Una comunidad es el resultado de lo que generan sus habitantes
Con 38 años de vida resididos plenamente en esta ciudad, tuve la posibilidad de vivir en mi infancia en una comunidad que se distinguía por tener lazos fraternos genuinos, donde la gente, en líneas generales, era más amable, más alegre y el saludo era algo habitual, incluso hasta religioso. Daba gusto ir a cualquier lugar e intercambiar ese diálogo corto del “buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”. Hoy, creo, que esa sana costumbre se ha ido perdiendo, aunque depende de cada quien que conserve esa característica personal.
Los tiempos desde luego que han cambiado, la ciudad en buena medida tiene otros rasgos, la idiosincrasia ha mutado en algunos aspectos. Sin embargo creo que la gente mantiene esa calidez y solidaridad, que sea hace más tangible al turista, quien sabe valorar y destacar esas cualidades. No sé si la gente era mejor hace 30 ó 50 años o lo es en la actualidad. Me parece que hoy en día el valor de la palabra no tiene pilares que la sostengan con firmeza, el compromiso se cumple a cuentagotas, que deriva en que la tarea cuando se hace en equipo se vuelva cuesta arriba. Somos tal vez intolerantes, no aceptamos lo que el otro piense si no es acorde a nuestra ideología. En algunos casos, se producen hasta rechazos marcados hacia quienes piensan diferente, inclusive por el solo hecho de saber lo que el otro piensa, sin importar si es algo malo o bueno. Otros consideran que la deshonestidad es moneda corriente. Algunos consideran que "si los políticos eligen actuar de manera corrupta porqué yo no puedo hacer lo mismo". Es verdad que muchas veces los políticos al igual que los padres son el reflejo de sus hijos. Es por eso que siempre hay que mantener en alto las banderas de la integridad, por más que el contexto social en que vivamos sea ruin y mendaz. La sociedad actual también padece una especie de "inestabilidad emocional". Es decir, esto llanamente se traduce en que nos vemos abrumados por los impulsos, en no saber distinguir o dominar cuestiones primordialmente irascibles del carácter y consecuentemente ello deriva en violencia de diversas formas y colores. Pienso que la tecnología ha contribuido a un cierto distanciamiento entre las personas en el sentido de no compartir con tanta fluidez las relaciones personales y, en cambio, hay una tendencia cada vez más acentuada de interrelacionarse de manera mecánica a través de la computadora o celular. Además, me parece que el fenómeno de las redes sociales pone en jaque el valor intrínseco del ser humano y lo vuelve más superficial, al tiempo que más susceptible. Si perdemos la noción de que nuestra valía como seres humanos se encuentra en nuestro interior, si dejamos de explorar cuáles son nuestras virtudes que nos permitan alcanzar la excelencia personal, si descuidamos la escala de valores, es probable que caigamos en actitudes desdeñosas y nos sintamos amargados. Hoy en día, a través de la parafernalia tecnológica, nuestro ser está sobreexpuesto ante gente desconocida y si la figura que tenemos de nuestra estima es frágil es factible que la misma quede sujeta a lo que los demás piensen u opinen de nosotros. Otro aspecto que ha marca la vida de los pueblos a través de la historia de una manera perniciosa es el sistema de prejuicios. Es decir, es aquello de lo cual supongo que es conveniente, o que no lo es, sin antes haberlo comprobado fehacientemente. Y los prejuicios, en la mayoría de los casos, generan rechazo, indiferencia, menosprecio, discriminación. El prejuicio es un rasgo distintivo del ser humano que se genera desde que nace en el ser humano y se prolonga durante toda su vida. Pero si sabemos determinar la verdad por encima de las falsas creencias o convencionalismos que nos dicen cómo debo comportarme ante cada quien, según su aspecto o condición, seguramente mi relación con los demás será más amplia y enriquecedora. Hay que tener en cuenta además algo tan sagrado -aunque hoy está bastante olvidado- la máxima que establece que las personas valen por lo que son como tales, con sus defectos y virtudes, más que por lo que tienen materialmente o aparentan. También debemos recordar que cada quien tiene su propia libertad individual y que el respeto es la clave para una sana convivencia en comunidad.Marcelo Curutchet.
