La cultura de los juegos infantiles a través de los tiempos y el inexorable cambio
Los avances tecnológicos absorben en la actualidad a la mayoría de los niños o aquellos que pueden acceder a la parafarnalia de entretenimientos y juegos, que por cierto se extiende un abanico amplio de ofertas para todas las edades.
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El niño, en su más pura y casta inocencia, destina gran parte del tiempo a divertirse con la aparatología que le ofrece el mercado o las circunstancias, formando parte de un círculo del cual una gran mayoría de menores no puede evitar participar de esta tentadora propuesta moderna. Claro está que quienes rondamos los 40 años de edad, o más, por ejemplo, hemos sabido disfrutar de juegos, deportes y entretenimientos más sanos y naturales, al aire libre, permitiendo el contacto con nuestros pares de manera alegre y divertida, enriqueciéndonos de manera social y espiritual. Incluso estos pasatiempos contribuían a la formación de valores, dado que había que respetar lasreglas o códigos de los juegos. Cuánta pureza en juegos tales como el de las escondidas, la mancha, la bolilla, el elásico, la payanga, carreras de calle, el doctor, las figuritas, saltar la soga, entre otros tantos.EL FUTBOLEntre los deportes, el fútbol es sin dudas el preferido de la mayoría. En otros tiempos, niños, jóvenes y adultos iban al campito, no solamente para jugar durante horas, sino también que signicaba un lugar de encuentro infalible, donde se compartían charlas intensas y jocosas. Claro que también había lugar para las discusiones y las peleas. Toda este panorama se replica en la actualidad en diferentes escenarios. Hoy en día es más frecuente jugar al "fobal" en canchas de fútbol 5, o de salón, fenómeno que impuso en los últimos lustros y decididamente se instaló en la cultura futbolera a nivel social. También son convocantes los torneos de fútbol infantil, los cuales se desarrollan con masividad, donde participan en un certamen local, equipos de ciudad como así también de otras provincias o países. Pero el cambio de los tiempos y de las costumbres es inevitable. Seguramente que esas épocas de felicidad inagotables, en el campito, en las casas de cada uno, en los parques o paseos, en la escuela, no regresarán jamás de manera íntegra. Sin embargo, los mayores tenemos la responsabilidad de mostrarles a los más pequeños que también existe otra manera de esparcimiento y diversión, por fuera de la era cibernética o tecnológica. ¡Qué mejor manera de darlo a conocer que practicar con ellos esos juegos tan nobles y diáfanos!
