Un Teatro Italia colmado aplaudió “La casa de Bernarda Alba”
“La casa de Bernarda Alba”, un gran clásico de la historia del teatro y de la literatura mundial, obra del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, fue la que convocó al público que el pasado sábado llenó la sala del Teatro Italia.
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Con la adaptación y dirección de José María Muscari, esta obra multipremiada tiene como actrices a nueve excelentes mujeres: Marta Bianchi en el papel de Bernarda Alba, Cristina Alberó como Poncia, criada y amiga de Bernarda, Edda Diaz, la abuela, madre de la protagonista principal, Alejandra Majluf (Magdalena), Patricia Viggiano (Angustias), Alejandra Rubio (Martirio) Sabrina Carballo (Amelia), Ginette Reynal (criada), Marta Mediavilla (Adela)Una escenografía despojada y un juego de utilería que trasladaban las mismas actrices según la escena, fue el marco para la excelente puesta con un lenguaje y arreglos que no hicieron perder la esencia de la tragedia que está presente en todo momento, más allá de las expresiones y gestos que aflojaban la tensión."La casa de Bernalda Alba" es una muy obra fuerte que pone de manifiesto las relaciones enfermas y opresivas de una familia liderada por una madre déspota, y que llega a un punto culminante con el protagonismo de un hombre, Pepe el Romano, en medio de un seno de mujeres y que es el detonante de la tragedia que germina paso a paso a pesar de los años.El autoritario carácter de la madre, su excesivo cuidado de las apariencias, del qué dirán que tenía marcado a fuego esta mujer viuda dos veces, con una hija del primer matrimonio y cuatro del segundo, produce en toda la familia un clima lúgubre, de duelo, de encierro y de castidad a ultranza pese a la edad de sus hijas. Ese ambiente despótico hace latir el odio, la envidia, la sobrevaloración del dinero y las clases sociales que lleva a las hermanas a una afrenta y burla permanente.La obra del genial Lorca no está ajena al juego de metáforas, recurso tan cultivado por el autor, como por ejemplo el nombre de algunas de las hijas, (Magdalena, Martirio, Angustias); el caso del vestido verde de Adela en medio del cerrado luto de todas las mujeres es una señal de rebeldía, al igual que el abanico rojo; la luna y las estrellas que tanto se citan es el ansia de libertad; el bastón de Bernarda no es otra cosa que el símbolo de su poder tiránico; el blanco de las paredes que se va oscureciendo con la proximidad del desenlace; el negro es tristeza, opresión, muerte, sin olvidar el negro de la noche en que cierra la tragedia y el grito ahogado de una madre hipócrita que grita la castidad ya inexistente de su hija menor.Para destacar de esta presentación: la actitud actoral de Marta Bianchi más allá de que su voz es opaca, la excelente actuación de Cristina Alberó en el papel de la criada cómplice y fiel; la genialidad de Edda Díaz, la abuela que escapaba de su encierro forzado por su hija para traer la frescura y su deseo de vivir y ver felices a sus nietas y que es expresado con escenas oportunamente ridículas, no carentes de verdades y, por supuesto Ginette Reynal en el papel de la servidumbre que cuando podía, no callaba.El hecho de poner sobre el escenario esta obra y este elenco fue desafío aceptado y exitoso de la gente del Teatro Italia; una muestra de buen teatro que pudimos disfrutar el pasado fin de semana, aquí, en Gualeguay.Graciela Saavedra
