Espacio de Kinesiologia
Rehabilitación cardiovascular (RHCV) en Insuficiencia Cardiaca Crónica:
La Insuficiencia Cardiaca (IC) es un síndrome clínico que se caracteriza por una alteración en el aporte de oxígeno a los tejidos o de dificultades en el retorno venoso desde los mismos a causa del funcionamiento defectuoso de la bomba cardiaca. Responde a múltiples etiologías (cualquier anomalía estructural, mecánica o eléctrica puede derivar en una situación de IC) y es multiorgánico (compromete principalmente al corazón, pero también al sistema vascular periférico, renal, neurohumoral, musculoesquelético y al resto del organismo).
Ha despertado mucho interés en las últimas décadas debido a su elevada y creciente prevalencia, los altos índices de hospitalización, invalidez, mortalidad y los enormes costos que ocasiona al sistema de salud. Es el estadio final de un importante número de patologías cardiacas; en la mayoría de los casos este síndrome es progresivo y tiene un uniforme mal pronóstico, dentro de este concepto debe tenerse en cuenta la incidencia elevada de muerte súbita.Al ser un síndrome con afectación multiorgánica la fatiga y el descenso de la capacidad funcional (CF) dependen de múltiples factores y no solamente de la disfunción ventricular; las alteraciones pulmonares, circulatorias, musculoesqueléticas, trastornos psicológicos y nutricionales, son asimismo responsables de los síntomas.La importancia de la IC radica actualmente en el aumento de la incidencia y la prevalencia atribuibles a la mayor sobrevida de la población general, junto con la persistencia y aumento de factores de riesgo para IC (particularmente la enfermedad coronaria, la hipertensión arterial, la diabetes, el sedentarismo y el sobrepeso), su elevada morbimortalidad y el consumo significativo de recursos dedicados al cuidado de la salud, además, la IC es la principal causa de internación en pacientes mayores de 65 años con una tasa elevada de reinternación.El diagnostico de IC puede realizarse habitualmente mediante la anamnesis y el examen físico, acompañado de pruebas complementarias no invasivas o invasivas. Es útil evaluar el o los factores etiopatogénicos que contribuyeron al desencadenamiento y agravamiento de la enfermedad. La causa más frecuente de IC es la enfermedad coronaria, con la consiguiente disfunción miocárdica que es capaz de provocar. Las miocardiopatías, las valvulopatías y las cardiopatías congénitas siguen en orden de frecuencia.Los signos y síntomas son: Disnea (la sensación de falta de aire es la manifestación más importante), fatigabilidad y debilidad muscular, congestión sistémica e intolerancia al esfuerzo físico.En cuanto al tratamiento, aunque existen varias guías de diagnóstico y tratamiento, la aplicación de programas de atención integral están poco desarrollados y con un papel de la rehabilitación poco relevante en la mayoría de los casos. En este sentido, los tratamientos farmacológicos para pacientes con IC crónica habitualmente no alteran los síntomas de estos pacientes a pesar de reducir la morbilidad y mortalidad. Sin embargo, el ejercicio físico se asocia con mejoría de la capacidad funcional y reducción de la disnea. Los pacientes habitualmente aquejan intolerancia al ejercicio y fatiga muscular. La afección en la musculatura esquelética contribuye a la fatiga e incide de un modo más importante en la etiopatogenia de la disnea que las propias anormalidades de la función cardiaca. El entrenamiento físico en estos enfermos es fundamental, pero también lo es la actuación psicológica, dado el alto porcentaje de ansiedad y depresión que presentan.El objetivo del tratamiento de los pacientes con IC es la supresión de los síntomas, la mejora de la capacidad funcional y de la calidad de vida, con el fin de mejorar la supervivencia, disminuir las hospitalizaciones y reducir la morbimortalidad. Para conseguirlo, el tratamiento debe plantearse de forma integral, y tan importante como los fármacos son las medidas no farmacológicas; dentro de estas últimas, desempeña