Nuestra ciudad, nuestro pueblo
Promediando una tarde del fin de semana, cuando todos aún corren tras sus urgencias, trabajos, ansiedades; cuando el tránsito se arremolina por ir más rápido y las motos nos aturden arrancando temores por sus osadas piruetas, un niño, de no más de 12 años, paseaba tranquilo con su caballo tobiano por la calle Urquiza.
Orgulloso y sonriente saludaba a quienes con un dejo de asombro lo veían pasar. Es una imagen ya poco común en nuestra ciudad y me resultó enternecedora, me llevó a un pasado no muy lejano y no pude con mi genio. Detuve mi camino, bajé del auto y le pedí permiso para sacarle una foto. "¡Por supuesto!", me contestó, y ahí salió la imagen, en la calle de adoquines, con el marco de casas antiguas, en un atardecer. Le pregunté hacia donde iba y la respuesta me resultó más dulce aún: "Voy a llevar a mi yegüita al veterinario porque creo que "embarazada".¡Gracias, pequeño jinete por esta tarde de pueblo que me regalaste!Graciela Saavedra.
