Carlos Legna Verna
Refugiados, migrantes y derechos humanos
Los desplazamientos de población son tan viejos como la humanidad. Se han producido por cuestiones religiosas y políticas (como persecuciones), guerras, crisis económicas (como la de Argentina en 2001) y diferencias en la calidad de vida, entre otras causas. En estos momentos asistimos a otra “crisis humanitaria” como a veces se designa a los problemas derivados de estos flujos: la gran demanda de asilo de refugiados que se dirigen a Europa. Es conveniente proporcionar algunos datos para precisar la magnitud del problema del que estamos hablando. Según ACNUR (la Agencia de NNUU para los refugiados) entre enero y septiembre de este año han entrado a la Unión Europea casi medio millón de refugiados y de inmigrantes que huyen de las guerras o simplemente buscan una vida mejor. La mayoría se encuentra en una situación ilegal, porque varios países les ponen trabas para regularizarla.
También según información de ACNUR, los países que han sido los expulsores más importantes de migrantes entre enero y septiembre de 2015 son Siria (el 54%), Afganistán (13%) y luego en menor medida Eritrea, Pakistán y Nigeria. Según estas cifras más de la mitad procede de Siria. La guerra en este país ha generado casi ocho millones de desplazados dentro del mismo (7,6 millones para ser más precisos) y unos cuatro millones han huido (4.086.760). Por otra parte, hay algo más de un millón de personas que buscan asilo en Líbano y unos 600.000 en Jordania, entre otros países. Es decir que estamos hablando de una situación dramática de más de trece millones de personas. Pero esa no es la cantidad total de los que buscan un refugio. Según el último informe de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, en 2013 había 51,2 millones de personas que vivían fuera de sus hogares a causa de la persecución, las guerras y las violaciones de los derechos humanos (de los cuales 33,3 millones eran víctimas de desplazamiento interno). Según la Comisión, es la mayor cantidad de desplazados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.La principal fuente de la crisis actual es la guerra en Siria, si bien no es la única. Es interna y externa, porque hay factores internos pero también, y muy importantes, externos. Además de los grupos islamistas, el país es un teatro de los enfrentamientos entre Rusia y los países occidentales (lo de Siria merece varios artículos, porque es un indicador de la nueva geopolítica mundial).Pero la situación de Siria no es la única causa de los grandes desplazamientos de población que se están produciendo en la actualidad. A los factores políticos e incluso religiosos que los causan hay que agregarle la creciente desigualdad en la distribución de los ingresos y de la riqueza, que caracteriza al orden económico actual. Hay opulencia en unos pocos y del orden de mil millones de seres humanos que no logran alimentarse adecuadamente. Los Objetivos del Milenio y otros esfuerzos de Naciones Unidas para reducir la desigualdad no se han cumplido. Desigualdad, guerras y violencias de todo tipo son un buen coctel para generar grandes desplazamientos de población en busca de mejores condiciones de vida. Y no parece que esto tenga solución a corto plazo, por lo que el drama de los refugiados continuará.La respuesta europea y algunas conclusiones¿Cuál ha sido la respuesta europea hasta el presente? Después de meses de debates la UE ha aprobado la recepción 160.000 refugiados y su reparto entre los países que la componen de. A los solicitantes de asilo se los recibirá de manera escalonada durante los dos próximos años. Evidentemente, se trata de una gota de agua en ese mar de desesperados. A pesar de que se trata de una simple gota, la respuesta se ha producido muy lentamente, porque la mayoría de los países de la UE no tiene mucho entusiasmo para recibir refugiados o inmigrantes. Otros han tenido una actitud aún más dura. Los que pertenecieron al Bloque Soviético (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumania) directamente votaron en contra; y Finlandia se abstuvo. Los gobernantes húngaros han sido particularmente duros, y más de una de sus declaraciones puede considerarse racista y xenófoba. Cabe también observar que al interior de la UE el comportamiento de los países respecto de los refugiados no es igual. Suecia, por ejemplo, según ACNUR recibió algo más del 80% de los iraquíes que solicitaron ir a ese país en calidad de refugiados.No se observan en la UE acciones para atacar las causas del problema: las discusiones se están centrando en cuántos acoge cada país y en convencer a los que no quieren recibir a nadie. En un artículo publicado en "Project Syndicate" hace unos días (el 22 de septiembre) Peter Sutherland, que es el Representante Especial del Secretario General de NNUU para la Migración y el Desarrollo opina que la actitud de algunos países europeos está siendo inmoral y xenófoba y que esa actitud arrastra a los otros o impide sus esfuerzos. Se daña así el sistema global de ayuda a los refugiados, del cual los europeos fueron los principales beneficiarios durante los últimos 64 años.¿Es esta reacción (y la de otros países que no ayudan ni acogen a nadie, como Arabia Saudita) "humanitaria"? Si bien la respuesta parece evidente, conviene recordar algunas ideas que se expusieron en los "Considerando" del Estatuto del Refugiado que aprobó Naciones Unidas en 1951, justamente para proteger a los ciudadanos europeos afectados por la Segunda Guerra Mundial, el que luego fue modificado en 1967 para tener en cuenta a los perseguidos del resto del mundo (al que se adhirió España en 1978). Al inicio del Estatuto se afirma que "la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos del Hombre, aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General, han afirmado el principio de que los seres humanos, sin distinción alguna, deben gozar de los derechos y libertades fundamentales" y que "(...) las Naciones Unidas han manifestado en diversas ocasiones su profundo interés por los refugiados y se han esforzado por asegurar a los refugiados el ejercicio más amplio posible de los derechos y libertades fundamentales". El mundo aprobó esa Carta pensando en los ciudadanos europeos y ahora este continente tiene la oportunidad de devolver el gesto.La dramática situación actual es la más importante desde la Segunda Guerra Mundial y no obedece a factores coyunturales; es el resultado de cuestiones de fondo de la economía y de la geopolítica mundial. Y al menos para paliarla se deberían atacar, con fuerza, esas causas profundas, pero no se está haciendo. Tampoco se están respetando los Derechos Humanos y el Estatuto del Refugiado, porque líderes con poder (no todos) están reaccionando con egoísmo.Estos líderes no quieren recordar que en momentos difíciles para este continente otros países recibieron a sus emigrantes, como fue el caso de varios de los de América Latina; entre los cuales fue importante Argentina. Por el contrario, la sociedad civil, muchos "ciudadanos de a pie", intelectuales y miembros de organizaciones humanitarias, entre otros, están reaccionando guiados por valores acordes con los de los Derechos Humanos. En cuestiones de ética, muchos ciudadanos van por delante de sus líderes.
