Querido Beto…
Beto era mucho más que un amigo. Era mi hermano del alma. Era “mi viejo” y yo “su vieja”. Beto tuvo una característica fundamental que ningún hombre tuvo conmigo: la fidelidad. Fue fiel conmigo hasta la muerte. Por eso hoy puedo decir que me siento sin papá, sin hermano, sin pareja… Sí, sin pareja, porque estar sin pareja es no tener a alguien codo a codo junto a mí. Y ese alguien era él. Siempre lo tuve de la mano, pero hoy siento que me falta ese hombre, esa mano. Era una de las personas que más quería, tanto como a mi padre. Me atrevería a decir a la par de mi viejo. Porque en ese sentido él y yo nos podíamos decir de todo, sin enojarnos. Con sus frases que sólo él me decía; y, además de eso, esa complicidad que con sólo mirarnos ya sabíamos lo que pensaba el otro.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/042/0000042170.jpg)
Y en medio de esa complicidad, otra de las características que más me daba risa eran sus planteos y sus escenas de celos. Hasta con gente que él también quería.Pero más allá de eso, era un hombre muy sabio y consejero.Disfruté y fui la primera fans de sus peñas, sus presentaciones como músico en cualquier bar o boliche. La música era algo que tanto amaba y llevaba en el alma. Uno se siente desvalido porque él era único, como su comparsa. Y respecto a la comparsa, precisamente, creo que, sin dudas, va a comenzar una nueva etapa.Porque él tenía su impronta. Y le ponía un sello propio a cada presentación. Dentro de nuestro grupo era una especie de moderador. Él me calmaba, me señalaba la ruta, me hacía ver cosas que por ahí yo no notaba. Conocía hasta el último integrante, incluso más que yo. Y se relacionaba con todos. Y todos lo querían. Me cuesta imaginar cómo voy a hacer en las noches de carnaval sin su presencia, porque además de todo, había entre nosotros una especie de ritual cada noche cuando él pasaba por casa y nos íbamos juntos en el auto. Intento hacer memoria, pero no recuerdo cómo llegó a mi vida. Pero sí sé cómo se fue: tranquilo, sin molestar, educado, agradeciendo a las enfermeras, siendo un caballero, un señor. Soportó su enfermedad y su deterioro estoicamente. Jamás me habló de religión en su vida, pero en el último tiempo se aferró hasta la última estampita, medalla o dibujo que le llevaban.Cuando el dolor pase, creo que el mejor regalo sea homenajearlo día a día. Poder ser, aunque sea una cuarta parte de lo que era él. Mi hermano no sufre más, pero la pregunta es cómo hago yo, cómo hacen los chicos, cómo hacen los familiares. Todo el mundo me dice que la receta o la respuesta me va a llevar descubrirla unos días y en poco tiempo él nos va a guiar de alguna manera.Yo sé que me va a esperar, sentadito con una sonrisa pícara como lo encontraba a menudo. Pero hoy, el vacío es inmenso.Gabriela Matteucci
