Padre Pedro Brassesco
Septiembre, mes de la Biblia
El presente mes, los católicos celebramos el mes de la Biblia. Acerca de las razones de esta conmemoración del Libro Sagrado nos habla el Padre Pedro Brassesco.
"Septiembre es el mes de la Biblia, ya que el día 30 se celebra la fiesta de San Jerónimo, el primero en traducir las Sagradas Escrituras, a fines del siglo IV.Sabemos que la Biblia no es un libro de historia, de ciencia o de cuentos, sino que contiene la "palabra de Dios". ¿Pero qué queremos decir realmente con esta expresión? Algunos han imaginado que Dios dictó al oído del autor las frases que él quería que llegaran hasta los lectores. Así están representadas muchas escenas o pinturas que se ven en las iglesias. Pero es evidente que se trata de un fenómeno mucho más complejo. Este fenómeno se llama inspiración, pero no se entiende como cuando decimos que un artista se "inspira" para pintar un cuadro o escribir una poesía, sino como una discreta acción de Dios, en lo profundo del autor sagrado. La inspiración respeta, por decirlo así, toda la humanidad del autor, su cultura, sus inclinaciones, sus gustos, su forma de escribir. Con esto se afirma que la revelación divina, en cuanto dirigida a los hombres, se ha servido del lenguaje humano, con lo que la palabra de Dios se convierte en palabra humana, sin perder su espontaneidad. Cada libro de la Biblia tiene una forma propia, imágenes y matices que no aparecen generalmente en otros libros. Esto se debe a que el hagiógrafo (tal es el nombre que recibe el autor sagrado) está plenamente involucrado en lo que Dios le manda escribir. Por eso, cuando se pregunta por el autor de la Biblia, se debe tener en cuenta esta doble dimensión: por un lado, el autor es Dios, el que inspira; por otro, es el hagiógrafo, quien realiza según sus medios personales esta tarea que Dios le encomienda. El interés por el estudio de la Biblia en la Iglesia Católica se intensificó en el último siglo y medio. Ello implicó, sobre todo en el siglo XX, poder animar y orientar las investigaciones para una adecuada interpretación de la palabra de Dios. Así, en 1943, en la encíclica Divino Afflante Spiritu, Pio XII dio un giro al aceptar que se tuvieran en cuenta los géneros literarios en ese proceso de interpretación. El Papa indicó que el autor sagrado, al componer el libro, se expresaba de acuerdo con las formas propias de su cultura y de su tiempo. El Concilio Vaticano II captó el problema en su hondura y en la constitución Dei Verbum lo expresó así: "Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. La santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería" (DV 11). Este documento tiene una perspectiva novedosa: no trata de la inspiración como un fenómeno aislado, sino que lo coloca dentro del proceso de la conservación y transmisión de la revelación por vía escrita, que se realiza por obra del Espíritu Santo. El carisma de la inspiración actúa para poner por escrito lo conocido por la revelación. Así, se vuelve la mirada al escritor sagrado, indicando que su papel de transmisor cualificado de la revelación se realiza por una elección providencial de Dios, que la plenitud de sus cualidades humanas no se halla deteriorada por la acción superior de Dios y, por tanto, que también es verdadero autor. Con esta mirada somos invitados a leer la Biblia, buscando interpretarla a la luz del conocimiento científico sobre las características de la lengua, culturales e históricas que rodeaban al hagiógrafo; guiados por la tradición y magisterio de la Iglesia, pero también pidiendo el mismo Espíritu que inspiró a los autores a que lo haga en nuestras mentes y corazones para escuchar lo que Dios nos dice a nuestra vida de hoy. Porque decimos que la palabra de Dios es viva y eficaz. No es lo que Dios dijo e hizo en el pasado, sino que por ella nos sigue hablando a nosotros como comunidad y personalmente. Sigue obrando en nosotros por medio de su fuerza salvadora. Por eso el mes de la Biblia es una invitación a renovar nuestro deseo de encontrarnos todos los días, por medio de su lectura, con la presencia de Dios que nos muestra su voluntad y es una guía segura en el camino de la vida."
