Perdonar ofensas
Cuando soy ofendido, experimento un dolor profundo: rabia, decepción, impotencia, sed de justicia y venganza se mezclan en mi corazón herido. Cuando más grande es la ofensa más se profundiza este sentimiento. Y entro en un camino parecido al de un duelo por hay algo que muere en mí, una ilusión, una expectativa.
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¿Qué hacer con el dolor de haber sido ofendido? Hay quienes edifican su personalidad sobre el resentimiento y de este modo atraen miradas desde su posición de víctimas. Es una forma de narcisismo afirmar la propia personalidad desde la mirada de lástima que los demás tienen por la herida que la persona ha recibido.Hay quienes organizan guerras legitimando violencias desde la obsesiva conciencia de sentirse herido como personas y como sujetos pertenecientes a una comunidad.Quienes han sido víctima de una agresión tienden a identificarse con el agresor.Hay quienes se hunden en la impotencia de la depresión llorando la condición que deja el resentimiento cuando se hace crónico.El perdón es la gran respuesta, pero no es una respuesta fácil de llevar adelante.Se necesita andar el camino, madurar.Se necesita dimensionar el tamaño del agresor: "Eres del tamaño del enemigo que eliges" dijo un sabio. Si decides una terrible venganza contra el mosquito que te picó eres del tamaño de un mosquito.Dijo Henri Lacordaire: "¿Quieres ser feliz un momento?, véngate; ¿quieres ser feliz para siempre? perdona". Es conocida la frase: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mateo 18).Hoy está muy difundida la costumbre de indignarse ante la corrupción, la injusticia. El desafío es aprender a convertir esa indignación en una predisposición espiritual que genere en las personas y las comunidades actitudes creativas para salir al encuentro de los males, para prevenirlos o sanearlos.Hay quienes piensan que el perdón impide la justica y que el llamado a la reconciliación es el eufemismo de la impunidad que pretenden tener los enemigos del bien común: El amor al enemigo, predicado por Jesús, no obstaculiza la llegada de la justicia y la paz. Al contrario, esa capacidad de perdonar libera delodio y del ánimo de venganza, y dispone a una verdadera reconciliación. Quien ha introducido alguna vez odio en su corazón, siente la necesidad de olvidar y de liberarse de esa parte oscura de su historia.Sin perdón y reconciliación no hay familia, no hay pueblo, no hay comunidad eclesial.El perdón y el amor al delincuente no van contra la justicia rectamente entendida.Las largas guerras civiles que han padecido nuestros países latinoamericanos nos muestran la consecuencia que tiene la falta de perdón y el odio cuando se convierte en espiral de violencia.La visita del papa Francisco a Colombia nos demostrado la importancia de ser "instrumento de paz" como dice la oración franciscana.Digamos este domingo: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Porque hemos sido perdonados, dispongamos nuestros corazones al perdón.
