SE VIENE EL 2.014…
Tuky Carboni Las personas de la tercera edad, siempre miramos la terminación del año con cierta cuota de nostalgia (¿podría ser ésta la última vez que celebro esta fiesta?); pero también con la expectativa de que el próximo año traiga consigo algo mejor; no sólo para nosotros y nuestro grupo familiar, sino para todos los seres humanos: el descubrimiento de un tratamiento efectivo para una dolencia que hasta ahora hace estragos en la salud, que los poderosos de la tierra cambien el rumbo de los acontecimientos y comprendan, de una vez por todas que somos una especie interconectada y que si les va mal a los pueblos desposeídos, también les va a ir mal a ellos…
Los pronósticos al respecto no son para nada alentadores, ya lo sé; pero también sé que mi esperanza es inmortal; y mi fe en la justicia natural está fuera de toda discusión. Puede resultar gracioso (por no decir desubicado) que una abuela de 74 años tenga la candidez de esperar un futuro mejor, con los sucesos terribles que ocurren a diario. Pero creo que si perdemos la fe en el destino de la humanidad, en su capacidad de reacción, en su posibilidad de cambiar, ya no nos queda nada más que rendirnos. Lo sabios de todas las épocas nos vienen diciendo desde hace milenios que para que cambie la sociedad, tenemos que cambiar nosotros, por dentro. Pero hemos entendido mal este maravilloso concepto, porque todos creemos que nosotros estamos muy bien situados, que tenemos la razón y los que tienen que cambiar son los otros, porque están equivocados. Modestamente, creo que no se trata de triunfar en la discusión y que nos concedan la razón, sino de triunfar sobre nosotros mismos, sobre nuestro egoísmo, sobre nuestra soberbia de creer que somos más y mejores que el otro. Siempre que está próxima la finalización del año, es muy saludable proponerse una meta. Hace muchísimos años, cuando estudiaba religiones comparadas, saqué en conclusión de que todas las grandes religiones de la humanidad coincidían, con ligeras variaciones en los giros lingüísticos, en el hecho de no hacer juicios de valor sobre el prójimo. Y esa fue mi meta hace casi cuarenta años. Pero la cumplí sólo a medias; porque no hice más juicios de valor, pero de una manera tramposa. Disfrazaba mi soberbia con la máscara de la compasión: "pobre fulanito, como vamos a pedirle honradez con la infancia que tuvo" o "Menganita es maledicente porque la madre o el medio pueblerino le enseñó a serlo". MI meta para el 2014 es aprender a disculpar al otro sin ceder a la tentación de descalificarlo. Porque el prójimos es mi igual en esencia, pero distinto en la expresión y el grado de su esencia. Porque, como dice Hermann Hess: Cada uno de nosotros es un ensayo único y precioso de la Naturaleza". En cuanto a mis deseos para los que lean este texto, no son nada originales, pero sí muy sinceros: PAZ (porque sin paz exterior e interior no se puede construir nada), AMOR (porque todos venimos del Amor y hacia ÉL nos dirigimos, aunque todavía estemos lejos de la meta) y FE (en nuestra condición de hijos de DIOS y en el libre albedrío que se nos concedió para elegir, cada día y ante cada circunstancia). Me parece claro que la vida es una aventura y un desafío; tengamos la valentía de asumirla de este modo. Aunque nos pasen cosas desagradables; aunque nos ocurra la desgracia de perder un ser amado, aunque veamos limitados a los que más queremos, aunque nuestra prioridad se vea vulnerada de la manera más grosera. Podemos elegir vivir las tragedias con rencor hacia Dios por habernos puesto una prueba tan tremenda o con odio hacia los demás humanos porque no las han sufrido en carne propia. Y ese estado de conciencia de odio y de rencor es el "infierno tan temido". Podemos vivirlas como un paso importante para adelantar en el Amor: Y entonces nos acercamos un poquito más al arquetipo de la Humanidad. El comienzo de un año es una buena oportunidad para experimentar el cambio. ¿Lo intentamos?
