Francisco I: análisis político de la designación papal
Durante esta semana ocurrió un acontecimiento sumamente trascendental para la historia de nuestro país y el mundo: el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue pronunciado como nuevo Papa y seleccionó el nombre de Francisco I. En el presente artículo intentaré brindar un análisis político acerca de lo que significa este histórico suceso, siempre tratando de ser cortés y respetando las diversas creencias de los posibles lectores de este escrito. En efecto, quiero aclarar desde ya que mi intención no es agraviar a nadie ni criticar las creencias de ninguno. Si alguien se siente ofendido, pido disculpas.En primer lugar, debemos dejar en claro que la Iglesia como institución, desde su nacimiento y especialmente en la Edad Media, fue siempre un factor de poder con pleno ejercicio de dominios territoriales y políticos. Asimismo, se fue conformando como una corporación religiosa encerrada en sí, con cierto hermetismo a los problemas reales del exterior.
Esta situación cambió cuando el Papa Juan XXIII,designado en 1958, se da cuenta que era imperioso abrir las fronteras de una Iglesia aislada, y decide convocar a un Concilio para renovarla y situarla en concordancia con lasmagnascontrariedades del mundo moderno. De esta forma, se experimenta una verdadera renovación en esta institución, que de un fuerte muro enclaustrado corporativamente y desafectado del afuera, se transforma en un lugar abierto en el que nacenenérgicas corrientes innovadoras que en América Latina se perciben como un nueva era, en donde la máxima visión eclesiástica se posiciona directamente en una parte del planeta que hacía un tiempo resultaba intrascendente y políticamente apacible (la ruptura con el peronismo había sido el último gran conflicto de la Iglesia en estos territorios).Es así que en este contexto histórico, además de la actual y favorable coyuntura internacional emergente que viven los países de Latinoamérica, resulta entendible, desde un plano de interpretación estrictamente geopolítica, la elección de Bergoglio como Pontífice. Para ilustrar aún más esta cuestión, es interesante traer a colación las palabras del periodista Gerardo Fernández: "América latina es un continente con una proyección estratégica en los próximos años y sus procesos políticos están fuertemente hegemonizados por movimientos populistas. En ese contexto no es raro que la Iglesia haya elegido a un cuadro de las características de Jorge Bergoglio, oriundo de un país importante, que sin llegar a tener el poderío de Brasil, ocupa un rol central en el tablero político continental.Si Juan Pablo II vino a operar el derrumbe del bloque socialista del este europeo, no es desatinado pensar que ahora la Iglesia necesita jugar fuerte en un continente llamado a jugar un rol destacado en los próximos años y para ello empodera a un tipo sumamente hábil como el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires.La elección del nuevo Papa es la ratificación de la importancia que la Iglesia le asigna a América latina y al proceso político argentino y el nivel de complicaciones que esto acarreará en nuestra política interna es indescifrable en estas horas.La Iglesia ha decidido jugar en el territorio del futuro y ha nominado para ello al que sin dudas es uno de sus mejores cuadros políticos". Vale aclarar, que a mi entender y en contraposición a los dichos de Fernández, Juan Pablo II no vino a "operar el derrumbe del bloque socialista del este europeo" sino que su intención fue promulgar, en esos trémulos momentos debido a la Guerra Fría, la unión y la paz en el viejo continente (obviamente, y no se puede negar, bajo los intereses clericales). Por otra parte, me permito discrepar también con el mencionado periodista sobre el hecho de que este nombramiento papal vaya a traer contingencias en nuestra política interna ya que es muy apresurado dar esta afirmación debido a que aún no se sabe qué rol tendrá el Vaticano en Argentina con este Sumo Pontífice, y si habrá repercusiones o no de los intereses eclesiásticos y cuán significativos serán. Es más, todavía resulta desconocido que postura tomará el oficialismo nacional con respecto a la relación que configurarán con la Santa Sede. Si bien es cierto que sus vínculos con Bergoglio eran tirantes cuando este era Arzobispo de Buenos Aires, su asunción como Papa cambia todo el mapa (recordemos que el