Consumo, industria, inversión y pragmatismo económico
Tras diez años de crecimiento, nuestro país afronta la posible contingencia de una caída en su economía a partir de un receso en la industria y de una tasa inflacionaria sumamente alta. Ambas circunstancias, ejercen diversas presiones negativas sobre el consumo y la inversión, los dos ejes claves del modelo Kirchnerista según su propio equipo económico.
La economía Argentina tuvo un crecimiento sostenido luego de recobrarse de la crisis neoliberal del 2001 y 2002. Se expandió un 3% durante el 2013. No obstante, la actividad se retrajo en estos últimos meses. Desde que comenzó la etapa K en el plano político nacional, los críticos del Gobierno indicaban constantemente que las medidas intervencionistas y populistas adoptadas por el Kirchnerismo terminarían afectando nuestra economía. Irónicamente, el viraje hacia las normativas más ortodoxas que tanto pedían los diferentes especialistas, fue lo que aligeró el asunto. La devaluación del peso y el alza de la tasa de interés en enero de este año, agravaron el agotamiento que mostraba el consumo doméstico (ya sacudido por la inflación), una variable macroeconómica que en el pasado había auxiliado a la economía Argentina con respecto a los cimbronazos internacionales como la crisis financiera del 2009. En términos políticos, una caída en el ámbito económico a instancias finales de su mandato presidencial, produciría un desgaste en la popularidad de Cristina Fernández de Kirchner. Asimismo, debilitaría su facultad para elegir a un aliado que la suceda en el 2015, en las elecciones presidenciales. Volviendo al campo económico, el vuelco hacia las políticas heterodoxas tuvo como objetivo el reponer la robustez de la economía a mediano plazo. Sin embargo, actualmente se comienzan a percibir consecuencias poco beneficiosas. La devaluación del 20% intensificó la inflación. Además, se incrementaron los costos en pesos de los bienes importados y de los inmuebles (transacciones que se efectúan en dólares). Por otra parte, los salarios reales no están aumentando tanto como los precios al consumidor y en términos reales van cayendo. Es así que las tentativas de cuidar los precios y fortificar las reservas en dólares, como un alza en las tasas de interés y un recorte de los subsidios eléctricos, están presentando efectos sobre el bolsillo de los consumidores. Retomando la cuestión de la industria, es imprescindible mencionar que el decaimiento del poder de compra de los sueldos, el encarecimiento del crédito y la elevación de los impuestos sobre los vehículos de alta y mediana gama, magulló la producción automotriz, principal industria en nuestro territorio. A su vez, en el plano internacional, la demanda se está enfriando en Brasil, el principal destino de las exportaciones automotrices nacionales. En adición, las restricciones a las importaciones le están haciendo difícil a las industrias la compra de unidades claves para la producción. En fin, la cuestión económica parece complejizarse, la actitud pragmática que tomó el Gobierno alcanzó para el corto y mediano plazo pero ya se vuelve imperiosa la ejecución de leyes que vayan al fondo de la cuestión para que diversas situaciones complicadas como la inflación no repercutan aún más en el consumo y la inversión, circunstancias que afectan fuertemente el bolsillo de los ciudadanos.Julián Lazo Stegeman
