La Fábrica: una marca registrada en la memoria de Gualeguay
El próximo 25 de julio volverá a realizarse una nueva edición de “La Noche de La Fábrica”, un encuentro que promete reunir a distintas generaciones alrededor de los recuerdos de una de las discotecas más emblemáticas de Gualeguay. Para conocer más sobre la historia de un lugar que marcó a miles de jóvenes durante casi dos décadas, dialogamos con Gabriela Franco, protagonista de aquellos años, y con Oscar Maddoni, uno de los DJs más recordados de La Fábrica.
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“La Fábrica fue mucho más que un boliche”
—Gabriela, ¿qué representa para vos hablar de La Fábrica?
—Hablar de La Fábrica Discoteca es hablar de una parte de la historia de Gualeguay. Para mí también es hablar de una parte importante de mi vida. Como tantos jóvenes de mi generación, fui parte de aquellas noches inolvidables y fue allí donde conocí a “Bicho” Piropan. A los 19 años comenzamos una relación. Bicho ya llevaba varios años vinculado al mundo de los boliches bailables. Había formado parte de Pitoke, en Esperanza, Santa Fe, y luego de Delgas, en Gualeguay, que en julio de 1988 se transformaría en La Fábrica Discoteca, siendo él uno de sus cuatro socios fundadores.
Con mucho trabajo, esfuerzo y fines de semana dedicados casi por completo a La Fábrica, consolidamos un emprendimiento que se convirtió en parte de la historia de la ciudad. Yo estaba a cargo de la administración y gran parte de la organización, y él al frente del emprendimiento. Con el tiempo logramos convertirnos en los únicos dueños y adquirir el inmueble que hoy sigue siendo patrimonio de nuestra familia. Porque fue mucho más que un boliche. Fue un lugar de encuentro. Allí se formaron amistades, parejas, grupos de compañeros y recuerdos que todavía hoy siguen vivos. A casi dos décadas de su cierre, el nombre de La Fábrica continúa despertando emociones. Esta edición del 25 de julio es organizada por Bicho Piropan junto a nuestros hijos Juan y Gonzalo, quienes hoy continúan manteniendo vivo ese legado.
Oscar Maddoni: “El DJ hacía escuela”
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Si hubo una voz y una música que acompañaron gran parte de la historia de La Fábrica, esa fue la de Oscar Maddoni.
—¿Cómo llegó a ser DJ de La Fábrica y qué recuerdos tiene de aquellos primeros años?
—Yo ya había trabajado con Bicho Piropan previamente en la época en que en Belgrano 18 funcionaba Delgas. Cuando él se transforma en único dueño de La Fábrica me contacta a través de una amiga que trabajaba en el boliche, por medio de una carta que todavía guardo con muchísimo cariño.
En esa carta me preguntaba si estaba interesado en ser el DJ del boliche en esta nueva etapa. Yo vivía en Buenos Aires y trabajaba como gerente de una cadena de disquerías. Viajé a Gualeguay, charlamos brevemente y enseguida nos pusimos de acuerdo. Fue una alegría enorme y también un desafío importantísimo porque había que modificar el rumbo que tenía el boliche en ese momento. Se mantuvo el equipamiento, se renovó la iluminación y principalmente la música. Prácticamente todas las semanas viajaba desde Buenos Aires con entre diez y quince discos nuevos de vinilo con las novedades musicales que iban apareciendo a principios de los años noventa.
A diferencia de hoy, para que una canción se transformara en un éxito había que trabajarla. Dependía mucho del armado de la pista, del momento y también de la difusión previa. Recuerdo haber llevado esos vinilos a FM Aries o FM Génesis para que la gente comenzara a escucharlos. Soy de una generación que sostiene que en aquella época el DJ hacía escuela. Y realmente funcionaba.
—¿Cómo eran aquellas noches?
—Muy largas. Arrancaban a las doce de la noche y muchas veces terminaban cerca de las ocho de la mañana.
Lo que más me sorprendía era que cuando sonaba el famoso audio: “Estos son los últimos tres temas de LFD… muchas gracias…”, el boliche seguía explotado de gente. Era todo un tema convencer a la gente de que la fiesta había terminado. Sonaba el último tema y desde algún lugar del boliche se encendía la luz blanca. Ahí todos sabían que no había más música y que era momento de retirarse. Aunque la noche no terminaba ahí. La reunión seguía en el Café Bar que estaba enfrente, donde nos encontrábamos todos.
