Espacio Literario
Hoy…, reflexión de Indalecio C. B.
Indalecio Carboni Bisso compartió con sus amigos una hermosa reflexión que titula “Tiempo de cosecha” y que se refiere a los in numerables logros de gualeyos. Muchos de ellos son reconocidos y valorados, otros están, y sin ser opacada su obra, quedan escondidos en el anonimato o, lo vemos como algo tan natural que no tomamos la dimensión de su riqueza expresiva, de sus esfuerzos y de sus luchas por superarse. Todas estas razones me han llevado a compartir con ustedes en este Espacio el texto de Indalecio Carbonio Bisso.
Tiempo de cosecha Me atrevo a tomar la voz cantante, en una semana de festejos para nuestra ciudad, en la que nuestro ya abanderado Daniel Dal Bó ganó la medalla plateada en los 1000 metros de kayak individual de los Juegos Panamericanos de Toronto, para celebrar otro reconocimiento, en una destreza absolutamente diferente, pero motivo de orgullo pueblerino semejante. Me refiero a la diseñadora de indumentaria Paula Gómez Kempel, quien en estos días ha sido seleccionada entre los 9 finalistas del Premio MAD, en la ciudad de Buenos Aires. Se trata de un certamen destinado a estudiantes y jóvenes profesionales de diseño de indumentaria, en donde más de 140 aspirantes, apadrinados por un grupo de diseñadores consagrados, confeccionaron durante dos meses un conjunto de indumentaria, para ahora nomás, en agosto próximo, ser juzgado por un jurado de notables en la materia. Los finalistas exhiben su trabajo durante todo el mes de julio en los salones del Museo Nacional de Arte Decorativo. Pero más allá de la implicancia de un logro así, la obra de Paula es un rescate de Gualeguay en cada punto del bordado. Decoran la prenda elegida letras de Mastronardi y citas a Alfredo Veiravé, en una celebración permanente de nuestra tierra. También están allí, de alguna forma, nuestro río, la identidad entrerriana y su memoria. Por eso me convoco a reflexionar esto con frecuencia: ¿Cómo puede Gualeguay ser un exportador permanente artistas, de jóvenes profesionales en las más diversas ramas de la ciencia, la tecnología o el deporte, y a la vez verlos desarrollarse desde lejos? También vivieron, no sin nostalgia, Mastronardi y el Chacho Manauta un exilio semejante. Y pienso en las melodías de Valentín Cosso sonando en la noche de Cosquín, en artistas como Lisandro Ziperovich dándonos un golpe en el medio de la cara con cada obra, o el ingeniero civil Franco Forziati reconocido en las alturas de Cuzco, Perú. O mencionar lo más cercano, al doctor Andrés Irigoyen, médico especialista en gastroenterología, que apostó a volver a nuestra ciudad terminada su formación (si es que la formación en medicina tiene un final algún día); o los profesionales de las generaciones venideras como Stefania Olivera, presta siempre a la batalla en las trincheras de la salud. La lista es interminable, pido disculpas por la omisión ciertamente arbitraria. Entonces, me pregunto... ¿Qué lugar le damos los gualeyos a los gualeyos que nos representan, o a los que eligen elegirse como gualeyos en la apuesta del día a día? ¿Cómo acompañamos ese crecimiento individual, que es en lo inmediato, el crecimiento colectivo de nuestra ciudad? Pienso que somos, por nosotros mismos, exuberantes. La analogía futbolística es inevitable: hay semillero. ¡Reaccionemos! Tenemos la obligación de reconocerlos, y también, de llamarlos al retorno, al fin y al cabo, son ellos los frutos de nuestro árbol cotidiano.ICB
