Atentado en Francia
El ataque a la revista Charlie Hebdo, con la consecuencia de varios fallecidos y heridos, merece una sólida condena y solidaridad con las víctimas. No obstante, desde un plano analítico no se puede soslayar que intervinieron varios componentes de diversas índoles para que este nefasto hecho ocurriera: religiosas, sociales, económicas, geopolíticas y culturales. Más allá, de estas cuestiones, lo que sobresale, a mi entender, es esa cultura que ha ido ocupando muchísimos espacios en la comunidad global, o mejor dicho, en una comunidad que pretende ser global y continuamente se va conformando mediante ejes binarios directamente relacionados a la dicotomía “amigo/enemigo”. Me refiero a la cultura del miedo.
El miedo y el sistema en el cual vivimos van de la mano, la historia lo ha ido demostrando continuamente en casi todas las regiones del planeta. Y todo este contexto forjado por la cultura del miedo, sólo genera acontecimientos sumamente tristísimos para la humanidad. El miedo sumado a la espectacularización tan requerida por el sistema actual, provocan diversas situaciones signadas por la falta de alteridad, es decir, la falta de interpretación del otro, de sus rasgos, su cultura, sus ideologías y demás. Esto deriva en conflictos inminentes que poco tienen que ver con la razón humana. Lo que ocurrió en Francia es un claro ejemplo de esto. El terrible atentado en la redacción del semanario Charlie Hebdo deja una múltiple sensación de horror debido a que está empeorada por un de eco agrio y escabroso y por una amenaza de lo que puede llegar a venir. Por un lado, está sin duda el espanto de la matanza misma por parte de unos asesinos que, sumergidos en sus mantos ideológicos, se han ubicado por fuera de toda ética común. Por otra parte, se debe considerar seriamente las consecuencias que este lamentable suceso va a acarrear. Que un grupo de islamitas, por cuestiones dogmáticas, haya cometido este terrible crimen en un territorio caracterizado por enfrentamientos y polémicas debido a la inmigración musulmana en Europa conlleva a pensar que las represalias a estas minorías por miedo en aquellas áreas están a la orden del día. Asimismo, los partidos políticos ultraconservadores y xenófobos aprovecharan esta oportunidad para sumar más seguidores en aquel continente. En definitiva, una sociedad asustada pierde sus capacidades de razonar críticamente. Y esto es aprovechado para lograr el control de las masas. No se le debe permitir al miedo contribuir con la destrucción de la dignidad humana y la unión global planteada en una coherente alteridad. Que este horroroso hecho generado por un grupo de miserables asesinos no nuble la razón con temor y nos obligue a caer en trampas racistas, xenófobas y peligrosas para el entendimiento de las culturas entre los habitantes de una comunidad global que, plantada en el sistema en el cual está, provoca muchas veces que la humanidad muestre su peor cara. Para finalizar, se debe rescatar la solidaridad de casi todo el mundo con lo ocurrido en París. Sin olvidar reflexionar e intentar comprender al otro, aunque en reiteradas oportunidades se vuelva muy complicado.Julián Lazo Stegeman
