Detectar los pensamientos automáticos
Los pensamientos automáticos están, además, íntimamente ligados a lo que podríamos denominar “conductas automáticas” o actuaciones personales de las cuales muchas veces tampoco somos realmente conscientes y que se disparan sistemáticamente ante la presencia de determinados estímulos.
Veamos algunos ejemplos:- Luis se rasca nerviosamente la cabeza cuando habla con determinadas personas; es un gesto habitual que él interpreta como manía o tic.- María se toca varias veces el cinturón de seguridad y mira el cuentakilómetros cuando se cruza con un policía de tráfico.- Carlos baja la cabeza y mira los papeles que tiene delante cuando el jefe pasa a su lado.- Elena se viste siempre de forma "especial" cuando sale con chicos: faldas cortas, tacones altos, maquillaje abundante.En su vida cotidiana su estilo es bastante diferente, mucho más discreto.Cuando se les pide que analicen estos comportamientos, es decir, que intenten hacerlos conscientes, sus respuestas son las siguientes:- Luis: "Creo que lo hago cuando me siento inseguro ante una persona. Pienso que el otro sabe más que yo o simplemente que lo que le estoy contando no le interesa".- María: "La autoridad siempre me hace dudar. Necesito saber que no estoy haciendo nada incorrecto, porque si no pueden castigarme".- Carlos: "Si el jefe me ve mirando a cualquier parte pensará que estoy vagueando o que no trabajo lo suficiente".- Elena: "No me considero intelectualmente muy brillante, así es que intento compensarlo resultando atractiva físicamente; además, a los chicos lo que más les interesa es la "facha.."Todos los comportamientos anteriores tenían su origen en un cadena de pensamientos fuertemente interiorizados a los que cada una de las personas tuvo acceso cuando hizo un esfuerzo de desautomatización, intentando responder a preguntas como las siguientes:- ¿Qué hago...?- ¿En qué situaciones o con qué personas?- ¿Cómo me siento?- ¿Qué pienso en esos momentos?Se trata de identificar nuestros propios pensamientos negativos.El indicador más fiable son las emociones. Como ya hemos comentado, normalmente los pensamientos automáticos negativos desencadenan emociones negativas de mayor o menor intensidad. Vamos entonces a utilizarlos como señales de aviso para "pensar".Los procesos de pensamiento son tan rápidos y están tan automatizados que a veces resulta difícil identificarlos.Muchas personas ante la pregunta: "¿Qué estabas pensando cuando ocurrió...?", son incapaces de contestar, o bien afirman simplemente que no estaban pensando nada. Otros tienen una serie de ideas acerca de sí mismos y de la realidad que nunca se han molestado en cuestionarse, quizás porque durante un periodo determinado de su vida les resultaron útiles y eficaces. Si yo pienso por ejemplo: "No voy a ser capaz de sacar la licencia para manejar" y además expreso esta idea a las personas de mi entorno, por un lado cancelo cualquier expectativa que los demás, padres, pareja, amigos, etc., puedan tener con respecto a mí en ese tema, y por otro evito enfrentarme a una situación que por diferentes razones me resulta poco agradable. Si además de ello, me repito la idea insistentemente, llegará un momento en que me la creeré como una especie de verdad indiscutible e incuestionable.Este proceso se repite a lo largo de toda nuestra vida, desde que nacemos hasta la edad adulta. Nuestros esquemas mentales, valores, creencias, atribuciones, etc., se forman a base de interiorizar, es decir, hacer propios, los juicios, informaciones y opiniones que recibimos de nuestro entorno y a los que por diferentes motivos damos un alto grado de credibilidad, de tal forma que los hacemos nuestros y funcionamos conforme a ellos.No es por lo tanto usual, ni ventajoso en términos de tiempo y energía, que frecuentemente pensemos sobre "cómo pensamos".Nuestros pensamientos tienen la solidez de una roca, nos hacen sentirnos seguros y protegidos, son en muchos casos nuestro punto de referencia vital, así es que, ¿por qué cambiarlos? Luego veremos las razones...Texto extractado del libro ¿Porque no logro ser asertivo? De Olga Castanyer y Estela Ortega. Editorial Crecimiento personal.
