EL “8N”
Finalmente llegó el “8N”, las cacerolas, las protestas y marchas en contra del Gobierno no se hicieron esperar y se llevaron a cabo en distintos puntos del país. El oficialismo se encargó a lo largo de todos estos días de denostar el reclamo mientras que la oposición política y mediática intentó situarlo como algo sumamente fenomenal cuando, en realidad, grandes sectores de la población ni siquiera se inmutaron por el acontecimiento.
Ciertamente, los "cacerolazos" significaron una protesta por parte de las clases altas y medias. Con respecto a estas últimas, es imprescindible apuntar que se encuentran constituidas por una clase media alienada que no reconoce sus propios intereses y juega a favor de las demandas de los más poderosos. Por otra parte, existe una clase media trabajadora, la cual es fundamental en el motor productivo del país. Es este sector de la sociedad, el cual le da un tinte verdaderamente republicano y legítimo a los pedidos que se hacen en este tipo de manifestaciones. Es esta clase media laburadora la que en definitiva termina conformando la fuerza de los populismos como movimientos nacionales y populares de los trabajadores ya que pasan a formar un estamento en donde se sitúan las clases bajas incorporadas por las distintas medidas de "inclusión social". Por esto, el Kirchnerismo debería realizar un correcto análisis de lo que fue este reclamo y desligar los legítimos pedidos (por ejemplo mayor seguridad y la finalización de la corrupción) de aquellos que poco tienen que ver con el cotidiano de nuestro país. Asimismo, el oficialismo no puede continuar con sus prejuicios y tildar a cada expresión opositora como la "derecha". Reitero, los cacerolazos, a pesar de contar con la presencia de estratos económicamente bien acomodados e individuos alienados, también exhiben las lícitas exigencias de la clase media trabajadora. De igual modo, es necesario aclarar que el contorno organizativo del "8N" no fue ejecutado por los ciudadanos comunes sino que se observó claramente como el "Grupo Clarín" cumplió un rol clave en la conformación de ciertas consignas. Esto debe ser entendido para lograr interpretar como los intereses corporativos de estos medios, aprovechan cada legítimo reclamo popular para intentar desestabilizar un Gobierno que está en disputa con ellos en la "batalla cultural", no sólo por los capitales simbólicos y económicos sino también por el poder en general. Entonces, los cacerolazos significaron una protesta de una parte de la sociedad en contra de los desaciertos del Kirchnerismo aprovechada por el multimedios opositor para debilitar un Ejecutivo que no le resulta rentable. Ahora bien, es interesante remarcar como estos acontecimientos opositores muestran la falta de representatividad de un gran conjunto de la población y como los políticos de la oposición son ineficientes para aglutinar y liderar estas fuerzas. Como dice el periodista Mario Wainfeld: "el afán de los dirigentes que llaman y no van es mostrar una incomprobable unidad del 46 por ciento que votó fuera del Kirchnerismo en diciembre. Y comandar ese colectivo más adelante. Varios obstáculos interfieren con esa táctica, no tan disímil a la del Grupo A a partir de 2008. El primero es que ese colectivo 46 dudosamente exista en cuanto tal, unido y organizado. El segundo, más específico, es que una alternativa político-electoral requiere un esbozo de programa. El politólogo y periodista José Natanson da en el clavo cuando señala en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique que no hay en plaza una oferta de programa económico alternativo al oficialista". Ni siquiera Mauricio Macri, ya establecido como un plausible candidato presidenciable para el 2015 (esto se terminará de corroborar o no en las próximas elecciones legislativas del 2013), puede interpelar y homogeneizar las intenciones "antiK" y pararse como una alternativa unánime. A propósito de esto, Wainfeld continua: "hay algo central del 13-S y del 8-N, que los distingue nítidamente de (por citar ejemplos memorables, no únicos) las convocatorias de Juan Carlos Blumberg o los cortes y movilizaciones del campo. Es su absoluta carencia de reclamos precisos, objetivos inmediatos accesibles, liderazgos visibles y (aspecto no menor en jugadas similares) oradores que las expresen, sinteticen o encuadren en el cierre de los actos. No falta quien ve pura virtud en esas ausencias, el cronista las lee como un límite severo". La organización y las figuras políticas visibles son sumamente importantes para que las demandas esgrimidas por los segmentos opuestos al modelo del Frente Para la Victoria, tengan solidez y fuerza. La marcha del pasado jueves careció de liderazgos y organización verdaderamente política. No obstante, significó la protesta de muchos sectores pertenecientes a la clase media trabajadora que merecen la atención y un correcto análisis por parte del oficialismo, soslayando la "mano negra" de los bloques de poder opositores y nefastos. De todos modos, el reclamo se llevo adelante siempre en los marcos democráticos y republicanos (salvo ciertas agresiones a la prensa que cubrían el suceso y que ojala hayan sido hechos aislados) lo cual es saludable para nuestro país. Después de todo, una parte del pueblo salió a la calle y se hizo oír, lo cual es meritorio. Las voces de todos deben ser respetadas y los representantes públicos no deben desestimar la voz popular en todas sus variantes, gusten o no, estemos de acuerdo o no, todos deben ser escuchados.Julián Lazo Stegeman