un papel muy importante los programas de educación y el autocontrol, cuidado de peso, restringir la ingesta de sodio, evitar el tabaquismo, vacunación antineumocócica y antigripal, actividad física regular supervisada.Enfocándonos en la Rehabilitación, aunque las evidencias para resolver la afectación de la musculatura periférica mediante programas de ejercicio físico tienen una base científica sólida, no es hasta finales de la década de 1980 en que se inicia su aplicación. Hasta entonces, a estos pacientes se les aconsejaba evitar la actividad física con la esperanza que, de esta forma, se redujeran los síntomas.Sin embargo, la inactividad física conduce al desacondicionamiento muscular; alteraciones histológicas y metabólicas del musculo. El ejercicio produce un aumento en la tolerancia física evidenciado no solo por el tiempo de tolerancia al ejercicio, sino por un aumento del consumo de oxigeno pico entre un 12-31%. Además, la correlación existente entre las pruebas submáximas (marcha 6 minutos), la concentración de mitocondrias en el tejido muscular y la ventilación/minuto es buena. Aunque algunos estudios han sugerido un efecto beneficioso en la adaptación miocárdica y en los vasos coronarios, los cambios producidos por el ejercicio se dan básicamente en la musculatura periférica. Sin embargo, después de un programa rehabilitación de 16 semanas la frecuencia cardiaca basal y máxima son menores que las obtenidas antes de la rehabilitación, con aumento del volumen sistólico del ventrículo izquierdo, mejora la vasodilatación dependiente del endotelio, reduce la resistencia vascular periférica y aumenta la perfusión muscular.La realización de una prueba de esfuerzo es absolutamente necesaria para la planificación de ejercicio en los programas de RHCV, permite establecer en forma objetiva la gravedad de la alteración de la CF y monitorizar el progreso o la respuesta al tratamiento médico y tiene valor pronóstico. La recomendación médica del tipo y la intensidad de ejercicio físico que el paciente debe desarrollar también puede ser avalada por el estudio ergométrico o formar parte del tratamiento de rehabilitación.El estudio del consumo directo de oxigeno (VO2) es de mayor utilidad pronostica que el resto de las pruebas de ejercicio, considerando que agrega una medición objetiva que lo hace más reproducible al ser relativamente independiente de los síntomas referidos por el paciente o de la interpretación del operador. Su utilización clínica se encuentra prácticamente restringida a la estratificación pronostica de los pacientes evaluados para trasplante cardiaco. El VO2 máximo expresa la integración de múltiples sistemas (respiratorio, cardiaco, vascular, y neuromuscular) permitiendo valorar objetivamente el estado funcional real del paciente. La medida directa del VO2 máximo es el método ideal de cálculo de la capacidad física. Sin embargo, en los pacientes con IC crónica es muy difícil alcanzar la meseta de consumo; es por esta razón que se ha considerado como equivalente los valores de VO2 en el momento de suspender la prueba (VO2 pico).El entrenamiento debe comprender: Ejercicio aeróbico sobre bicicleta o tapiz rodante (para mejorar el VO2 máximo) y ejercicio resistidos (para mejorar la fuerza muscular), acompañados de elongación y estiramientos (para mejorar la flexibilidad articular). En cuanto a los componentes del ejercicio físico en pacientes con IC:Tipo: Aeróbico, ejercicios isotónicos (evitar isométricos) y resistidos de baja intensidad (repeticiones altas y resistencias bajas).Intensidad: Las recomendaciones de la American College of Sport Medicine (ACSM) son: Umbral ventilatorio bajo; 50-70% del VO2 pico; 60-80% de la FC de reserva; Borg 12-14 (Borg modificada < 4), que tolere caminar y hablar.Duración: Cada sesión contara con una entrada en calor, rutina de 20´- 40´ de entrenamiento aeróbico más ejercicios resistidos (40-50% 1RM) y una vuelta a la calma.Lea más en la edición impresa en papelLic. Marcelo Palavecino Kinesiólogo Fisiatra MN: 10983 MP: 1305
