Fútbol Argentino
El futbol es un fenómeno social y cultural donde se entremezclan una gran variedad de intereses, negociados de toda índole y diferentes agentes sociales. Todo esto en el marco de la industria cultural, engranaje clave del capitalismo actual. La política, obviamente, no es ajena a este juego, caracterizado, entre otras cosas, por el espectáculo y la masividad. Es más, el fútbol ( por ser un elemento popular que nos interpela desde lo masivo a partir de los grandes medios de comunicación) se ha transformado en un ámbito donde los poderes hegemónicos (sean estatales o privados) se disputan los mecanismos de construcción de sentido y los dispositivos para la construcción de poder.
En este contexto, la violencia en el espectáculo deportivo ha ido aumentando su nivel con una dinámica preocupante. No obstante, este terrible fenómeno se remonta desde mucho más atrás en el tiempo, en 1939 ocurrieron las dos primeras muerte en un partido. Los datos son alarmantes: de modo directo o indirecto, la violencia en este deporte se ha llevado la vida de más de 270 personas hasta la fecha. En el fútbol argentino, se generó un círculo vicioso de violencia que se volvió arrollador, dado que hay una cultura argentina que sobrepasa, inclusive, al fútbol debido al uso de la fuerza a través de sectores que están justamente enquistados dentro de las barrabravas. Con respecto a estos últimos, su génesis se remonta primeramente a la figura del hincha fiel en el entorno de dirigentes, técnicos y jugadores que, tarde o temprano, parecían traicionar a las instituciones que apoyaban. Constituidos en el último bastión de lealtad, cambiaron por el negocio ellos también. Es decir que suplantaron el aliento por el dinero. Enmarcados en la lógica de "si todos ganan algo, nosotros también". Por ejemplo, ganar en la reventa de entradas, en la explotación de los estacionamientos aledaños a la cancha, en las transferencias de jugadores y hasta en los viajes al Mundial (como ocurrió, a modo de ilustración, en la Copa del Mundo en Sudáfrica con la asociación de barras llamada Hinchadas Unidas Argentina o los últimos episodios en estos días de "Bebote" Álvarez, líder de la barra de Independiente). Para ser líderes y negociar ante el club ganaron su espacio y lo siguen ganando en disputas internas que se terminan, inclusive, por medio de armas de fuego. Asimismo, está cada vez más claro que los barrabravas no están solos en estas cuestiones y que gozan de un apoyo promulgado desde los más altos estratos del poder. No sólo dentro de los distintos clubes sino, además, a nivel AFA y en los sectores estatales. Todo esto se recrudeció cuando la Asociación del Fútbol Argentino y el Kirchnerismo se aliaron para efectuar el "Fútbol Para todos". Muchos sostuvieron que esto no sólo solventaría las crisis económicas de los clubes sino que también ería una solución a los episodios de violencia. Sin embargo, lo que sucedió no fue lo anticipado. Es muy cierto que para detener la violencia en el fútbol se necesita una legislación y soporte común de absolutamente todos los clubes, gremios de jugadores y técnicos, apoyo político firme y ninguna complicidad de la policía y de las cúpulas gubernamentales (muchos dirigentes los amparan, mientras que ciertos políticos y sindicalistas los utilizan como batallón de choque- se sabe que durante los incidentes que finalizaron con la muerte de Mariano Ferreyra había barras ligados al sindicato de José Pedrazza) . Una normativa de sanciones claras a quien rompa con la ley. La violencia en el fútbol es un tema tan complejo que escapa a la obtención o no del Mundial. Nada se va a solucionar si no hay una profunda transformación en distintos aspectos de nuestro país. Se requieren reformas urgentes en los estadios, en las instituciones como la AFA y en el control del dinero que se produce por medio de este deporte. Por otra parte, los medios tienen su responsabilidad ya que muchas veces sueñen crear una espectacularización de la violencia. En fin, ganar la Copa del Mundo significará una gran y merecida distinción a un fútbol lleno de historia y talento. No obstante, luego del Mundial se requerirá una connotación colectiva del "nosotros" para que el fútbol argentina se pueda recomponer desde su interior.Julián Lazo Stegeman
