La corrupción y el conflicto social
Si allí donde hay vida hay conflicto, si toda sociedad humana conocida destaca sus formas de conflicto social, la política es por definición siempre conflictiva: interrelaciona a sus actores en función de un bien siempre escaso, el poder, sea para conquistarlo para permanecer en él o para influirlo. En este contexto debemos entender al panorama político como un enfrentamiento constante entre los distintos bloques de poder. Es decir que el Estado no es el organismo que ostenta todo el poderío para hacer y deshacer en un país sino que compite continuamente con distintos bloques de índoles varias.
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Como ciudadanos particulares no tenemos las herramientas necesarias para disputar y preservarnos en esta conflictividad, entonces debemos recurrir al mencionado Estado como eje de protección y representación. Por lo tanto, ¿qué sucede cuando los cimientos estatales que supuestamente deben auxiliarnos se encuentran sumergidos en aguas degradantes tale como la corrupción? La respuesta a mi entender es clara, nos sentimos traicionados y derrotados. Las consecuencias de estas circunstancias son muy complejas. No sólo por el hecho de que se empieza a percibir que la política deja de ser una herramienta transformadora para convertirse en un negocio para pocos sino que también vemos como el Estado comienza a desguarnecerse para desprotegernos ante los embates de los demás poderes que poco tienen que ver con el bienestar social y el derecho de los ciudadanos. Cuando Jaime, Báez y López (entre otros) roban no sólo están apropiándose de las arcas públicas que no les pertenecen, además están poniendo en crisis todo un sistema político que existe para proteger a la ciudadanía en la conflictividad que de la cual hablé en el primer párrafo. Sus desdeñables acciones matan a la política, al Estado y sin lugar a dudas a la República también. Una vez que el Estado cede terreno en el conflicto político, es difícil volverlo a recuperar. Y cuando la ciudadanía a la que debiese defender empieza a darle la espalda, la situación se vuelve aún más complicada. La década de 1990 con la consiguiente explosión social del 2001 es un ejemplo de ésto. Facundo Manes dice que "la corrupción está en todos lados, en todos los países, eso lo sabemos. La diferencia es que si uno mira el largo plazo descubre que la corrupción impide que un chico coma, o que un hospital tenga insumos". Precisamente es en este punto donde quiero detenerme ¿de que sirve el Estado con políticos corruptos si en vez de cuidar a los ciudadanos en el conflicto son ellos mismos los que se encargan de robar y sacarle la comida a los chicos o los mencionados insumos a los hospitales? Cada paso que estos ladrones dan en materia corrupción es un paso menos para el ya expresado Estado y para la relación entre la clase política y sus representados. En fin, si al conflicto social inherente a todas las sociedades se le aportan acciones negativas por parte de los que deben disputar el poder en pos de los ciudadanos, sólo conseguimos un régimen de Gobierno que atenta continuamente contra el Estado, al cual debemos cuidar fuertemente.Julián Lazo Stegeman
