Navidad: Un testimonio
Esto sucedió en mi bella Guadalajara hace ya bastantes inviernos. Fue mi primer navidad cerca del Señor. Estaba en un grupo juvenil, el Círculo de Estudiantes católicos, en el cual vivíamos una espiritualidad muy cerca de la vida.
Nos reunimos en la Casa Social la tarde del 24 de diciembre; tuvimos una celebración de la Palabra, cantamos villancicos y, al final, hicimos un momento de oración.Con la espontaneidad propia de la juventud, cada uno improvisaba sentidas palabras de alabanza y agradecimiento.Una de las compañeras que solía ser un "cascabel" estaba muy callada. Cuando empezó a hablar dijo palabras que a todos nos llegaron."Señor, te quiero pedir perdón porque este año quise prepararme para vivir navidad... y mirá, estoy peleada con mi mamá..., ando de mal humor, me siento deprimida.Todos nos quedamos sorprendidos por la honestidad con la que empezó ella a hablar... Las lágrimas corrieron por sus mejillas y un profundo silencio invadió la capilla.Ella continuó hablando: "Per, sabes, Señor, me alienta pensar que si te detuviste a nacer en una cueva fría, sucia y maloliente, con toda confianza te puedo ofrecer mi corazón. No estoy preparada, pero, sin embargo, ven a nacer en mí."Para esos momentos ya todos nos habíamos contagiado de esa honestidad y de esa paz.Esa noche profundicé mucho en mi experiencia de Dios. Yo me había acercado al grupo juvenil sinceramente porque había muchas muchachas bonitas, y yo andaba en busca de un amor que valiera la pena. Los años previos yo había vivido muy lejos de mi relación con Dios. Cuando ingresé al grupo pues "aguantaba" el ir a misa con tal de disfrutar del ambiente de los demás jóvenes.Esa noche visualicé mi corazón como esa cueva fría, socia y maloliente en la que nació el Salvador... Por primera vez, sinceramente, lo invité a entrar en mi vida.Muchas cosas empezaron a pasar desde entonces porque toda conversión es un proceso largo y gradual... pero esa bendita noche de navidad fue muy importante.Ojalá que este relato toque a muchos que no se atreven a acercarse a Dios por la conciencia de sus miserias y de sus muchos pecados.Hayas hecho, lo que hayas hecho..., aunque hayas manchado tu corazón... ábrete al amor que Jesús te ofrece.Fr. Fernando Rodríguez-(Fuente. Revista Crecer)Mujeres de la Acción CatólicaParroquia San Antonio.
