Espacio Literario
Hoy…Adolfo Bioy Casares
El pasado 15 de septiembre, Adolfo Bioy Casares, uno de nuestros más destacados escritores quien frecuentó las literaturas fantástica, policial y de ciencia ficción, hubiera cumplido 101 años. Nació en Buenos Aires, a los once años escribió su primera novela, Iris y Margarita –plagiando a “Petit Bob” de Gyp, para una prima de la que estaba perdidamente enamorado. A los catorce, “Vanidad o Una aventura terrorífica” cuento fantástico y policial. En 1932 conoce, en casa de Victoria Ocampo, a quien será su amigo y colaborador, Jorge Luis Borges y, dos años más tarde, a Silvina Ocampo con quien se casará en 1940. “Ella le llevaba once años, y desde que lo vio por primera vez, vestido de blanco, apuesto y hermoso como un dios, ya no pudo dejar de pensar en él. Se casaron y formaron una pareja particular. Ella, extraña y celosa, perdonaba todas las infidelidades de un hombre que, a pesar de todo, la adoraba.” (Alicia Dujovne Ortiz)
Prof. Graciela Saavedra Ese mismo, 1940, año publica "La Invención de Morel", su obra más famosa y convertida hoy en un clásico de la literatura contemporánea.Bioy y Borges forman por años un formidable dúo creativo que produce obras como "Un modelo para la muerte", "Libro del Cielo y del Infierno" y las "Crónicas de Bustos Domecq", la mayoría de las cuales son firmadas con el seudónimo común de H. Bustos Domecq. En 1954 publica "El sueño de los héroes; en 1969 aparece "Diario de la guerra del cerdo", llevada posteriormente al cine por Leopoldo Torre Nilsson.Bioy Casares es dueño de una vasta obra en donde la fantasía y la realidad se superponen con una armonía magistral. La impecable construcción de sus relatos es, quizá, la característica que con mayor frecuencia ha destacado la crítica con respecto a su obra.Entre sus premios y distinciones destacan el Gran Premio de Honor de la SADE en 1975, la membresía a la Legión de Honor francesa en 1981, su nombramiento como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1986, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes en 1990 y el Premio Konex de Brillante en 1994.La pasión amorosa, el elemento erótico, es fundamental en la narrativa de este escritor. Es notable que también esto sea contemplado desde una perspectiva muchas veces irónica; el amor es considerado algo sublime, pero fatal. La relación presenta rasgos del amor cortés, pero las amadas suelen ser tenebrosas, superiores. Se ha querido ver en esta cuestión alguna conexión con la vida de Bioy Casares, cuyo carácter enamoradizo es de sobras conocido. Y en relación a esto se refirió Octavio Paz: "El amor —en Bioy Casares— es una percepción privilegiada, la más total y lúcida, no sólo de la irrealidad del mundo, sino de la nuestra."Lo infausto se entrometió en la vida del escritor ya que en 1992 sufrió una caída con duras complicaciones; en 1993 falleció Silvina Ocampo, su esposa durante 53 años, quien sufría un paulatino deterioro mental. Tan solo un mes después, en enero de 1994, un accidente truncó la vida de su hija Marta, con tan solo 39 años.Adolfo Bioy Casares falleció el 8 de marzo de 1999.Jovita Iglesias, quien fue durante más de medio siglo ama de llaves en la casa de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, rememora en torno a Fabián, el hijo natural que tuvo con Sara J. Demaría, con quien comenzó a verse en 1994, en París, y a quien gracias a esa postrera amistad le otorgó su flamante y raro apellido Bioy (para que no se extinguiera), él, que en sus Memorias dice ser "el último Bioy". No obstante, el aciago destinó planteó una póstuma jugada, pues Fabián murió a los 40 años el sábado 11 de febrero de 2006.En su testamento legó sus bienes y derechos a sus nietos, hijos del primer matrimonio de Marta Bioy, pero aún el litigio continúa por los reclamos de la madre de su hijo Fabián. Premonitoriamente había escrito: "Siempre pensé que las bombas de tiempo debieran llamarse testamentos"Bioy Casares honró la amistad, la literatura, amó los libros, por esa razón cierro esta primera parte con una frase que le corresponde:"Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros."Dos de sus cuentos:La salvación(Minicuento)Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" -sin duda estaba pensando el tirano- "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?" Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" -dijo indicando al pájaro- "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".Postrimerías"Cuando entró en el edificio, buscó las escaleras, para subir. Encontrarlas era difícil. Preguntaba por ellas, y algunos le contestaban: "No hay." Otros le daban la espalda. Acababa siempre por encontrarlas y por subir otro piso. La circunstancia de que muchas veces las escaleras fueran endebles, arduas y estrechas, aumentaba su fe. En un piso había una ciudad, con plazas y calles bien trazadas. Nevaba, caía la noche. Algunas casas -eran todas de tamaño reducido- estaban iluminadas vivamen¬te. Por las ventanas veía a hombres y mujeres de dos pies de estatura. No podía quedarse entre esos enanos. Descubrió una amplia escalinata de piedra, que lo llevó a otro piso. Éste era un antecomedor, donde mozos, con chaqueta blanca y modales pésimos, limpiaban juegos de té. Sin volverse, le dijeron que había más pisos y que podía subir. Llegó a una terraza con vastos parques crepusculares, hermosos, pero un poco tristes. Una mujer, con vestido de terciopelo rojo, lo miró espantada y huyó por el enorme paisaje, meciéndose la cabellera, gimiendo. Él entendió que cuantos vivían allí estaban locos. Pudo subir otro piso. En una arquitectura propia del interior de un buque, en la que abundaban maderas y hierros pintados de blanco, halló una escalera de caracol. Subió por ella a un altillo donde estaban los peroles que daban el agua caliente a los pisos de abajo. Dijo: "Sobre el fuego está el cielo" y, seguro de su destino, se agarró de un caño, para subir más. El caño se dobló; hubo un escape de vapor, que le rozó el brazo. Esto lo disuadió de seguir subiendo. Pensó: "En el cielo me quemaré." Se preguntó a cuál de los horribles pisos inferiores debería descender. En todos él se había sentido fuera de lugar. Esto no probaba que no fuese la morada que le correspondía, porque justamente el infierno es un sitio donde uno se cree fuera de lugar."(De "Guirnalda con amores" (1959))
