junto a los demás; y en un toque autóctono el techo de paja, la arena, la oveja, la vaquita y el caballo, hechos de barro tal vez, pintado con lo que había a mano en los materiales de la escuela completarán el grupo para dar forma con nuestras manos al sentimiento religioso que nos ha de acompañar para siempre. Más allá de la connotación religiosa, más allá del asombro y la virtud de enternecernos, de los rezos, los pedidos, las plegarias, el respeto, la veneración, estaba la fiesta mundana que nos significaba el ansiado evento de las familias. El barrio se conmocionaba, se percibía desde días antes una excitante algarabía contenida en los preparativos que apuntaban a las doce de la noche del 24, meta a la que la mayoría apuntaba llegar con la familia reunida en torno a la mesa. La familia completa. La actividad de todo un año paraba para dar lugar a que todos volvieran a conformar el todo original que la labor separaba, se hacía lo posible y lo imposible para estar ahí, donde todo era sonrisa, donde todo era alegría; alegría de verse juntos llenando de música el encuentro. Las voces, las risas, la conversación poblaban el silencio cotidiano con su tono alto en el sonido, bullicio casi, en una actitud de verdadera fiesta. Ahora sí, estamos todos, rumeaban en el pensamiento y en el rostro encendido las madres, prolongándose el encuentro hasta altas horas de la madrugada. Nosotros, gurises con los ojos bien abiertos, sin bostezar siquiera, no nos queríamos perder ni un solo cuento, ni una sola anécdota, ni una sola salida cargada de picardía de los mayores que siempre terminaba en carcajada de todo el auditorio. Y se extendía la Navidad en madrugada de guitarra y serenata, para irse pausando luego en un 25 extendido, disipado que festejaba por lo bajo la posibilidad que habían dado las "tradicionales fiestas" de ser felices, por ese rato que entonces marcaba como imperativo el almanaque.LEA MÁS EN LA EDICIÓN IMPRESA
