El paro moyanista
El enfrentamiento entre el Gobierno y el sindicalismo por el impacto del paro del pasado jueves tuvo muchos debates a lo largo de las jornadas posteriores al acontecimiento con respecto a la adhesión que este produjo. Desde el oficialismo se esgrimió, a partir del Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que “la gran mayoría del pueblo argentino ha concurrido a trabajar a lo largo y a lo ancho del país".
A su vez, el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, dijo que el paro "está muy lejos de lo que hoy demanda el conjunto de los argentinos". Jorge Capitanich, Jefe de Gabinete, aseguró por su parte que "el 75 por ciento de los trabajadores manifestó su voluntad de trabajar y no adhirieron al paro". En la otra vereda, Hugo Moyano planteó que "casi el 85 por ciento de los trabajadores se sumó al paro nacional" expresando que "el sindicalismo opositor ha interpretado la voluntad de la gente". Asimismo, otro de los organizadores, Luis Barrionuevo (dirigente de la CGT Azul y Blanca) dijo que "el paro convocado por el sindicalismo opositor fue total". En general, los promulgadores de la protesta y el Gobierno exageran sus perspectivas sobre las adhesiones a más o a menos, establecen un techo o un piso para que el resto de los argentinos construyan su propia interpretación. Más allá de estas cuestiones discursivas, el paro mostró ciertas aristas interesantes para analizar y marcar. Primeramente, es imprescindible mencionar que la huelga es un derecho establecido por la Constitución Nacional. Por esta razón, si se ejecuta de forma serena, no debería haber cuestionamientos sobre la misma. En adición, una disposición de trascendencia nacional llevada a cabo por varios gremios es, esencialmente, política. Por ende, además de describir su carácter, esta particularidad la sitúa dentro del juego político argentino que ya conocemos desde hace años, configurándose como un escenario usual a todos los paros desde 1983. De todas maneras, si nos centramos en la faceta histórica reciente, hablando estrictamente de las gestiones Kirchneristas, debemos enfocarnos en el segundo mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya que entre 2003 y 2011 no se verifican paros nacionales. Desde entonces, se contabilizan tres, los anteriores son una reseña para encontrar factores frecuentes y diferencias en relación al del último jueves. Así, es factible expresar que el común denominador es la CGT conducida por Hugo Moyano como principal fuerza convocante. Sin esta central no hay medida de acción viable. No obstante, con ella únicamente da la sensación de que tampoco es suficiente. Por este motivo, cobra fuerza la participación o no de la UTA. Fue determinante que la Unión de Tranviarios Automotor no adhiriera esta semana, quitó potencia y visibilidad respecto del paro del año pasado. Entonces, los participantes comunes de las protestas sindicales en el segundo mandato de Fernández de Kirchner fueron la CGT, la CTA opositora, que conduce Pablo Micheli y gremios o partidos de izquierda clasista. En segunda instancia, se debe marcar la particular y polémica alianza entre la CGT, caracterizada por una fuerte burocracia sindical, y los frentes izquierdistas. Separados tradicionalmente por un legado histórico que los ubica en diferentes y hasta antagónicos puntos en la lucha obrera y actualmente enfrentados por lo que fue la perversa muerte de Mariano Ferreyra a mano de esta burocracia. Es cierto que tal vez ambos sectores compartan debates en común contra algunas disposiciones del Gobierno. Sin embargo, la izquierda no debería olvidar el lugar que ocupó y ocupan los burócratas sindicales en nuestro país, a menudo más cercanos a la derecha que tanto critican. Y por más que se quieran desligar de las convocatorias de Moyano, él genera el contexto que congrega a la mayor parte de la izquierda nacional (reitero, de las tres huelgas durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, la izquierda estuvo ligada a todas). Un tercer punto a tener en cuenta es la ineficacia, por un lado, de la oposición política (no gremial) que con su pasividad en normativas claves como el Impuesto a las Ganancias, nunca tomó realmente cartas en el asunto. Sus dirigentes sólo se dedican a vociferar sobre esta cuestión más que nada para apropiarse de ella como una bandera político-electoral antes de actuar efizcamente para resolver la trama del mínimo no imponible, por ejemplo. Esta situación genera que personajes poco coherentes y dudosos como Hugo Moyano y Luis Barrionuevo se hagan cargo de estas demandas sumamente importantes y posean margen de acción para actuar engañosamente a favor de los trabajadores cuando en realidad persiguen el rédito político en su disputa por el poder contra el Kirchnerismo. Paradójicamente y por otro lado, la cúpula gubernamental Kirchnerista es gran responsable de lo que sucede con el líder camionero y compañía. No se debe olvidar que hasta hace no mucho eran aliados. Y de esta alianza, la burocracia sindical supo conseguir muchos beneficios en la construcción de poder. Un poder que ahora golpea a varios sectores K. Pero el Gobierno Nacional no es sólo responsable en este sentido, sino que también, con los desaciertos que vienen experimentando desde hace un tiempo como la inflación, generan un marco macroeconómico y social adecuado para que diversas personalidades polémicas tomen fuerte posición en el panorama político de nuestro país. Es significativo destacar como, más allá de que la huelga esté amparada constitucionalmente en la Argentina, todavía existe en el país una escasa legislación con respecto a ésta. A modo de ilustración se despierta el siguiente interrogante: ¿Quién se hace cargo o es responsable de las vejaciones que afectan a los derechos de terceros por este tipo de protestas? Lo cierto es que, diga lo que se diga, no hay nada explícito sobre las responsabilidades del caso, lo cual perjudica a muchos ciudadanos. En fin, la huelga no significará un eje histórico y seguramente ni será recordada. No obstante, tampoco fue un fracaso total para la CGT y allegados, aún les queda ruta para programar otros paros antes de que termine el 2014. Mientras tanto, el Gobierno continúa afrontando las dificultades socioeconómicas que viene atravesando en lo que es uno de sus momentos más complejos desde que comenzaron las gestiones K en el 2003.Julián Lazo Stegeman
