Pablo Guercovich:
“La comunicación es la clave de la buena convivencia social”
El abogado gualeyo asumió en diciembre como el nuevo Juez de Familia de la ciudad, luego de nueve años de carrera judicial. Pero además es periodista, con una trayectoria que incluye una pasantía en La Nación, una revista de cultura sobre Entre Ríos y colaboraciones en los diarios locales.
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Por Agustina Segovia Delamare- Ya estabas recibido de abogado, ¿por qué elegiste estudiar periodismo? ¿Te interesaba el periodismo judicial?- No, me interesaba el periodismo en general. Siempre me interesó el tema de la comunicación y aun ejerciendo el derecho, la aplico todo el tiempo. A la hora de resolver conflictos o elaborar estrategias, pienso las condiciones del conflicto en términos de la comunicación. Soy un convencido de que la comunicación interpersonal es la clave de la comunión, de la buena convivencia social. Es una posibilidad de encuentro entre seres y cómo ese encuentro produce no sólo un estado de comunión entre ambos, sino también un crecimiento personal en cada uno de ellos. Ese encuentro tiene que ser genuino y lo es como explica Erich Fromm en "El arte de amar": "El que da es rico porque tiene qué dar". Por eso lo más importante en una relación es dar, no tanto recibir.- ¿Qué otros trabajos tuviste como periodista?- Empecé en La Nación, antes de terminar la carrera de Periodismo, en el año 2000 entre abril y septiembre. Publiqué algunas notas, que están en internet todavía. Trabajaba en información general. Fue una buena experiencia. Incluso una de ellas fue haber viajado en el buque Patagonia, un buque logístico, en su viaje inaugural desde el Puerto de Buenos Aires al Puerto Belgrano. Fue un viaje de tres días. Tenía que escribir sobre la presentación de ese buque, venía de Francia. La primera nota que hice tuvo mucha repercusión. Fue a raíz de una carta de lectores, la jefa de información general, Silvia Pisani, quería que vaya a ver de qué se trataba. Una mujer que vivía en Recoleta se quejaba de que los autos estacionaban en mano izquierda, estando prohibido. Entonces fui con un fotógrafo y justo enganchamos a una jueza, que estacionó mal para bajar a tomar un helado, tenía patente judicial y la escrachamos. Sacamos una foto y además la encaré para hablarle de eso. A partir de esa nota empecé a ver que, en los negocios del subte, se vendían chapas judiciales truchas. Me puse a investigar y si vos ibas a pedir una chapa te la hacían, entonces después andabas en la calle con patente como si fueras magistrado. Una locura. Hice hacer la chapa para la nota y tuvo bastante repercusión. La anécdota que escribí pasó. Cuando fui a retirar el encargo había otro cliente, que me dice: "Ojo con eso, dé el ejemplo y no estacione mal". Evidentemente el hombre había leído la otra nota.- ¿Después de eso cómo continuó tu carrera periodística?- Hice algunas colaboraciones en Buenos Aires. Acá empecé con el suplemento de cultura Identidad en Gualeguay al Día, cuando el director era Gustavo Carbone. También hice una serie de columnas durante un tiempo para El Debate, que se llamaba "Diálogos Constructivos"; eran columnas semanales de opinión, elaboradas como diálogos entre dos personas. Tuve colaboraciones en una revista, APM, para médicos. Siempre estuve en periodismo gráfico, me hubiera gustado incursionar en la radio. Me siento cómodo escribiendo.- ¿Cómo surgió la revista "La Inquieta Entre Ríos"?- La hicimos con Alfonsina Fernández, otra periodista de acá. Fue en el 2005, en un contexto complicado porque recién empezaba a resurgir la cuestión económica del país. Primero salió en blanco y negro, después un par de ejemplares más. La imprimíamos en Buenos Aires y costaba mucho, pero teníamos publicidades que nos daban lo suficiente para solventarla. Tenía información re buena y como propuesta de turismo cultural era muy interesante. No había algo así. Si la hubiéramos podido vender a un diario, o a una empresa de viajes para repartir entre pasajeros... Pero no fructificó. Fue una lástima que no pudiéramos darle continuidad. Era un buen producto y bien escrito, con buenas colaboraciones. Alfonsina es una gran periodista. Fue la cuestión comercial la que nos tiró abajo.- ¿Cuándo volviste a Gualeguay?- En abril de 2007, propuesto para un cargo de delegado penitenciario temporario. Ya tenía familia, estaba interesado en volver. Así comenzó mi carrera judicial. Después fui propuesto como secretario de la Cámara del crimen, en 2009. En 2013 me designaron fiscal auxiliar número 1, cuando arrancó el nuevo sistema procesal penal acusatorio. Fueron tres años y pico, hasta que a fines de 2016 tomé posición del cargo de Juez de Familia. Para eso rendí un concurso, en noviembre del año anterior.- ¿Sólo para juez rendiste concurso y para los demás te postularon?- Sí, porque el primer cargo fue creado en ese momento y no había sido llamado a concurso, todavía no ha pasado. Era el primer cargo de delegado penitenciario en la Unidad Penitenciaria N° 7 de Gualeguay. Se creó el cargo a partir de una serie de reclamos de la población carcelaria, querían un interlocutor judicial para poder exponer directamente, de forma inmediata, los reclamos que tenían. Generalmente eran cuestiones básicas como tratamientos, alimentación, condiciones de alojamiento. Una vez en funciones fue una experiencia fundamental, porque tener contacto con gente privada de los derechos más elementales es un aprendizaje. Tiene que ver en cómo el derecho afecta la vida de las personas en situación de vulnerabilidad y de qué manera es posible enfocarlo para garantizar que esos derechos sean asegurados, que no se afecten más de los que están implicados en la condena.