kirchnerismo, descendiente político directo del peronismo, tiene la suficiente "espalda pragmática" para entablar la relación que estratégicamente le convenga en lo que respecta a la institución católica. Juan Domingo Perón fue aliado y luego rompió con la Iglesia, mostrando así fluctuaciones en las conexiones con ella). Por otra parte, es imprescindible hablar del perfil de Jorge Mario Bergoglio, ya que esto fue otro factor clave para que fuese escogido como Papa. Siempre con totalcautela y bajo perfil, Bergoglio procedió como un estratega político que analiza cada una de sus gestiones y sus tareas. Él no hace nada por impulsos y prefiere la causalidad antes que la casualidad. Todo lo estudia y lo reflexiona. Sin lugar a dudas, introducirá también esa forma de ejercer al Vaticano.Es el hombre indicado para hacerse cargo y mejorar los inconvenientes que sufre hoy la Iglesia en su conjunto. Otro dato relevante para comprender la nominación de Bergoglio como Pontífice, es que la Iglesia católica cuenta con casi 1200 millones de creyentes en todo el planeta, casi la mitad de ellos son de América Latina. Lugar del cual él proviene. Para finalizar, quiero compartir las palabras de Gabriela Cerruti (periodista, escritora, política y Diputada de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente Nuevo Encuentro) ya que me parecen muy acertadas: "hay mucha gente feliz por Bergoglio, como si hubiéramos ganado un mundial. También van a estar felices cuando Máxima sea reina, o cuando cualquier cosa coloque la argentinidad al palo. Soy parte de esa Argentina nacida sobre el mito de los más grandes del mundo, así que no me escandaliza y creo que hay que tomárselo con humor. Hay otros genuinamente contentos, porque quieren a Bergoglio, porque se sienten parte de la Iglesia. No es mi caso, soy anticlerical y creo en la separación de la Iglesia y el Estado, pero me alegro por ellos. Hay otros escandalizados como si al Papa lo hubieran elegido pensando en nuestra política doméstica y fuéramos no sólo el ombligo del mundo sino de la iglesia. Creo que están equivocados. Yo creo que pasar de Ratzinger a un papa jesuita y latinoamericano es un paso. Que Bergoglio va a hacer, genuinamente o como buen político que es, muchas cosas que se vean bien y distantes de la derecha de la iglesia. Es un peronista, formado en el manual de Conducción política. Es el primero que en la argentina juntó a judíos, musulmanes y católicos, como saben bien mis amigos Daniel Goldman y Omar Abud, que participaron. Sabe manejar los símbolos, y por eso se puso Francisco, y por eso impulsó a padres como el padre Pepe y los curas villeros. Es todo falso y puro marketing de la iglesia, puede ser. La iglesia, para mí, se mantiene hace dos mil años gracias a su marketing. Digo que una cosa es la mirada global y otra la política doméstica. Que la iglesia esté contra el aborto y el matrimonio igualitario no es una novedad, ni una exclusividad de Bergoglio. Allá ellos, y quienes crean en ellos. Me importa poco lo que diga la iglesia sobre estos temas que son del ámbito de la vida civil y no religiosa. Ya tenemos el matrimonio igualitario y seguiremos peleando por el aborto no punible. Lo de la complicidad con la dictadura es bastante más complejo. Es una denuncia, otros defensores de los DDHH como Pérez Esquivel o Alicia Oliveria dicen que no sólo no fue así sino que protegió a los jesuitas. Es un tema demasiado complejo como para tomar una postura terminante. Lo conozco bien, y de cerca, porque tengo amigos muy queridos enfrentados por ese tema. Hace muchos años ya que trato de no pelearme con la realidad, y tratar de entender por qué suceden las cosas. Saludos a todos los que hoy están felices, y paciencia a los que despotrican: no es para tanto". Más allá de estar de acuerdo o no con el matrimonio igualitario y el aborto, lo interesante a remarcar es que efectivamente son temas de la vida civil que no deberían concernirles extremadamente a los ámbitos religiosos (igual están en todo su derecho a opinar ya que forman parte de nuestra sociedad civil). En fin, yo creo que deberíamos dejar a un lado las chicanas sin sentido y comenzar a elevar la vara de discusión y debate sobre el supuesto pasado de Jorge Bergoglio, el presente de este importante suceso histórico y el posible futuro externo e interno que nos tocará experimentar a los argentinos a raíz de esta designación papal.Julián Lazo Stegeman
