Economía y Guerra: los poderes fácticos
En esta era del capitalismo salvaje, muchas veces el poder económico y militar van de la mano, no sólo para organizar golpes de estado sino también para resolver día a día circunstancias que no les favorecen. Siempre contando con la ayuda de políticos cómplices que acceden al poder por el camino de la Democracia pero que después viran el timón para beneficiar a unos pocos.
Actualmente esta visión queda relativamente rezagada en América Latina dado que desde hace ya unos años se viene experimentando en esta parte del mundo la gestión de gobiernos "progresistas" (el uso de las comillas radica en que muchos de los oficialismos latinoamericanos se hacen eco del progresismo en determinadas medidas aunque también anclan sus gestiones en, por ejemplo, monopolios y oligopolios en las cadenas de producción o acuerdos con multinacionales, tal es el caso del Kirchnerismo en nuestro país). No obstante, en regiones como Europa esto se sigue observando. Dada la crisis internacional, en la Zona Euro la deuda pública en porcentaje del PBI pasó del 66,3 % en 2007 al 86,6 % en 2010, creciendo hasta el 92,0 % en el 2012, propensión que continuó en los primeros tres meses del 2013 al acrecentarse otro punto porcentual. Este desastre se generó a partir de la estatización de la deuda privada con el objetivo de evitar la quiebra de bancos y diversos grupos económicos. Los resultados fueron similares a los de la explosión del régimen neoliberal argentino entre finales de la década de los noventa y comienzos del nuevo siglo: desmantelamiento de los derechos sociales y laborales de trabajadores y los sectores más vulnerables. En todas estas situaciones los operadores suelen ser los mismos: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. A este panorama internacional lo explica audazmente el escritor uruguayo Eduardo Galeano en un fragmento de su libro "Patas para arriba: la escuela del mundo al revés": "cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas". Paralelamente, hemos presenciado la obsesión del presidente estadounidense, Barack Obama, por el ataque hacia Siria. Éste, inclinó todos los asuntos de su política exterior a ese punto específico. Durante estos días en el G-20, por ejemplo, se negó a apoyar los reclamos argentinos en contra de los fondos buitre, en desquite por la posición de nuestro país a favor de la paz y contra la guerra. Si no lo siguen en su ofensiva hacia Medio Oriente, él no brinda soporte a ninguna otra causa por más legítima que sea. Claramente, Obama es un pseudoprogresista que accedió al poder por el voto democrático pero que en realidad representa los intereses de un grupo minúsculo de personas. Para comprender esto es imprescindible mencionar que seis de cada diez ciudadanos de Estados Unidos están en desacuerdo con la guerra. Sin embargo, las influencias de la industria militar (a propósito de esto Galeano dice: "la violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo), petrolera y de Arabia Saudita para la recuperación de espacios tras el fin de la Guerra Fría son más determinantes que la voz de su pueblo. Es decir, entonces, que Barack Obama posee la imagen de un hombre poderoso cuando en realidad no lo es. Tan sólo se presenta como un títere de los poderes de facto. Como expresé al comienzo de este artículo, éstos se relacionan entre sí con la complicidad de políticos inescrupulosos para lograr beneficios sólo para ellos. No importa la paz ni el pueblo sólo el capital económico (el golpe cívico-militar iniciado en nuestro país durante 1976 ilustra este escenario con claridad). En todo este entramado, no pueden quedar afuera los medios de comunicación, que juegan un papel importante en la propaganda de los polémicos sucesos, vendiendo una realidad siempre y cuando les favorezca a ellos también. La guerra nunca es buena ya que la violencia no lleva a ningún lado ni resuelve nada. Menos aún cuando hay intereses económicos de por medio. Las excusas que alegan defender los Derechos Humanos y evitar la propagación de armas químicas son todas falacias. Lo que verdaderamente interesa con estos conflictos bélicos es el bienestar de los poderes fácticos, aquellos que piensan en sus bolsillos, omitiendo las vidas humanas que lamentablemente se ponen en juego.Julián Lazo Stegeman