—¿Qué tenía La Fábrica que la hacía diferente a otros boliches?
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—La buena onda.
Los fines de semana se acercaban grupos de jóvenes, estudiantes de Educación Física, amigos y mucha gente del interior. Por la tarde tomaban mate, escuchaban música, grababan casetes y compartían momentos. A la noche el ambiente se repetía, pero multiplicado. Recuerdo especialmente grupos que llegaban desde Campana y Zárate. Eran personajes increíbles, muy divertidos. Lo más lindo es que todavía hoy mantengo contacto con algunos de ellos gracias a las redes sociales.
—¿Cómo era la noche de Gualeguay en los años noventa?
—Muy distinta. La previa prácticamente no existía. El boliche arrancaba a medianoche y para las dos ya estaba lleno. La gente llegaba temprano porque sabía que si llegaba tarde podía perderse una tanda completa de temas que no se repetirían durante la noche. Había una identificación enorme con el lugar. Recuerdo que constantemente pasaba gente por la cabina para saludar, conversar, pedir canciones o simplemente compartir un momento.
—¿Qué música marcó una época?
—La música fue cambiando mucho, pero hay algo que quedó grabado para siempre: la apertura con “The Final Countdown”, de Europe.
Todavía hoy las fiestas del recuerdo siguen abriendo con ese mismo tema. Después me identifiqué mucho con el pop internacional y el rock nacional de fines de los años ochenta y principios de los noventa. No hace falta nombrar canciones. Los que estuvieron ahí saben perfectamente de qué música estamos hablando.
—¿Qué noches quedaron grabadas para siempre?
—Los aniversarios del boliche eran espectaculares. Los sorteos, el lugar completamente lleno, la emoción de la gente.
También recuerdo los Días del Estudiante. Llegaban grupos enteros de distintas escuelas identificados con sus camperas y colores. Venían directamente desde los festejos de la mañana, bailaban hasta la tarde y después volvían por la noche. Las despedidas a Bariloche también eran inolvidables. Los coordinadores animaban, había coreografías, cantos y una energía increíble. Y por supuesto Navidad y Año Nuevo, fiestas interminables.
—¿Cómo era la relación entre los dueños, el personal y el público?
—Excelente.
Desde que Gabriela y Bicho tomaron el mando hubo una visión muy clara de querer dejar una marca en la noche de Gualeguay. Nunca escatimaron esfuerzos en sonido, iluminación ni música. Y todos los que trabajábamos sentíamos que teníamos puesta la misma camiseta. No puedo dejar de nombrar a Citro Méndez, mi primer iluminador; a Nany Lacorazza, que continuó después; al Colo Campostrini; a los chicos de la barra como Pitu, Cordero y Medina Bello; a los chicos de la puerta, a Gabriela y a Bicho. Éramos un verdadero equipo.
—¿Qué importancia tuvo La Fábrica para los jóvenes?
—Era EL lugar.
Llegaba el viernes o el sábado y sabías que ahí ibas a encontrarte con tus amigos, con tus compañeros de escuela o quizás con la persona que te gustaba. Era un lugar de sana diversión y de encuentro.
—¿Qué siente al saber que la gente sigue reuniéndose alrededor del nombre La Fábrica?
—Que las cosas se hicieron bien. Que realmente se logró un producto exitoso basado en mucho esfuerzo y en el trabajo de mucha gente.
—¿Qué le diría a quienes volverán a encontrarse el próximo 25 de julio?
—Que vuelvan a vivir aquellas noches espectaculares.
Muchos hoy peinamos canas, los que todavía tenemos pelo (risas), pero la esencia sigue siendo la misma. También es lindo que nuevas generaciones se sumen y conozcan lo que fue La Fábrica. Junto al Colo Campostrini ya estamos trabajando para que sea una noche inolvidable. Va a ser un fiestón.
No podés faltar.
—Si tuviera que resumir La Fábrica en una sola frase…
—“La Fábrica Discoteca… tu marca registrada”.
Y quizás esa siga siendo la mejor definición. Porque para miles de gualeyos, La Fábrica no fue solamente un boliche. Fue una época.