Se realizó una versión escénica del poema “El Gualeguay”, de Juan L. Ortiz
El día sábado 30 de agosto se presentó, en los salones del Club Social y bajo el auspicio de la Sub Comisión de Cultura del mismo club, un espectáculo de real jerarquía. Los responsables de traernos esta propuesta fueron Nardo González (un músico, arreglador y compositor, hijo de esta ciudad, que regresa después de muchos años) y Carina Resnisky, una joven actriz becada por el Fondo Nacional de las Artes.
Nuestro río ha sido cantado por muchísimos poetas, pintado por multitud de plásticos, musicalizado, contemplado y reverenciado por los que hemos nacido a su vera y creemos conocer sus meandros más secretos. Pero, hasta donde tengo memoria, creo que ésta es la primera vez que se actúa. Sin duda todo un desafío que Carina y Nardo aceptaron y quisieron compartir con nosotros. El poema El Gualeguay, de Juanele Ortiz, no es una lectura fácil; la obra de Juanele no es fácil. Hay simbolismos y alusiones que nos hacen volver sobre lo leído y que, si bien despiertan en nosotros algo así como el recuerdo de una memoria prenatal, nunca podemos afirmar que acertamos con la clave que el poeta nos deja para que transitemos la lectura sin tropiezos. Juan José Saer propuso que leamos "El Gualeguay" como se mira una pintura abstracta. Y, modestamente, creo que es una línea de abordaje muy válida. Puntualizadas las dificultades que entraña la lectura de este largo poema (tiene 2.639 versos), se comprende en toda su magnitud el reto que Carina y Nardo debieron afrontar. En primer lugar, la selección de los versos a interpretar requiere un profundo conocimiento de la obra y una pericia exquisita para no lesionar la totalidad del poema. Hay quiebres, naturalmente; pero se trata de cortes practicados por manos expertas; cortes casi quirúrgicos, diría, que no lastiman el delicado tegumento del poema y dejan intacta su frágil belleza. Con un fondo musical muy sutil al principio (casi tan tenue como el lenguaje poético de Juanele) y un juego de luces muy bien manejadas, empieza el espectáculo que nos deleitó por más de una hora. Tuvimos, entonces, la oportunidad de apreciar la extraordinaria expresividad corporal de Carina Resnisky. Y la música de Nardo González nos llevó "hasta la hondonada que dejara, cuándo? el mar" Ahí, empezó la magia. Es digno de destacar la maravillosa sintonía, o la comunión, si se quiere, que nos obsequiaron los dos artistas durante todo el desarrollo del poema-río; así como el compromiso que mostraron ambos en la realización. Por una cuestión de cercanía física con el lugar de la acción, (hubo gente que, ubicada un poco más atrás, dijo no haber podido disfrutar en su plenitud el bello espectáculo), no me perdí ninguno de las múltiples rostros que nos entregaron Carina y Nardo, ni dejé de escuchar los versos, ya líricos, ya épicos de "El Gualeguay" que tan acertadamente habían sido seleccionados, ni la hermosísima música que enriqueció el conjunto. A partir del entrañable regalo que nos han hecho Carina y Nardo, se ha encendido una luz más para recorrer los 2.639 versos conque Juanele inmortaliza nuestro río. Tuky Carboni.
