Devaluación, industria y renta de la tierra
La devaluación del peso argentino, además de una contingencia cambiaria, desnuda el sinceramiento de la contracción económica Argentina en un entorno de exacerbación de la crisis mundial. A pesar de casi una década de crecimiento, la industria radicada en nuestro territorio continua siendo poco productiva. Dada su pequeño nivel, tiene mayores costos que sus competidores y casi no puede exportar.
Para sobrevivir, debe conseguir transferencias de riqueza que equilibren su ineficiencia. Cuando esas transferencias aumentan, su actividad se desarrolla y la moneda se vuelve más fuerte, cuando bajan, todo se desploma. La renta de la tierra, la deuda externa y los bajos salarios han sido las tres fuentes de riqueza para las mencionadas transferencias. Con el dólar barato, el sector agrario pierde parte de sus ganancias extraordinarias (renta de la tierra) al recibir menos pesos por cada dólar que liquida. Esta riqueza fluye a manos de la industria local, la cual posee poca capacidad de forjar por si misma las divisas necesarias para importar máquinas e insumos y enviar ganancias al extranjero. El Gobierno ejecutó varias maniobras para sostener el dólar a un precio módico. Desencadenó una escalada inflacionaria estableciendo una tasa de devaluación menor a la de la suba de precios (un dispositivo muy inestable). Al subir los precios todo el tiempo, la tasa de interés bancaria se volvió poco atrayente y se aceleró la demanda de dólares para ahorrar. La consecuente caída de reservas puso en vista de todos que la renta de la tierra no era suficiente para mantener la sobrevaluación del peso.Lea más en la edición impresa en papel
