Por Ignacio Milman De Zan, desde México D.F
Terremoto en México: Sobre llovido, mojado
“Lo único que nos faltaba”… eso era lo que se escribía en redes, lo que se decía en los noticieros y lo que se plasmaba en el periódico. El martes 23 de junio, no sólo la Ciudad de México, sino que varios estados de la República se vieron sacudidos por un sismo de gran intensidad. Un sismo que llega justo para sentenciar el peor mes de México en mucho tiempo. El junio del 2020 será recordado como un mes de tristeza; no sólo por los 6 muertos y más de 30 heridos que dejó el temblor de ayer, sino también por los 23.000 decesos acumulados por el bendito Covid-19.
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El martes a las 10:29 am (hora de México), a unos 722 kilómetros al oeste de la Ciudad de México, en la comunidad de Crucecita, en el estado de Oaxaca, cerca de la famosa y hermosa playa del Pacífico, Huatulco, se originó un temblor de 7,5 grados en escala de Richter, el más fuerte registrado desde aquel de 7,1grados del 19 de septiembre de 2017 que causó 369 muertos y 100 desaparecidos. Pero ¿Por qué si este fue más fuerte, no generó tanto desastre? Uno de los puntos más importantes es la distancia del epicentro, mientras más cerca a la capital, mayores son las pérdidas, otro es la profundidad del sismo y, por último, las capacidades geológicas que hay en cada región. "Podemos tener dos localidades a una misma distancia, pero una tiene condiciones geológicas que permiten que las ondas pasen sin ningún problema, por tanto los daños serán menores. Mientras que la otra tiene una geología que hace que las ondas se acumulen o que reverberen y, que por lo tanto, experimente una sacudida más violenta", señala Xyoli Pérez Campo, directora del Servicio Sismológico Nacional de México (SSNM)Lamentablemente esto no es lo más preocupante de todo, sino que el SSNM advierte que éste pudo haber sido la entrada de un temblor mucho mayor que se podría presentar en semanas próximas.Sonó la alarma sísmica, una alarma que a muchos de los ciudadanos mexicanos puede recordarles horribles momentos. Y desde ese entonces, inició la incertidumbre, no sólo por el hecho de que no se sabía con exactitud si había habido derrumbes y si las líneas telefónicas estaban en su total funcionamiento, sino que, para los costeños, una alerta de tsunami no los dejaba tranquilos.Gracias a todos los protocolos que se aplican y aprenden en la escuela y en las empresas, nosotros como familia actuamos rápidamente y la mayoría de nuestros vecinos igual, saliendo inmediatamente.En el noticiero se veía a la gente en la calle y de repente el "Quédate en casa" se olvidó por completo por el apuro de salir, los cubrebocas quedaron en casa; en el deseo de que no se cayeran los edificios, la distancia importó poco y la supervivencia superó a la higiene social.Y así, sobre llovido mojado...en un México donde una parte de la sociedad se siente omnipotente y la otra lucha día tras día por sobrevivir, la naturaleza ha demostrado una vez más su poderío.
