Degradación ciudadana
Entre las ciencias humanas hay un sinfín de teorías acerca de los fenómenos y situaciones que nos rodean en todo momento. Estas mencionadas teorías, a su vez, acarrean innumerables interpretaciones que muchas veces sobrepasan los límites de lo que sus determinados autores han querido expresar. Hablando específicamente de las ciencias políticas podríamos expresar como ejemplo la noción de “amigo-enemigo” vertida por el polémico pensador alemán Carl Schmitt en torno a la caracterización de “lo político”.
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Estas concepciones transitaron los espirales históricos y hermenéuticos que apunté más arriba, esto es: atravesaron diversas interpretaciones y reinterpretaciones dependiendo de lo que cada intelectual pudo y quiso, valga la redundancia, interpretar. Es así que esta dicotomía "amigo-enemigo" fue utilizada por varios para explicar como funciona la política, por algunos para justificar las dictaduras más nefastas a nivel mundial y por otros, inclusive, para entender "lo político" dentro de corrientes tales como las posmarxistas o las liberales. En estos días se conoció la noticia que indicaba la internación del Presidente Mauricio Macri por un cuadro de arritmia. Muchas fueron las voces que se hicieron oír a partir de este suceso, muchas demostrando congoja y otras, lamentablemente, denotando alegría. Precisamente son en estas últimas en las que me quiero detener para relacionarlas con la temática que desarrollé en el primer párrafo. ¿Cómo alguien puede estar contento por la complicación de la salud de una persona? ¿Cómo alguien puede circunscribir a la política (una herramienta necesaria para la cohesión de una sociedad) al oscuro rincón de desearle lo peor al otro? A mi entender esto es así porque se ha llevado la actividad de hacer política a una interpretación de la relación "amigo-enemigo". Ya no entendemos la mencionada actividad en la diferencias y debates que puede haber entre individuos de distintas posiciones en el marco de todo proceso republicano, no comprendemos que las diferencias no se pueden diluir ya que son necesarias sus respectivas existencias para llegar a los consensos (siempre en un contexto democrático) y no observamos que en un ambiente de contrastes se nos brinda la posibilidad de ponernos en el lugar del otro, de experimentar lo que el filósofo francés Emanuel Levinas llamaba "alteridad". Son tantas las reinterpretaciones que ha sufrido la noción de "amigo-enemigo" a lo largo de la historia de nuestro país y del mundo que se ha inculcado una forma de hacer política que no es la correcta. Ponerse feliz por la enfermedad de otro es síntoma de esto. Ahora bien, si en realidad esta dicotomía apunta efectivamente a marcar una distinción agresiva y de violencia entre dos partes distintas (de hecho el mismo Schmitt dice que el máximo punto de ésta es la guerra) ¿no sería necesario sumergirla nuevamente en el espiral hermenéutico y reinterpretarla como una posibilidad de diálogo sin intimidación ni fanatismo? Sin lugar a dudas es algo muy complejo, ya que tendríamos que reparar aquellos daños culturales que vienen de hace mucho. No obstante, considero necesario comenzar a hacerlo. Nada puede salir bien en una sociedad que no le desea nada bueno al otro. Lo mismo ocurrió cuando Cristina Fernández de Kirchner tuvo que ser intervenida quirúrgicamente, muchos sectores de la sociedad expresaron un odio desmesurado y preocupante. La idea de ver al otro como un enemigo sin posibilidad de consenso es algo que ha caracterizado la historia de la Argentina en muchos momentos de nuestra historia. Así como las clases políticas son responsables, nosotros como ciudadanos también tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Desde las agresiones que se ven en las redes sociales hasta la felicidad por los problemas de una o un Presidente, vemos la amenaza de degradación social. Asimismo, como individuos cívicamente coherentes no podemos pretender que a la máxima autoridad ejecutiva le suceda algo, nuestro país ya ha vivenciado lo que implica que un primer mandatario cese su cargo por razones de fuerza mayor y quede un o una segunda al mando. Nadie quiere volver a repetir eso. Como ciudadanos no podemos desear ni permitir que esto suceda.Julián Lazo Stegeman
