Otra gran deuda: el sistema educativo
Se desató esta semana la polémica sobre educación, a partir del nuevo régimen de primaria adoptado en la provincia de Buenos Aires. El nivel educativo de la Argentina acusa un franco descenso, según evaluaciones internacionales.
Cada tanto el tema de la educación salta a la mesa de las discusiones. La cantidad de días de clases, los sueldos docentes, los paros, las deficiencias de infraestructura, el mezquino presupuesto de los comedores escolares, suelen ser los motivos más frecuentes de controversias. Acerca de la calidad educativa se debate menos, pero es la cuestión central.Por un lado las estadísticas internacionales, por otro las comprobaciones comunes de los niveles de aprendizaje evaluados en casos de la vida cotidiana y en concursos de empleos o de ingresos a la universidad, además de la experiencia de personas adultas al cotejar sus tiempos escolares con los actuales, demuestran de manera coincidente un marcado retroceso de la educación en nuestro país. Nada es casual en asuntos de estado. La educación hace bastante tiempo que perdió su lugar prioritario dentro del cuadro de políticas públicas. Otras preocupaciones, por lo general derivadas de problemas de coyuntura, la han desplazado. La educación es para mañana. Los gobiernos tratan de arreglar lo de hoy. Así sucede, con ligeras variantes, desde hace por lo menos cuarenta años. No sólo en educación, sino en otros aspectos de la vida nacional. Los resultados están a la vista. Y se agravan a medida que pasa el tiempo. Si algo ha caracterizado de manera notoria a los últimos gobiernos, es la carencia de planes y programas, con objetivos y métodos de acción. Actúan según las circunstancias. Un funcionario de cierta jerarquía o un grupo de poder proponen algo y allá vamos todos detrás de la ocurrencia, a favor o en contra, sin términos medios, según lo observamos a diario. En definitiva es el estilo de moda. Unos contra otros. No compatriotas, sino enemigos, enfrentados por cuestiones del momento como si se tratara de la batalla final.Un sistema facilista En materia educativa el debate de la semana -y seguramente del mes- ha sido iniciado por la provincia de Buenos Aires con su nuevo régimen de evaluación del nivel primario a aplicarse desde 2015. Cabe suponer que la supresión de los aplazos, la limitación de las repitencias a insalvables casos extremos y la promoción sin mayores esfuerzos, más bien livianita, constituyen el resultado de estudios realizados por pedagogos. Sin embargo, la polémica que en pocos días se ha suscitado revela que se trata de una iniciativa impuesta por un reducido grupo de funcionarios bonaerenses con el matiz de una improvisación que asusta porque se trata de los niños y de su futuro. Está en línea con otras medidas similares adoptadas poco tiempo atrás en varias provincias -inclusive en Entre Ríos-, no con el carácter de nuevo régimen o sistema innovador que se le ha impuesto en Buenos Aires, sino como ensayos, de todos modos discutibles. Es probable que sea necesario introducir innovaciones. En todos los casos, se entiende, conviene orientar las reformas a mejorar el sistema pensando en un nivel educativo ascendente, no en el facilismo o en el menor esfuerzo. Se trata de personas que recién están iniciando su tránsito por la vida. La mentada "inclusión" no se alcanza regalando promociones, sino proporcionando a los gurises las herramientas básicas que les permitirán afrontar el futuro y trabajar en provecho propio, con libertad e independencia individual.En el fondo de la tabla.Por Mario Alarcón MuñizLea más en la edición impresa en papel
