Producción ovina: Sergio Taffarel pidió más oferta y cuestionó la falta de políticas sostenidas
Sergio Taffarel lleva más de tres décadas vinculado a la producción ovina. Oriundo de la zona de Cuchilla, en el departamento Gualeguay, y actualmente radicado en Herrera, departamento Uruguay, desarrolló buena parte de su trayectoria entre majadas, exposiciones, genética y espacios de intercambio con otros productores.
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Durante una entrevista, repasó distintos momentos de la actividad y puso sobre la mesa algunas de las dificultades que, según su experiencia, atraviesa actualmente el sector. Entre ellas mencionó la disminución del stock ovino, la informalidad de la comercialización, las dificultades para generar una oferta permanente y lo que considera una falta de incentivos sostenidos por parte de los distintos gobiernos.
Una actividad marcada por los altibajos
Al recordar sus más de 30 años en el sector, Taffarel no ocultó que el camino estuvo atravesado por momentos buenos y malos.
“Ha tenido muchos altibajos”, resumió al referirse a su trayectoria. En sus comienzos, explicó, se dedicó a la actividad con entusiasmo y fue incorporando conocimientos a partir del contacto con otros productores, sociedades rurales y organizaciones vinculadas al sector.
En ese recorrido tuvo participación en grupos de Cambio Rural y llegó a intervenir en espacios relacionados con la aplicación de la Ley Ovina. Esa experiencia le permitió conocer desde cerca las herramientas destinadas al desarrollo de la producción.
Según recordó, durante el período en que la Ley Ovina tuvo aplicación sostenida en Entre Ríos, el stock provincial declarado ante Senasa pasó de unas 300.000 a unas 650.000 ovejas. Sin embargo, sostuvo que posteriormente la actividad volvió a retroceder, tanto a nivel provincial como nacional.
La preocupación por los corrales con menos animales
Durante su recorrido por una exposición, Taffarel observó una situación que le generó preocupación: la presencia de corrales con menos animales que en otros años.
Aunque aclaró que se trataba de una primera impresión y que analizaría posteriormente los ejemplares desde una mirada técnica, señaló que le gustaría encontrar mayor cantidad y calidad de animales.
La observación derivó en uno de los planteos centrales de la entrevista: la necesidad de que el sector no se concentre exclusivamente en la genética, sino también en generar volumen de producción.
“Hay que enfocarse a las majadas comerciales”, sostuvo.
Para el productor, desarrollar genética tiene sentido en la medida en que esa genética contribuya a producir más corderos y carne. De lo contrario, advirtió, el riesgo es que los propios productores terminen comprando y vendiendo reproductores entre ellos sin lograr ampliar realmente la producción destinada al consumidor.
La polémica por la falta de carne ovina en las góndolas
Uno de los puntos más críticos de su análisis estuvo relacionado con la escasa presencia de carne ovina en carnicerías y góndolas.
Taffarel cuestionó la idea de que el principal problema sea la falta de consumidores. Por el contrario, afirmó que existe demanda y que el verdadero inconveniente está en la escasez de oferta.
Su argumento se apoya en una experiencia personal: luego de un problema sanitario que afectó a su establecimiento, debió enviar sus animales a faena. En ese contexto, aseguró haber comercializado más de 100 corderos y borregos rápidamente.
“Entonces, ¿qué es lo que pasa? Falta oferta. ¿Y por qué no tenemos oferta? Porque no tenemos producción”, planteó.
La experiencia, relató, le permitió comprobar que existe un mercado dispuesto a comprar cuando la carne está disponible.
La informalidad, un obstáculo para llegar al consumidor
Para Taffarel, la falta de producción también está relacionada con una característica histórica de la actividad: la comercialización informal.
Explicó que muchos pequeños productores generan una cantidad limitada de corderos y los venden directamente a conocidos, vecinos o clientes particulares para reuniones, cumpleaños, asados o durante las fiestas de fin de año.
Ese mecanismo representa, según señaló, un ingreso importante para el productor, pero al mismo tiempo dificulta que la carne ingrese al circuito comercial formal.
La consecuencia es que el producto termina sin llegar de manera habitual a las carnicerías tradicionales o a las góndolas de los supermercados.
El productor sostuvo que la formalización es posible y que no necesariamente implicaría costos elevados, pero consideró que primero es necesario generar una producción suficiente para abastecer ese circuito.
Una propuesta: producir más para formalizar
Taffarel planteó una idea concreta para abordar el problema.
Propuso que un productor que actualmente genera una cantidad reducida de corderos pueda mantener una parte de esa venta directa, pero sea incentivado a aumentar su producción para destinar el excedente al mercado formal.
“Si vos vendés 20 corderos informal, está bien, vendés esos 20. Pero hacé 100 corderos”, explicó como ejemplo.
