Hoy cumple 73 años el Hogar de Ancianos
“María Narvarte de Arena y el Hogar de Ancianos”
Siguiendo la saga de los Narvarte, hoy voy a recordar a María Narvarte de Arena, mi tía abuela.
Voy a ubicarla en el ambiente familiar de la época para poder comprender su posterior acción social en beneficio de la comunidad.Toda esa familia presidida por Narciso Narvarte y Agustina Landa se crió y desarrolló en un ambiente especial.Dos fueron sus principales características: un principio elevado del sentido de la educación y un acendrado espíritu religioso.Esas dos características hicieron que el accionar de sus miembros, (mujeres incluidas), trascendieran las costumbres de su época.Vivieron en una casa en la cual la música era fundamental.Mi madre decía que crecía en una casa en la que había 5 pianos: dos regalados por el General Urquiza a mi bisabuelo (que están en el Museo de Gualeguay), uno que creo que está en el Hogar de Ancianos y dos que quedaron en mi casa de la infancia y que se perdieron en la polvareda del tiempo.Ellos formaron una comunidad familiar muy especial en la cual, tanto las mujeres, como los varones tuvieron, algunos de ellos, una actuación singular en la sociedad de su época.Yo recuerdo que con mi hermana Martha, revolviendo en el cajón del ropero de la tía Esther, en una de esas siestas interminables de nuestra infancia, en las cuales había que quedarse adentro, encontramos un diario de la época que se llamaba Mefistófeles, diario dedicado al bello sexo y que solo salía los domingos.Lo habían guardado porque tenía un artículo titulado Chez Narvarte. Era el comentario de una reunión que habían hecho mi abuelo Fermín y su mujer Jacinta Gallino, una noche de Carnaval.Nombraba los asistentes a la misma y hacía referencia a Isabel y María como jóvenes agraciadas atendidas por los galanes de la época.Era un tiempo en el cual, como dice Ana Emilia Lahite en su artículo Altri Tempi "Las salas enfundadas como inmensas corolas y un secreto soleado: el país de los patios.Se decía glicina, heliotropo, diamela como hoy se dice A.D.N. Sideico.Aquel cielo privado con chicos y canarios y huertos y murales de macetas pintadas era de veras cielo.Aquellos cielos bajos, a ras de tierra, humanos.Allí donde ser niño era tener abuelos en la casa y amarlos.Ser niño era pedirles que nos dieran la mano porque teníamos miedo y volver a pedirles que nos contaran cuentos y llorar junto a ellos penitencias y encierros"Pero aun en ese mundo de patios soleados, de casas amplias, había gente mayor que estaba sola, que no tenía familia o no tenía los recursos necesarios para su atención.Y María Narvarte de Arena que había formado su propia familia, se había casado con Andrés Arena y tenía sus propios hijos, fue consciente de esa falta de una Institución que cobijara a esas personas carecientes.Con su espíritu solidario, heredado de sus mayores, f1otando en la casa de su infancia, trabajó intensamente para lograr que una Institución de esas características, se constituyera en Gualeguay.Con ímprobos esfuerzos consiguió el dinero necesario para llevar a cabo esa obra. Hizo valer seguramente el prestigioso nombre de su familia, respetado en la comunidad y habló en numerosas ocasiones con el Padre Manuel Peralta que era, en ese momento, Cura Párroco de la Iglesia San Antonio, para pedirle el apoyo necesario para llevar a buen término esa empresa.Las instituciones que perduran son las que realmente han cubierto una necesidad de la gente, como en este caso el Hogar de Ancianos.Se hace muy difícil hoy, con viviendas más chicas, dar cobijo a la gente mayor.Hoy casi no hay abuelos en las casas y los chicos tienen pocas referencias de sus antecesores.Los tiempos han cambiado y, en ese sentido, no para mejor.Por eso el Hogar de Ancianos, hoy, como cuando se creó, brinda un servicio a la comunidad que María Narvarte de Arena, en un tiempo muy distinto, vislumbró.Áurea Bascoy Narvarte de Núñez Julio de 2015
