Suplemento Día del Niño
La literatura y los chicos - Prof. Lorena Romani
¿Cómo y para qué acercar los libros a los chicos? La relación entre la literatura y los niños puede empezar mucho antes de lo que podríamos imaginar.
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Se suele caer en el error de creer que los chicos solo van a poder acercarse a los libros cuando aprendan a leer. Cuando aprendan a decodificar los mensajes ocultos en esas cadenas de letras alineadas una detrás de la otra. Algunos privilegiados tendrán un papá, una mamá, una abuela o alguien que lo quiera lo suficiente como para compartir un cuento antes de dormir. La mayoría, sin embargo, se verán entretenidos por hermosos juguetes que también le permitirán experimentar la magia de los mundos posibles. Y otros, lamentablemente, no tendrán nada. Se habrá perdido, entonces, una oportunidad única. Porque la invitación a entrar a la literatura en la niñez es un regalo que encierra muchos otros. Leer aporta muchos beneficios: enriquece la cultura, mejora el lenguaje, estimula la imaginación, desarrolla la capacidad de concentración y la memoria... Pero, sobre todo, leer es generar un vínculo desde dos perspectivas cuando pensamos en los más chiquitos. Un lazo se crea con el objeto libro (que se acaricia, ensucia, abraza, señala o raya) y otro, con esa voz que nos lee. Esa voz que nos revela otra verdad, que da vida a esos personajes y que nos recibe cálidamente en el precioso e infinito universo del conocimiento. Dejando de lado la posibilidad de que ese vínculo empiece en el útero materno (porque ese bebé se va construyendo en el habla, en el deseo, en la musicalidad, en las experiencias que vive la mamá), es fundamental tener en cuenta ciertos aspectos para arrancar este camino de la lectura. Primero, 'leer' es comprender, comunicarse, aprender, no solo decodificar. Segundo, los colores, las imágenes (concretas y abstractas), los sonidos, la forma de las letras, su disposición en el espacio, los relieves de las hojas, todo eso, significa. Es decir, tiene un sentido que los chicos perciben. Confusa, desorganizadamente, los chicos se apropian de ciertas ideas que les dan placer, gracia y seguridad. Tercero, aunque no nos demos cuenta, los chicos se familiarizan con el sistema de símbolos como modo de representación de la experiencia. No eliminemos las palabras difíciles, juguemos con los tonos de voz, permitamos que toquen los libros, que pregunten, que interrumpan, que pidan siempre la misma historia (porque les genera seguridad), que inventen. El mercado editorial ofrece (al igual que la Biblioteca Infantil local, de acceso gratuito) una enorme variedad de opciones para los chicos. Si se trata de niños pequeños, podemos elegir libros manipulables, de tela, didácticos, con ilustraciones, sonidos, texturas. O de canciones de cuna o poemas para leerles a ellos. El ritmo y la cadencia de la voz también generan sentido. No necesariamente tiene que haber una narración. Posteriormente y de modo progresivo, irán apareciendo palabras sueltas. Los temas que más les atraen alrededor de los dos años, pese a lo que podríamos suponer, son los del mundo cotidiano, las acciones de su rutina. Evitan el peligro porque los desconcierta. Y ya a los cuatro o cinco años, en cambio, les fascina lo desconocido, lo extraño, lo diferente y se apropian de las narraciones, se vuelven protagonistas de la aventura del cuento. A los seis, ya dominan la estructura narrativa, se anticipan y, por supuesto, reconocen las palabras en la hoja.El filósofo francés Montaigne afirmó alguna vez que "el niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es necesario encender", quizá la lectura sea una de las mejores llamas que podamos dejarles. Porque lo que aprendemos de chicos deja marcas (para bien o para mal) y porque ese fuego no se extinguirá nunca.
