Fundación Tzu Chi
Juana Impini realizó una capacitación en Taiwán; compartió la experiencia
La voluntaria y comisionada internacional dela Fundación Tzu Chi, Juana Impini, llevó a cabo una capacitación en el templo Jing Si, Taiwán, donde se encuentra la fundadora, maestra Cheng Yen. Impini fue una de las 1.500 almas de todo el mundo que se capacitaron, entre el 3 y 16 de noviembre, pasados.
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Dialogamos con Juana Impini, que nació Gualeguay y está radicada en la Ciudad de Buenos Aires. Nos comentó acerca de esta experiencia en el lejano oriente y sobre la satisfacción que le provocó esta vivencia espiritual. También señaló que tiene intenciones de compartir sus conocimientos adquiridos en nuestra ciudad, a través de vínculo con instituciones intermedias y el Municipio.¿En qué consistió la capacitación?Juana Impini: se congregaron en Taiwán 1.500 voluntarios de las 70 sedes del mundo para ser comisionados. Esto significa que después de muchos años, de trabajo de voluntariado, se cree que el voluntario tiene la capacidad para ser comisionado. Esto significa que se tiene muchas más responsabilidades, como participar en desastres naturales, en la ayuda de los socios, en lo que se necesite a nivel mundial. Yo había hecho el voluntariado en Argentina, aunque no había viajado a otros países pero a partir de ahora sí tengo esa posibilidad, de hacerlo con los médicos de TIMA. Nos capacitaron para eso, también sobre el reciclado, sobre cómo tiene que ser un budidzaba. Un budidzaba, es un voluntario budista de la fundación. Nos capacitaron para ayudar de la mejor manera, con el mejor temple que tengamos. Nos enseñan a no hacer distingo de razas ni nada por el estilo. Es decir, no actuamos en política partidaria, a pesar de necesitamos a veces de los políticos. Lo que más me llamó la atención es la hermandad que existe entre todos los voluntarios del mundo. Eso lleva a la sensación de que todos te conocen, cuando recién te has visto con ellos; es algo muy hermoso. Sobre todo es muy valioso el crecimiento que uno ha logrado, en este momento, a nivel espiritual.¿También tuvo la posibilidad de conocer las e idiosincrasias de otras naciones?Juana Impini: Sí, lo que más me impactó es lo que sucede en Sudáfrica. Este país está pasando por un momento muy difícil a nivel social y económico; entre otras cuestiones, no cuenta con una buena asistencia médica. En la parte humana, falta mucho por aprender. Por suerte, Tzu Chi, está allí y se ha logrado un grupo de voluntarios hermoso. Nos brindaron también cursos de reciclado de PET, material del cual luego se obtiene tela polar, de todo un poco, para poder hacer ropa; de hecho la vestimenta que tenemos es reciclada.¿Tiene pensado implementar estos conocimientos, especialmente, en nuestra ciudad?Juana Impini: Sí, desde ya, esa es la intención, la de volcar lo que aprendí y sobre todo en Gualeguay, que es el lugar que me vio nacer. Tengo pensado contactarme con distintas instituciones intermedias para trabajar juntos, y también a nivel municipio. La idea es hacerlo codo a codo; esto no es solo una fundación, sino que simplemente se trata de coordinar distintas voluntades como para poder lograr una mejor calidad de vida para el lugar donde estemos.¿Qué anécdota o situación curiosa le resultó llamativa?Juana Impini: Estando en el templo Jing Si, donde está la maestra Darma Cheng Yen, que es la fundadora, en uno de los cursos que tomé, una monja budista nos hablaba de cómo había logrado hacer arroz instantáneo para los lugares de catástrofes naturales, donde no se puede llevar comida caliente. Me dijo simplemente que con un poco de agua caliente, en 15 minutos, con 80 gramos de arroz podes alimentar a cuatro personas, sin aditivos ni conservantes. El arroz lo cosechan ellos, lo pasan por un sistema de vapor, en el que supongo que radica el secreto de la rapidez de la cocción, después lo deshidratan y lo envasan. El producto está preparado por ahora para catástrofes naturales; lo hicimos, lo probamos y es riquísimo. Ella se sentía un poco acongojada porque no había podido lograr un desayuno instantáneo todavía. Le pregunté qué estudios tenía y me dijo, "sexto grado". La miré y le dije, "usted no se tiene que sentir mal porque todavía no lo logró". En algún momento obtuvo arroz instantáneo, entonces, después puede lograr eso que pretende. Pero me dijo "necesito hacerlo ya". Y me puse a reflexionar sobre la humildad del grande.¿Qué sintió al verse con la maestra Darma Cheng Yen?Juana Impini: Por comentarios de quienes habían viajado a Taiwán, que habían estado en presencia de ella, se sentía de una manera muy diferente. Yo pensaba, si estoy frente a un ser humano, cómo es que me voy a sentir de una manera muy diferente. Sin embargo, ella es muy especial. En el auditorio donde ella nos comisionó, que tiene la capacidad de más de 3.500 personas, hay unas escaleras en medio del auditorio, que se calcula tiene tres 3 pisos de escalones. Como ella tiene 80 años de edad, le habían preparado directamente que saliera de un ascensor e ingresara al auditorio, que era lo más corto, tranquilo. Aun así prefirió bajar por las escaleras porque dijo que había 1.500 voluntarios que habían viajado para conocerla y quería conocer uno a uno. Cuando ella bajaba las escaleras, que para mi levita, tuve esa sensación que me habían contado; es decir, es puro eso, realmente. Es una señora que tiene un aura, una luz, impresionante. Trasmite una paz infinita, hasta el punto de hacerte llorar. Entonces, verla y después estar cerca de ella, conversar con ella, tiene una paz y una tranquilidad que te puedo asegurar que te trasmite, te dura, y no lo podes creer. Ojalá el año que viene pueda volver a Taiwán.
