Po Luis Garibotti
Los riesgos de la intolerancia
“La única manera de terminar con el canibalismo es no comiéndose al caníbal”, me dijo hace algunos años, con la vuelta a la democracia en Argentina Oscar Alende. La frase advertía sobre los riesgos de la intolerancia y me acompaña desde entonces. Hoy me temo que vivimos días en que debemos estar muy atentos para no caer en la tentación de querer “comernos al caníbal”.
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Hace horas nada más una conocida cantante dijo que le molestaba ver a dos mujeres, o a dos hombres, para el caso es lo mismo, besándose en público. Palabras más, palabras menos, dijo que no estaba contra el hecho que se amasen y que demostrasen su afecto, pero que debían hacerlo en la intimidad. Que era la manifestación en público lo que le molestaba y que a otras personas les pasaba lo mismo, pero no se atrevían a decirlo. Una opinión. Con la que podemos estar de acuerdo o no, pero respetable.No pasaron más de algunos segundos para que lo suyo tuviese respuesta. Pero con las consideraciones vinieron insultos. Se pusieron al aire expresiones lamentables. Descalificaciones. Incluso escuché a un conocido piloto de autos de carrera de gran presencia en los Medios insultar a la madre de la cantante.Y aparecieron los que se esconden detrás de seudónimos en las redes sociales. Porque esta maravillosa creación de la Internet dio lugar a la miseria de quienes tiran piedras sin dejar ver la mano. Alguien diría que es la honra de las personas tirada al fango. De nuevo el canibalismo. El comernos los unos a los otros. Miembros de tribus enemigas que no pueden tolerarse. Y esto es un volver atrás en el tiempo. A nuestro estado primitivo.Tenemos que educarnos en la idea del deber de escuchar al otro. Y no para estar de acuerdo necesariamente. Sino para respetarlo, y tratar de ver cuánta razón hay en lo que dice. Escuchar al otro no es debilidad, sino fortaleza. Si se me acusa de robar debo gritar mi inocencia, y no descalifico al que me denuncia. Lo que necesitamos escuchar en los debates son razones. Veo programas de tele donde solo se superponen gritos. Columnistas que interrumpen permanentemente. Y donde crece esa sensación de desesperanza y frustración al ver que no avanzamos. En este cumpleaños del Querido Diario El Debate Pregón quiero brindar por una larga y productiva vida; porque siga siendo una tribuna abierta a todas las voces, y donde cada lector sea protagonista. Que el diario sea, como proponía ese médico ejemplar que fue el Doctor Enrique Beveraggi, un "pensadero"; que además de informar, origine un sitio destinado a pensar cómo resolvemos, entre todos, los problemas urgentes de miles de compatriotas que sufridamente enfrentan la vida cada día. Sin vivienda digna, sin agua potable, sin educación. Para final, una reflexión de M.Ghandi; "Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio"