A su entender, esos animales adicionales podrían ingresar al circuito formal y contribuir gradualmente a generar una cadena comercial más estable.
En ese punto, reclamó políticas que incentiven al productor a ampliar sus majadas y no solamente a desarrollar animales de genética.
El caso de scrapie que cambió su producción
Uno de los momentos más difíciles de su trayectoria estuvo relacionado con la detección de scrapie en animales de su establecimiento.
Taffarel explicó que se trató de una enfermedad neurodegenerativa que fue detectada en animales importados desde Paraguay. Según relató, en aquel momento se registraron tres casos en el país, dos en Santa Fe y uno en Entre Ríos, correspondiente a su establecimiento.
El productor explicó que la detección tuvo consecuencias sobre el estatus sanitario del país y generó modificaciones en los protocolos y condiciones comerciales.
Pero el impacto personal fue todavía mayor: debió despoblar su establecimiento y enviar los animales a faena mediante el circuito correspondiente.
La situación significó un golpe para un productor que había construido durante años su majada y su trabajo en torno a la actividad.
Sin embargo, incluso en ese escenario encontró un dato que reforzó su mirada sobre el mercado: los animales pudieron venderse.
“Acabamos de vender más de 100 corderos que teníamos, que cuidábamos, borrego, todo, y el consumo está”, relató.
La crítica a la falta de políticas sostenidas
Taffarel fue particularmente crítico al hablar del papel del Estado.
Afirmó que trabajó con diferentes gobiernos y destacó que las diferencias políticas no deberían interferir cuando se trata de producción.
“Cuando se trata de trabajo y se trata de producción hay que ir por eso y no por lo político”, expresó.
Su cuestionamiento apunta a la falta de continuidad de las políticas destinadas al sector. En particular, lamentó el debilitamiento de herramientas que, desde su perspectiva, habían permitido fortalecer la actividad ovina.
“Es una actividad que no sé por qué no atrae a los gobiernos a fomentarla”, manifestó.
La frase sintetizó una de las principales preocupaciones expresadas durante la entrevista: la sensación de que la producción ovina todavía no ocupa el lugar que podría tener dentro de la economía agropecuaria.
El espejo del cerdo y una comparación que genera diferencias
El productor también se mostró crítico con las comparaciones entre la producción ovina y la porcina.
Reconoció que el desarrollo de la carne de cerdo puede ser tomado como referencia para pensar nuevos cortes y formas de comercialización, pero advirtió que las características reproductivas de ambas especies son muy diferentes.
Explicó que una cerda puede tener varias pariciones y numerosas crías por año, mientras que la oveja presenta una capacidad reproductiva mucho más limitada.
Por esa razón, consideró que para construir una oferta constante de carne ovina se necesita una cantidad considerablemente mayor de vientres y animales en producción.
La discusión, en definitiva, vuelve al mismo punto que atravesó toda su exposición: sin una base productiva suficiente, difícilmente pueda consolidarse una cadena comercial estable.
Una historia atravesada por la tradición y la nostalgia
Más allá de los números y las dificultades, la entrevista también dejó espacio para una mirada más personal.
Taffarel recordó que comenzó con pocas ovejas junto a un tío, quien le enseñó a esquilar. A partir de allí fue construyendo una trayectoria que llegó a tener, en determinado momento, una majada de más de 300 madres.
También evocó aquellos años en los que los clientes llegaban al campo para comprar sus corderos y recordó con cierta nostalgia una forma de producción y comercialización ligada al contacto directo entre productor y consumidor.
“Me gusta hacer lo que no hacen todos”, explicó al recordar por qué había elegido la producción ovina.
Esa frase refleja parte de la relación personal que mantiene con la actividad: una elección que comenzó como una inquietud diferente y terminó convirtiéndose en más de tres décadas de trabajo.
Una actividad que busca volver a crecer
Hacia el final de la entrevista, Taffarel dejó una mirada que combina preocupación y expectativa.
Reconoció los problemas que atraviesa el sector, desde la disminución del stock hasta la informalidad y la falta de políticas que, según su visión, acompañen de manera sostenida al productor.
Pero también sostuvo que existe una oportunidad si se logra incrementar la producción y generar una oferta suficiente para abastecer al mercado.
Su planteo parte de una premisa sencilla: el consumidor existe, pero necesita encontrar el producto.
Para eso, considera necesario fortalecer las majadas comerciales, aumentar la cantidad de corderos producidos, mejorar los mecanismos de comercialización y generar condiciones que permitan que una mayor parte de la carne ovina llegue al circuito formal.
Antes de finalizar, Taffarel agradeció el espacio periodístico y destacó la importancia de comunicar el trabajo de los productores.
“Esto necesita promoción”, sostuvo. Una frase que, después de más de 30 años en la actividad, resume tanto su preocupación por el presente como su expectativa de que la producción ovina pueda recuperar protagonismo.