A oscuras
En estos últimos días la incertidumbre y desesperación de cientos de personas rondaron alrededor de un problema al parecer sin solución: los cortes de luz.
Si bien las diferentes regiones de nuestro país los sufrieron, Buenos Aires, ha sido y es la principal perjudicada de esta cuestión. Y se hace lamentable pensar en una república como la nuestra y con los importantes avances en tecnología existentes, que no se logre poner a fin a una situación que se repite año a año. Parece ya natural para los vecinos porteños que al aproximarse los días de verano, dicha estación llegue acompañada de los tan escabrosos cortes; pero cómo una moderna sociedad puede permitirse sufrir estas paralizaciones energéticas. Está claro, que es en esta época donde se dan los picos más altos de consumo, que el calor abruma a la ciudad y que sus habitantes se ven necesitados de superarlo a través de ventiladores o aires acondicionados y también es real, que el resto de los dispositivos eléctricos presentes en todo hogar deben continuar con su funcionamiento habitual, y digo esto, porque muchas son las voces que incentivan a los vecinos a reducir el consumo de electricidad, pero: ¿es esta una solución fiable? ¿Se logrará normalizar el servicio gracias a ella? Creo firmemente, que el usuario hoy es un victima de las malas políticas y prácticas que las empresas dedicadas al suministro realizan, y para nada son ellos culpables; pública o privada la implementación del insumo debe ser eficaz y adecuada, ya que quien paga por un servicio no espera más que recibirlo de la mejor manera. Como era de esperarse las instituciones involucradas en el conflicto, intentaron desviar la atención que recaía en ellos y culpar a las tarifas inadecuadas, al estado y a los usuarios. Tal es el caso de Edesur, que por medio de su vocera, Alejandra Martínez, expresó que "es muy difícil" brindar "un servicio de calidad" porque la tarifa "es la más baja de toda América latina", pero lamentablemente, no es excusa para aquellos que desde hace días no pueden vivir en condiciones cotidianas.
