La travesura de Mastronardi y Borges (y algo más)
¿Fue, alguna vez, nuestro admirado copoblano y gran escritor, Carlos Mastronardi, compañero de alguna travesura junto a su amigo Jorge Luis Borges? Sí, y de una genial. Veamos de qué se trata.
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Sucedió que Ernesto Palacio, hermano del famoso Lino e importante intelectual de "muy a la derecha", escribió, alguna vez, en el diario La Prensa una pesada invectiva contra la inmigración italiana, con dichos como: "Los gringos son los culpables de lo que ocurre en la Argentina. Todo lo que nos pasa es responsabilidad de los gringos...". Puede imaginarse que a Borges y Mastronardi no les gustó demasiado el artículo de Palacio; así fue que decidieron contestarle con otro artículo. Cuenta Borges que el apellido materno de Palacio era Calandrelli (cuesta pensar en algo más italiano...). Entonces, con fina y sabia ironía, ambos escritores redactaron su artículo con frases como éstas: "Tiene razón el doctor Ernesto Palacio Calandrelli, los gringos son los culpables de todo... Como bien dice el doctor Palacio Calandrelli...". Dice Borges que en cada párrafo usaban su apellido italiano y que Ernesto Palacio Calandrelli... nunca contestó. Hubo, por parte de dos maestros, una verdadera lección de "ubicación", como diríamos popularmente hoy. Borges, coautor junto a su amigo Mastronardi, de la sabia travesura que hemos compartido, seguramente tiene alguna más con la cual solazarnos y meditar; aunque tal vez sea más "seria" y digna de un breve análisis. Vamos a considerarla. ¿Puede un lector compenetrarse tanto con un personaje literario a tal punto que, finalmente, decide "matarlo"? Si es así, ¿tanta vitalidad tiene una obra literaria que, paradójicamente, permite "matar" a un personaje? De ser cierta una circunstancia tal, tenemos un "asesino" magistral, brillante, eximio escritor y lector: el maestro Borges. Borges tiene interesantes reflexiones acerca del "Martín Fierro". En sus charlas, entre 1976 y 1986 con Roberto Alifano (en "El humor de Borges", por ejemplo), en su ensayo "La poesía gauchesca" ("Discusión", 1932), el escritor manifiesta que la obra le gusta estéticamente; sin embargo, tiene severas críticas hacia el personaje principal, el mismísimo Martín Fierro; muy duras (y discutibles) son las palabras de Borges acerca de Fierro: malevo sentimental que configura y se adelanta al peor sentimentalismo argentino, asesino, racista, llorón (!)... Además, como si todo esto no fuera suficiente, culpa a Lugones de haber convertido en modelo a un gaucho tal. Pero volvamos a lo anterior: ¿cuál es el "asesinato" cometido por Borges?... Hubo un día en que Borges decidió matar a Martín Fierro. "Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco". Así, con una perspectiva casi cinematográfica, comienza el cuento "El fin", de Borges. Un texto de enorme riqueza literaria, con detalles en verdad geniales. Recabarren es un pulpero que ha quedado paralítico y mudo, quien será testigo de un hecho atroz y sangriento: la muerte de un hombre por causa de una venganza; ese hombre que ha de morir es Martín Fierro. Tal vez resulte interesante detenerse en el título del cuento, "El fin"; ¿a qué alude? En principio, a la muerte de Fierro, sin dudas; no obstante, también puede tomarse como el fin de la obra literaria "Martín Fierro", la cual, recordemos, tiene un final abierto. ¿La muerte del personaje esencial narrado en otra obra implica el cierre narrativo de la obra primera de la que el personaje surge?, ¿hasta tal punto un relato depende de un personaje? El cuento "El fin" era considerado por el mismo Borges como uno de los mejores que él había escrito. Es casi imposible no acordar en eso. Pero, a veces, se nos escapa un reproche que nace del dolor: ¿qué hizo, maestro?, ¿cómo pudo "matar" a Fierro, a quien imaginábamos cabalgando para siempre en esas pampas nuestras? Aunque, quizás, junto al despliegue de su talento creador, Borges, cómplice, con su hermosa sonrisa pícara, nos deje una enseñanza y entendamos que se trata de disfrutar de la Literatura y su lenguaje revelador, que si se puede "matar" a un personaje es porque éste tiene vida (porque la Literatura es palabra viva) y también que, uno no está obligado a aceptar la muerte de Fierro, si no quiere. En definitiva, el acto de leer es tan creativo e importante como el de escribir. La vida de la palabra literaria no depende únicamente del escritor...; los lectores también hacemos que la Literatura tenga vida, necesariamente. ¡Gracias, maestro Borges!
