Falta de análisis en el Congreso
Está claro que el Congreso es un ámbito de debate donde todas las voces deben ser escuchadas ya que se erige como una institución republicana que debe respetar uno de los mayores ejes de ésta, la libertad de expresión.
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No obstante, ¿no sería correcto que los legisladores argumentaran con fundamentos correctos sus palabras sin caer en el sentido común acrítico? Por ejemplo Diana Conti, Diputada por el Frente Para la Victoria, para explicar su posición en contra de la prohibición de la carrera de galgos vertió una serie de aseveraciones que dudosamente atravesaron el tamiz de la reflexión. En una de sus acciones discursivas expresó que al votar a favor de la prohibición "se está votando la criminalización de argentinos y argentinas, quienes encuentran un trabajo digno en ese tipo de actividad". ¿Hasta qué punto es un "trabajo digno" este tipo de actividades? ¿Acaso el Estado no podría tomar un rol activo para asegurarle empleo a este contingente de personas que se desempeñan en un asunto tan controvertido? ¿Es entendible que este tipo de negocios turbios, en donde son explícitas sus desdeñables prácticas, pueda tener algún tipo de defensa en esos argumentos? Debe comprenderse que nadie quiere ir en contra de los puestos de trabajo o los ingresos de estos individuos, acá lo cierto es que se apunta a finalizar con un negociado donde se abusa de la vida de seres vivos. El Estado no sólo debe regular esto, sino que también tendría que contener a los sujetos que podrían llegar a perder sus posibilidades económicas con la finalización de este entramado. En línea con estas exposiciones, Conti continuó diciendo que "culturalmente el galgo está instalado en la idiosincrasia, no de la Capital Federal de los porteñitos que miran mucho TN, está instalado en la cultura popular". Desde ya la chicana política no merece mucho análisis porque es un recurso corto, chiquito y sin plafón. Por otra parte, cuando se habla de "cultura" y de "cultura popular" no hay que descuidar que detrás de estas nociones hay grandes conceptualizaciones que van desde intelectuales internacionales como Edward Thompson, Stuart Hall, Antonio Gramsci, Michel de Certau hasta grandes pensadores nacionales como Beatriz Sarlo o Pablo Alabarces. Es decir, cuando se hace una exposición pública hay que estar advertido acerca de ciertas concepciones. Cuando Diana Conti menciona a la "cultura popular" en los términos que lo hizo, demuestra una profunda falta de análisis. ¿No interpreta, por ejemplo, que la cultura popular no es homogénea y que no debe generalizarse en sus significaciones y símbolos? ¿No comprende que la "cultura" a la que alude no es estática ni rígida sino que se va transformando con el paso del tiempo y que lo que antes era una cosa puede pasar luego a ser otro elemento? Por otro lado, ¿es correcto que sostenga como algo irrelevante y ya dado que el "galgo" ocupe ese lugar en la idiosincrasia de la cultura popular (reitero, esta mencionada cultura no es homogénea por lo que esta generalización de por sí no es correcta)? Muchas veces parece que nuestros legisladores no entienden el papel y el lugar que ocupan y se desenvuelven retórica y dialécticamente en el Congreso como si fuera una charla de café. El sentido común ocupa un lugar excesivo en muchas partes de la sociedad civil, debería ser una obligación para los Senadores y Diputados prepararse para ejercer una mirada analítica que les permite explayarse por fuera de éste. Votar y sancionar leyes es una tarea clave para la Argentina, y cuando se observan y escuchan exposiciones como las de Diana Conti, la preocupación se hace grande.Julián Lazo Stegeman(Clarín, Página 12, La Nación)
