Cuando la política falla
La confirmación del Gobierno de Salta de la muerte de dos niños por desnutrición sumada a las otras cinco que van desde agosto, enciende la alarma en nuestra sociedad y nos alerta sobre un flagelo que permanecía escondido hasta el momento: la falta de alimento en varias comunidades aborígenes y la negligencia gubernamental para con ellos.
En este contexto, se conoció durante esta semana que el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, el Ministro de Salud, Jorge Manzur y la Ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner quedaron imputados por "homicidio por comisión de omisión, en concurso ideal con abandono de persona e incumplimiento de los deberes de funcionario público". Dicha causa, establece un panorama de como las cúpulas dirigentes hacen caso omiso de las condiciones básica de bienestar de ciertas comunidades como las aborígenes. Las mismas, siempre permanecieron al costado de la vista gubernamental y continuamente experimentan la falta de atención para el cumplimiento de sus derechos. Y esto no es un caso aislado en nuestro país, los pueblos originarios siempre fueron omitidos por todos los oficialismos de turno. Nunca se les posibilito un marco de bienestar que les asegure condiciones propicias para que vivan dignamente. Estas muertes que se hicieron públicas por los medios de comunicación, no son las primeras que ocurren. En este tema, los Derechos Humanos quedan soslayados y las banderas políticas que se levantan en su favor quedan totalmente manchadas. La muerte de estos niños por desnutrición es algo que no puede pasar en Argentina y significa un fuerte tropiezo, en este aspecto, para el Gobierno. No sólo es gravísimo el asunto de las muertes en sí, sino que el uso político que se les intenta dar desde varios sectores es también lamentable. Los mal llamados indios solamente entran en escena por contingencias como éstas, donde la política sólo se preocupa por la puja de poder y no por el bienestar y el cumplimiento de los derechos elementales de las personas. Que mueran menores por desnutrición indigna tanto que genera un descreimiento no sólo en este oficialismo sino en toda la política, lo cual no es bueno ni para la República y la Democracia. Con respecto a éstas, vale expresar que todo lo que costó para conseguirlas ahora debe ser invertido para cuidarlas y utilizarlas como herramientas en pos del bienestar de absolutamente todas las personas. Nadie quiere observar como mueren los niños por hambre y menos en nuestro país donde los recursos alimenticios abundan y nadie quiere percatarse de cómo las autoridades que se deberían hacer cargo sólo intentan minimizar el asunto y desligarse del mismo. Asimismo, el uso amarillista que se le da a la cuestión desde algunos medios tampoco es loable. La política se erige como una herramienta de transformación y de mejoramiento de la vida de las personas. Cuando esto no es así, ingresamos en las aristas más tristes de todo sistema político y más aún en una República Democrática. El gobierno debe tomar cartas en el asunto y evitar que estos gravísimos problemas sociales vuelvan a suceder.Julián Lazo Stegeman
