Club Social: R. Barboza Cuarteto
Numeroso público disfrutó del arte de un genuino talento
Nuevamente nos ha visitado Raúl Barboza, el gran acordeonista argentino radicado en Francia desde hace ya muchos años, para regalarnos con creces su arte inigualable. Su concierto en el Club Social realizado el sábado por la noche, concitó el interés del numeroso público que se dio cita en el salón mayor de la mencionada institución. Y no era para menos, ya que su talento indiscutido atrae siempre al público que tiene la certeza que será testigo de un momento musical único.
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En esta oportunidad presentó su nuevo trabajo discográfico "Barboza Cuarteto". Los músicos que lo acompañan, de los cuales Nardo González en guitarra y Roy Valenzuela en bajo, vienen actuando con él desde hace muchos años, a quienes en esta oportunidad se suma Cacho Bernal en percusión, realzan magistralmente cada una de las composiciones brindadas. Cacho Bernal, en su primera actuación en Gualeguay, demostró que el aporte de la percusión con sus matices rítmicos se justifica plenamente.El maestro Barboza dando muestras de la generosidad que le es propia, invitó a Damián Lemes, joven cantor de la ciudad de Gualeguaychú, quien se presentó con cuatro interpretaciones de las cuales destacamos una canción, Guarambao a JUAN L. y un chamamé de Ramón Ayala a capella, interpretación muy lograda.Habiendo arribado de Francia el miércoles pasado y después de un largo tiempo en que con sus músicos había grabado el CD que presentaban en la noche del sábado, Raúl Barboza confiesa que no habían, por lógica, tenido mucho tiempo para ensayar. A pesar de ello sus entregas fueron deslumbrantes, gracias a su capacidad de improvisación, su espontánea creatividad. Sin lugar a dudas, a través de los años vemos que el maestro Barboza, el gran acordeonista, es y ha sido coherente, auténtico para transmitir ese magnetismo musical que lo caracteriza.La música de Raúl Barboza es el arte de un genuino talento. Sus recursos técnicos, su ritmo vital, sus armonías tan personales cautivan a través de cada una de sus interpretaciones. Tanto en "Lágrimas", chamamé de Francisco Casís, como en el rasguido doble "Duende de la siesta" de su autoría, Barboza da muestras de una perfecta digitación. En "Nazareno el artesano", en homenaje a quien le construyera su primer acordeón cromático, Barboza crea en ritmo de vals una deliciosa melodía.Pasa el tiempo, y cuando lo escuchamos nuevamente su acordeón nos sorprende al regalarnos una nueva expresión musical. Eso me ocurre por ejemplo con "Tren expreso" en donde por momentos percibimos una atmósfera diferente, un original color, lo mismo que en "La Calandria" con un lenguaje estilizado, en la evocación nostálgica al momento de sugerir el tema. Siempre su sonoridad nos describe paisajes, sonidos, sentimientos. No es necesario conocer música para percibir su lenguaje exquisito y único. Solamente hay que abrir el alma y adentrarse en ella, en la expresión emocionada de un hombre que, a pesar de vivir desde hace muchos años en Francia, lejos de su país, de su gente, lleva la música de su tierra en el corazón, la que lo acompaña, lo nutre y le confiere esa elocuencia musical única que lo distingue del resto de los compositores litoraleños.Zélika Alarcón de Tamaño
