Jesús y la “zona de confort”
A Jesús de Nazaret le gustaba estar con sus discípulos y ponerlos delante del incondicional amor del Padre Bueno; le gustaba crear comunidad; le gustaba darles una misión y enviarlos sin sobreprotegerlos.
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La intimidad que gozaba su corazón con el Padre y con su gente no era intimismo. La amistad no era "amiguismo" favoritista y elitista.La actividad que proponía no era activismo ansioso y auto-desgastante. La intimidad era un acceso a lo profundo de su interior con una "mística de los ojos abiertos". (J.B. Metz).Y es por eso que sus momentos de comunión estaban marcados por la compasión, es decir la capacidad de "padecer con"; la capacidad de ponerse en el lugar del otro; los momentos de la actividad misionera, por la apertura a lo distinto: apertura a los impuros de su pueblo (leprosos, prostitutas, cobradores de impuestos del Imperio romano); apertura a los extranjeros (considerados indignos y despreciables por las elites puritanas del pueblo y del tiempo de Jesús).Para llevar a cabo esta misión nos dice el Evangelio de este domingo: "llamó a los Doce y los envió de dos en dos" (Mc 6,7). Sus discípulos no fueron una "logia", una elite con privilegios; no fueron "ideólogos" instalados en su zona de confort. Su carácter de "elegidos-llamados" no los convirtió en sujetos "auto-referenciales" con delirios de grandeza.Jesús de Nazaret no quería discípulos de elites, como-por ejemplo- los de la famosa escuela de Gamaliel en Jerusalén. Por eso cuando Pedro de Galilea quiso separar al Maestro del camino del humilde servicio, El le dijo "apártate de mí, Satanás".Actualmente solemos estar "anclados" en lo conocido, lo igual. Nos instalamos como se dice hoy día en nuestra "zona de confort". Dicen los estudiosos que esa "zona" nos da abrigo y nos hace sentir seguros. Abarca todo aquello que conocemos, esos ambientes de los que nos sentimos parte y en donde estamos totalmente a gusto.Pero eso mismo que nos protege también puede causarnos daño. Porque acomodarnos significa estancarnos, no buscar nuevos estímulos, nuevos retos. Tenemos el desafío entonces de ser valientes, enfrentar el miedo a lo desconocido y salir de esa zona de confort para buscar, nuevos aprendizajes.Para nosotros hoy ser "testigos de la Buena noticia de la vida", ser agentes de una civilización de la verdad y del amor significa salir también de esa zona de confort. Es un camino de auténtica liberación: un "éxodo". Significa afrontar con valentía y mansedumbre que puede suceder que no seamos recibidos ni escuchados: "Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos", decía Jesús de Nazaret. (Mc 6, 11).Saberse elegido-amado nos libera de toda autoafirmación engañosa que nos dé la ilusión de ser importantes en tanto y en cuanto nos sintamos sobreprotegidos, aplaudidos y afamados.La verdadera liberación significa caminar hacia la intimidad con los otros y con El Otro; significa también la capacidad de "encontrarme" sobre todo con el distinto, significa poner mi creatividad al servicio de un proyecto de vida a favor de los demás.Esa verdadera liberación que nos saca de los intimismos, de los amiguismos y de los activismos es tarea... pero sobre todo es don que se pide cada día de rodillas. Pbro. Jorge H Leiva
