La democracia y sus deudas
La desaparición de Santiago Maldonado es un lamentable indicativo más de las constantes deudas de la democracia. Desde 1983 hasta la actualidad, el número de desaparecidos nunca decayó, y si bien los casos más conocidos son los de Luciano arruga (al haber estado desaparecido durante más de cinco años) o el de Julio López (desaparecido el 18 de septiembre de 2006 sin conocerse hasta ahora ninguna noticia acerca de su paradero), lo cierto es que han habido más situaciones de esta índole que no han llegado a trascender en la agenda pública nacional.
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"De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando" dijo en el pasado Winston Churchill. De todas formas, pareciera ser que en nuestro país existe el empeño en profundizar los defectos del "menos malo" (Churchill, otra vez) de todos los sistemas de organización político-social existentes. En este sentido, cuando me refiero en el primer párrafo a "las constantes deudas de la democracia", no es mi intención responsabilizar únicamente a los gobiernos de turno ya que ellos son, ni más ni menos, la administración del aparato estatal. Sin embargo, el Estado propiamente dicho en todo su conjunto somos, valga la redundancia, todos, desde los sucesivos presidentes que han ido ocupando sus cargos desde el fin de la dictadura cívico-militar comenzada en 1976 hasta cada uno de nosotros, los ciudadanos. Es en esta noción colectiva de Estado donde debemos reflexionar y hacernos cargo de que la democracia siga adeudando diversas cuestiones. Es en el seno de la ciudadanía donde debemos replantearnos cómo toleramos que sigan habiendo desaparecidos, cómo hacemos vista omisa ante la violencia como medio político, cómo aceptamos la represión disfrazada de instrumento de gobierno, cómo podemos creer que la ya expresada violencia es la solución a algo. Y en este punto es donde las responsabilidades le caben de lleno a las administraciones estatales, ellas habilitaron los espirales de violencia desde sus ineficiencias.Si desde 1983 hasta acá las pujas de poder no hubieran superado los deseos de mejorar la realidad de las personas, la democracia no estaría experimentando las constantes vejaciones que vive. Desde ese año hasta el momento han pasado oficialismos de diferentes signos políticos, si bien algunos tuvieron sus cosas aceptables, ninguno supo finalizar con soluciones de fondo los problemas trascendentales de la Argentina. Precisamente es en esta parte de la ecuación donde se comprende, lamentablemente, que la inseguridad, el delito, los desaparecidos, la represión y los demás síntomas de la violencia, estén tan arraigados en nuestro territorio. El sistema político de la Argentina sufre día a día continuas deslegitimaciones, lo acontecido con Maldonado viene a profundizar las heridas de la mencionada legitimidad. Tanto los políticos como nosotros, los ciudadanos, somos responsables de estas situaciones. Es tiempo de decir basta a la represión y a la utilización de las fuerzas de seguridad para fines políticos arraigados en la violencia. No se puede tolerar esto. Parece increíble que a esta altura histórica de nuestro país estemos hablando de desaparecidos. Con todo lo triste que hemos vivido como nación, pareciera ser que no hemos aprendido nada. La inseguridad está a la orden del día en las calles, claramente, por las evidencias que nos otorga la historia, la violencia no es la solución y no debería formar parte de ningún proyecto de gobierno.Julián Lazo Stegeman
