CONGELAMIENTO DE PRECIOS E INFLACIÓN
Durante esta semana el Gobierno Nacional dispuso, a partir del Secretario de Comercio Guillermo Moreno, el congelamiento de precios de productos de supermercados, electrodomésticos y artículos de librerías hasta el primero de abril. Si bien es una medida cuyo fundamental objetivo es frenar la inflación y la caída del poder adquisitivo de la población, carece de consistencia para ir al fondo de la cuestión y sólo abarca el último eslabón de un problema sumamente complejo como lo es la situación inflacionaria que experimenta la República Argentina.
En primer lugar, hay que mencionar que el asunto del congelamiento de precios no es algo nuevo en la historia de nuestro país sino que ya ha habido varios intentos de implementarlo.Como marca un artículo publicado esta semana por el diario La Nación: "entre febrero de 1967 y noviembre de 1989 transcurrieron 24 ministros de economía y 274 meses. Según informa de la consultora FIEL: sólo en el 10% de ese tiempo hubo libertad de precios ya que en ese lapso estaban controlados por la autoridad pública. Sin embargo, la inflación fue devastadora en todo el período y en sólo uno, de esos 23 años, fue menor al 10%". Además de esta arista histórica, hay ciertas cuestiones de fondo sobre el proceso inflacionario actual que tienen que ver con el concepto marxista de "las relaciones de fuerzas" en nuestra sociedad. Como explica la socióloga Mónica Peralta Ramos en el diario Página 12: "entendemos a la sociedad como una estructura de relaciones de poder (de control y de exclusión de lo que es objeto de control) que cristaliza en relaciones de fuerza entre diversos actores sociales enfrentados a partir de intereses sectoriales de índole económico, político y cultural. En las sociedades modernas, estas relaciones de fuerza giran en torno de un eje central constituido por las relaciones de poder económico, relaciones que se dan en el ámbito de la producción, apropiación y distribución del excedente económico. No se puede comprender el proceso inflacionario y por lo tanto no se puede luchar efectivamente contra él si no se hace visible la estructura de poder que lo origina. Esto significa arrojar luz sobre el conflicto social que constituye el principal obstáculo para lograr un crecimiento económico que beneficie al conjunto de la sociedad. Actualmente, los enfoques sobre la inflación son múltiples y diversos, pero todos comparten algo en común: el desconocimiento de la estructura de poder que le da origen. El conflicto principal se vuelve entonces invisible y las relaciones de poder que lo originan se perpetúan al infinito".Es decir, entonces, que hay distintos bloques de poder que entran en pugna en el seno de la sociedad civil Argentina. En esas relaciones que establecen ellos hay algunos que poseen situaciones privilegiadas en el mercado, lo cual les permite manejar ciertos elementos estratégicos de modo monopólico u oligopólico a su favor. Peralta Ramos expone esto claramente: "Así, las empresas que controlan de un modo monopólico u oligopólico los mercados de bienes e insumos de importancia estratégica para el conjunto de la economía, pueden fijar precios y condiciones de pago en forma anticipada y de manera independiente a la alteración real de su estructura de costos local, incrementando precios incluso en productos cuyo componente importado es nulo o muy reducido. Esta política de precios se rige por una lógica de acumulación que muchas veces tiene poco que ver con lo que pasa en el mercado interno y depende, en cambio, de la lógica de acumulación del complejo empresario a nivel global y/o transnacional". La socióloga continua diciendo que "este poder les permite tener la sartén por el mango y determinar precios y condiciones de pago en forma anticipada, y respondiendo a expectativas que se derivan de la lógica de maximizar las ganancias de complejos empresarios que son crecientemente globales y transnacionales. A esto se suma el poder de las grandes empresas que controlan el acopio y la comercialización. Estas no sólo pueden determinar precios sino que también pueden transferir a los consumidores los aumentos de precios verificados aguas arriba en las cadenas de valor. El poder de estos grupos empresarios altamente concentrados es mucho mayor que la capacidad que otros sectores sociales tienen de resistir transferencias de ingresos que los desfavorecen. Más allá del relativo poder de negociación salarial existente en ciertas ramas de la industria, el crecimiento económico en condiciones de dependencia tecnológica ha engendrado un desempleo superior a los requerimientos de empleo de la acumulación del capital en el país. Esto ha creado bolsones de pobreza crónica, desempleo estructural y subempleo, que imponen a nivel social severos límites a la capacidad que los asalariados tienen de resistir transferencias de ingresos contrarias a sus intereses. Se produce así una espiral inflacionaria cuyo impulso proviene en primera instancia del control monopólico u oligopólico de los mercados en condiciones de dependencia tecnológica". De modo tal que si bien es verdad que la mayoría de los fenómenos considerados en los análisis de la inflación que leemos o escuchamos día a día pueden incidir en el proceso inflacionario, la razón estructural de la inflación nacional se ubica en última instancia en el control monopólico u oligopólico que grandes empresas argentinas y extranjeras ejercen sobre determinados segmentos de las cadenas de valor de insumos y productos de altogrado estratégico. Asimismo, esta cuestión sobre la inflación, está muy ligada al tema de la inclusión social que tanto menciona el oficialismo en todos sus discursos. El proyecto kirchneristaestá contextualizado en el plano ideológico de la formación de una alianza nacional-popular que busca defender esas bases estructurales tan estropeadas por el neoliberalismo. Ante la ausencia de la arquetípica burguesía nacional (tan famosa durante el peronismo original), la mencionada alianza política-económica tiene como actor privilegiado al gran capital transnacionalizado que en unión a un pequeño grupo de capitalistas "nacionales" amigos son beneficiados con exención de impuestos, subsidios, obras de infraestructura, políticas integradoras funcionales a los intereses que a ellos les convienen, etcétera. Los ciudadanos aparecen como actores secundarios que participan en un plan de desarrollo que subordina la inclusión social a las necesidades de la acumulación. Esta particularidad recuerda la notable característica neoliberal del trabajo por debajo del capital. Lo cual genera una fuerte contradicción en la gestión del kirchnerismo y toda su verborragia en contra del modelo económico que imperó en la década de 1990 bajo el menemismo. En definitiva, el oficialismo no sólo debería concentrarse en su enfrentamiento por el poder con el Grupo Clarín y el oligopolio mediático. Sino que también debería prestar mucha atención a diversos monopolios y oligopolios en las cadenas de producción que siguen generando la fuerte inflación que golpea de modo negativo en el pueblo y complica otras situaciones como, por ejemplo, la actualización del impuesto a las ganancias. El congelamiento de precios es un parche para contener el problema inflacionario en su último eslabón pero en realidad, esta situación va mucho más allá y requiere una estrategia verdaderamente eficiente para controlarlo.Julián Lazo Stegeman
