HISTORIAS BREVES:
La beneficencia en Gualeguay
Hoy, mi recorrido por las páginas de nuestra historia gualeya se lo dedicaré a recordar someramente a aquellas entidades de bien público, ya sean conformadas como O N G (organización no gubernamental), como grupos de personas conformados esporádicamente ante situaciones imprevistas o personas independientes, a veces anónimas, dedicadas al servicio del prójimo o del desamparado.
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Me ha parecido coherente, luego de escogido el tema, evitar la larga lista de ellas y sus actividades por cuanto el olvido o el desconocimiento de algunas, en mi caso, puede ser motivo de un irreparable acto de injusticia y por otro lado hasta los más indiferentes están en conocimiento de ellas. He creído sí que para el caso, es bueno recordar a aquella primera Sociedad de Beneficencia creada en 1879 bajo la Presidencia de Doña Carmen Iñarra de Migues. Sociedad fundadora de Nuestro Hospital "San Antonio" en 1905, y ahora a treinta y un años del acontecimiento (1936) según reza el facsímil de la convocatoria, siguen luchando por su mantenimiento. Luego de esta primera Sociedad de Beneficencia vinieron otras y otras cumpliendo objetivos similares hasta imponerle a la idiosincrasia gualeya el sello característico de "pueblo solidario", porque esta palabra tan simple y sencilla es la que maneja en nuestra gente sus impulsos y han logrado introducirla en todos los estamentos sociales: en la salud, la educación, el deporte, demandas sociales varias como guarderías infantiles, Asilos de ancianos, Hogares de Día, escuelas de Educación Especial, Bomberos Voluntarios y paliativos a las secuelas que deja la pobreza. Asumiendo en todos los casos responsabilidades ajenas. Aunque los tiempos hayan cambiado y la tecnología en su vertiginoso avance nos sorprenda y nos atraiga, lo que en buena hora no ha cambiado, entiendo, es la cultura de un pueblo regido por estos mencionados principios solidarios. Esto es bueno, lo malo es que quien no ha cambiado en el incumplimiento de sus obligaciones conferidas por nuestra Constitución es el Estado y aquí incluyo a los gobiernos de facto, a los democráticos a través de los partidos políticos, el mío, el tuyo el nuestro y el vuestro. Es probable que todas estas instituciones de beneficencia hayan surgido en el tiempo como producto de las necesidades donde el Estado las posterga hacia el olvido, como así también puede ocurrir que el olvido del Estado descanse sobre la aparición de estos grupos solidarios. El titular de la convocatoria del facsímil que compartimos tiene ya ochenta años (no se transcribe por su extensión), en aquel entonces movilizó a todo un pueblo para cambiar los techos del Hospital "San Antonio", que recordemos había nacido por su propia iniciativa, un objetivo impostergable íntimamente relacionado con la salud. ¡Ochenta años, cuanto tiempo!, no menos de tres generaciones. ¿Cuanta agua habrá corrido bajo nuestro hoy moribundo Puente Pellegrini? Recordemos por ejemplo que en estos días muy cercanos, muchas agrupaciones y personas se movilizaron para recaudar fondos nuevamente para el hospital que reclamaba una mano para paliar sus necesidades más urgentes y seguir atendiendo dignamente a tantos pacientes que hoy más que nunca acuden por sus servicios. Bueno bueno. Sin mirar para otro lado, como manifesté al comienzo de la columna, quiero resaltar la encomiable obra complementaria que llevan a cabo todas aquellas personas que a través de las sociedades de beneficencia u otras formas a veces anónimas, desprovistas de todo egoísmo dejan de lado sus intereses personales para volcar su tiempo en nobles acciones sin pretender reconocimiento alguno. Ahora, deberíamos preguntarnos cada uno de nosotros, cómo sería la sociedad si no existieran estas sociedades de beneficencia. Quizá encontraríamos la respuesta por la cual son aceptadas con beneplácito, simpatía y agradecimiento o por el contrario razonablemente veríamos mejor que éstas simplemente no existieran. FULGENCIO
